MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

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TheOneWhoDoesntDream
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mar 12 Nov 2013 19:39

Si, yo espero que todo se arregle porque sinceramente todo lo que ha pasado es culpa de las dos, ¿Hora de la paz? mmm ¿Quién empieza?, pero primero a esperar que Yulia se recupere. jaja el crayón quedó por la mitad, no tardaste tanto, ahora..¡No tardes!
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Pocholera
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Pocholera » Mar 12 Nov 2013 21:26

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Yarina
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Mar 12 Nov 2013 22:58

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Mié 13 Nov 2013 10:00

No es que hayas sido obvia, es que cualquiera en su posición hubiese hecho lo mismo. Jajajajajaja me gustó esa frase que le has dicho a tu amiga. Espero que este acercamiento permita que se vayan limando las asperezas entre Niko y Lena. Continúa :)
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Demian Stark
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Vie 22 Nov 2013 12:44

Demian vuelve hasta nuevo aviso, oséase, hasta que tenga capi nuevo. Me he propuesto terminar esta historia, y aunque sea a trancas y barrancas, a dios pongo por testigo que lo haré. Ayer me fui por ahí y me dio una iluminación (bueno... y las manos congeladas) y ya veo el fin. No os asustéis, que aún queda. Bastante. Pero ya vislumbro el fin. El porqué.

TheOneWhoDoesntDream: ¿Hacer las paces? Bueno, lee y verás.

DerujKum: Eres práctica, lo veo. Bueno, creo que yo también lo habría hecho; aunque odies con toda tu alma a alguien, peor sería tener su muerte en tu conciencia. Limar asperezas... ¿quién sabe? A lo mejor sí o a lo mejor no.

lovelykatina: Vale, Lena pa ti. Pero a veces creo que no. Porque se caerá en un charco de tus babas, que te veo.

CAPÍTULO 28


“Nunca me gustaron demasiado los hospitales. Perdí a demasiados familiares entre esas cuatro paredes blancas, en esas estrechas e incómodas camas, entre esos doseles que apenas te dan intimidad. Sin embargo, aquí me encontraba, buscando la habitación 256 junto a Nikolai, donde habían subido a Yulia después de que le diesen el alta en la UCI.

El silencio nos acompañó durante el trayecto. Ni radio, ni música. Ni tan siquiera el ruido del tráfico logró romperlo. Era como una burbuja, que quizá, sólo quizá, se rompería en esa habitación. De camino a la segunda planta, varias personas se nos unieron. Personas desconocidas, con el mismo destino que nosotros: visitar a un familiar, a un ser querido, que por azares del destino se encontraba recluido en una cama de hospital.

Varios pasos más, y ya no encontrábamos frente a la puerta de la habitación. Sentí que todo ese impulso que te motiva a moverte, esas ansias de saber cómo está, ese cosquilleo de la duda, se desvaneció en el momento en que Nikolai giró el picaporte y la puerta se abrió. ¿Conocéis esa sensación de aislamiento, como si te hubieran exprimido todo el oxígeno que corre por tus venas? No ves nada, no oyes nada. Respiras, pero eres incapaz de distinguir olor alguno. La lengua la sientes seca, e incluso tus manos se vuelven ásperas y frías. Así, así me encontraba yo.

Y sentí que alguien me ponía la mano en la parte baja de la espalda, una mano grande y cálida, que me invitaba a caminar. Levemente desperté de mi letargo, y acompañada por Nikolai, entré en la habitación.

Lo que vi me partió el alma. A pesar de estar despierta, con una jovial y feliz sonrisa en su rostro, de estar leyendo algo que tenía entre las manos, el hecho de verla en la cama, con el fino pijama y las sábanas, y varios tubos pendiendo de su cuerpo, fue demasiado para mí. Di un par de pasos, y la cabeza morena de Yulia se levantó y sus ojos azules nos miraron. De nuevo, no supe cómo interpretar esa mirada. Era algo nuevo, como si la hubieran apagado y la hubieran reiniciado. No había rencor, ni odio. Pero tampoco felicidad ni alegría. Era algo neutro, de complacencia y compromiso. Había otra cama ocupada en la habitación, un hombre joven acompañado de un adolescente y una mujer mayor. El chico se parecía a él, quizá fueran hermanos. Los tres hablaban, pero justo en el momento en que Azarov y yo entramos, enmudecieron. Nos miraban mientras atravesamos la habitación, y poco después de la sorpresa, volvieron a charlar entre sí, olvidándose de nuestra presencia.

Yo me miraba los pies, las baldosas que intentaban e manera tosca imitar el parqué. Me parecía la cosa más interesante del mundo. Los nervios me carcomían, no sabía qué decir, ni cómo actuar. ¿Qué le diría? “Hola, Yulia. Me alegro de que estés bien. Bueno, ya te he visto, me voy”. No, eso era demasiado brusco.

-Hola, Lena –escuché. Vaya, ella me había ahorrado el trabajo de tener que presentarme. Con toda mi fuerza de voluntad, alcé la cabeza y me atreví a mirarla, otra vez. Durante unos segundos, ninguno habló. Me limité a observarla, a memorizar cada detalle de ella. Estaba pálida, enfermizamente pálida. Y delgada. Una sonda salía de su antebrazo derecho y conectaba con el bote de suero de la percha que tenía sobre el cabecero de la cama. Tenía varios vendajes, quizá de quemaduras que la nieve le había hecho mientras esperábamos la ambulancia-. Me alegra volver a verte-. Y su voz, que siempre había sido tan clara, como la de los pájaros al llegar la primavera, era pastosa, como si le costase hablar. Como si estuviera ronca y aún no se hubiera recuperado del todo.

-A mí también –“y no sabes cuánto”, pero me contuve. Nikolai, sin hacer apenas ruido, se acercó a su hermana y le dio un corto beso en la frente. Sonrió de manera triste, y ella también, y salió de la habitación-. ¿Cómo…cómo te encuentras? –atiné a preguntar.

Yulia sonrió de medio lado, como ida. Como si no supiese cómo responder. Me sentía como en un reinicio, ya lo dije. Alargó la mano, las dos, buscando la mía, y la acarició, como si tuviera que cerciorarse de que yo estaba allí. Di un paso hacia ella, echándome casi sobre la cama, y con el brazo libre la abracé. Pasé el brazo por detrás de su cuello, enredando mi mano en su cabello corto, despeinado como siempre. Yulia apoyó su cabeza en mi hombro, y sentí sus fríos labios sobre mi cuello. Una leve caricia, un corto beso. Una señal.

Y al instante, lloré. Lloré como siempre, con un dolor de alivio y sin carga, de conocimiento y libertad. De saberte libre del yugo que te atosiga, de un largo castigo que por fin ha terminado.

-Te he echado de menos –se sinceró, susurrando en mi oído-. Desde el primer día en que nos separamos, te he echado de menos. Casi he tenido que morir de frío para darme cuenta de lo equivocada que estaba, para dejar atrás el orgullo y perdonarte abiertamente.

Sus manos abandonaron la mía y se posaron en mi rostro. Estaban tan frías, que daba la sensación de que Yulia era una muñequita de cristal; una princesa de hielo que poco a poco se van fundiendo, y deja ver que bajo esa capa de fría escarcha, existe alguien que está realmente vivo, que emite calor, que siente. Sus pulgares se posaron bajo mis ojos, eliminando todo rastro de lágrimas. Se puso de rodillas sobre el colchón, alzándose y acercándome a ella.

-No te merezco, Yulia –tartamudeé, lo que el hipo del llanto me permitía-. Lo que te hice aquel día, no tiene perdón. Te hice daño, y no…

-Shhh… calla –me cortó, mirándome fijamente. Veía dolor en sus ojos, dos océanos de zafiro líquido-. Deja de remover el pasado, deja de hacerte daño… ¿Estamos aquí, no? Lena… -susurró, con voz tenue.

-¿Qué? –pregunté, con una tímida sonrisa, provocada por el gracioso gesto que ella tenía en ese momento-. Deja de hacer eso –la amonesté.

-No quiero. Te hice reír –se llevó una mano al pelo, removiéndolo y mirándome nerviosa-. Estás más guapa cuando sonríes.

El tiempo pasó volando. Quizá una hora, o dos. Nikolai entró por la puerta, su semblante era mucho más relajado que cuando llegamos. Una tímida sonrisa adornaba su cara, sus ojos brillaban de alegría. Traía algo entre las manos, envuelto en papel de regalo.

-Hola, hermanita –saludó, y le tendió la caja-. Ten, lo compré abajo para ti –Yulia, como si de una niña pequeña se tratase, una niña impaciente y curiosa, rompió el envoltorio con dibujitos de Hello Kitty, y dejando ver un pequeño libro de aspecto antiguo, forrado en una especie de piel tosca y de tono rojizo, de papel parecido al pergamino y una pequeña guita para mantenerlo cerrado. La morena lo abrió, dejando ver páginas en blanco, inmaculadas-. Es un diario. Dijiste que perdiste el tuyo y bueno… me he tomado la libertad de regalarte éste –explicó el rubio, un poco sonrojado.

-¡Me encanta! –chilló la ojiazul, moviéndose sobre el colchón, abalanzándose sobre su hermano-. Pero… ¿cómo voy a escribir? Vale que a veces sea un poco sádica, pero aún no me veo cortándome el dedo y escribiendo con sangre… -bromeó.

-Ejem –carraspeó el rubio, y me miró-. ¿Lena? ¿No tenías nada que decir?

Y lo comprendí de inmediato. Rebusqué entre mis bolsillos, haciendo como si no supiera donde está, para que la sorpresa fuera mayor; aunque era cierto que no tenía ni idea de dónde podría estar ese supuesto regalo. Al final, lo encontré en la hebilla trasera del pantalón, justo aquella que está en medio de la espalda. Se lo acerqué a Yulia, y como niña pequeña, lo abrió.

Era una pluma estilográfica, de madera y metal, con el nombre de Yulia escrito en ella. Al instante, abrió el diario de piel y garabateó algo en la primera hoja, su nombre quizás, pues no presté atención. Yo sólo la miraba a ella, en cómo rebosaba felicidad como hacía tiempo que no lo hacía, en cómo había recuperado la ilusión por tenerme a su lado.

Nikolai miró la hora, ya era casi de noche. Me instó a irnos, pero yo le pedí un par de minutos más. El asintió y salió de la habitación.

-No la habías encargado tú, ¿verdad? –advirtió Yulia, todavía maravillada por la belleza de la pluma.

-No –admití, avergonzada-. Estaba tan impresionada como tú; en realidad es preciosa –dije admirándola.

-Bueno… depende de con qué la compares –me la arrebató de las manos, y la guardó en el pequeño mueble del que disponía-. Porque… si se compara contigo…

-¿Qué?

-Es que nada puede compararse contigo. Eres perfecta –sonreí, y después de tanto tiempo, tantas noches en vela y una eternidad a oscuras, una pequeña llamita iluminó mi corazón, una llamita que se acercaba y pedía paso para instalarse en mi interior. Y yo no era nada para negarle nada a ese precioso sentimiento llamado amor correspondido.
"La melancolía es un licor muy caro al que muy pocos saben sacarle provecho"

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Vie 22 Nov 2013 15:51

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Vie 22 Nov 2013 19:23

Algo es algo, al menos Yulia se dio cuenta de que su orgullo se estaba apoderando completamente de ella y Lena...bueno siendo Lena. Nada mejor que el amor correspondido. Buen capitulo.
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Mensaje por Pocholera » Vie 22 Nov 2013 23:31

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mié 27 Nov 2013 11:27

Bueno, aquí estamos otra vez. La verdad, siento este capítulo un poco piltrafa, no me convence. Pero tampoco tenía otras ideas. Esto de tener tantos frentes abiertos, de desarrollos tan dispares (tengo fics que mezclan star wars con los juegos del hambre) me queman un poco. Además de que ando un poco desanimadilla por culpa del colegio, he pegado un bajón importante y tengo que recueperarme. De todas maneras, espero que os guste el capítulo.

lovelykatina: Haz lo que quieras. Éstas dos son bipolares porque salen de mi mente, y como mi mente es bipolar, he aquí el resultado. No, lo que pasa es que llevo demasiado tiempo con esta historia, y ya no sé qué hacer con estas dos criaturas. No mates a Lena, que si no te lapido.

TheOneWhoDoesntDream: El odio no lleva a ningún lado, excepto a destruirte por dentro. Yulia supo verlo... y bueno, Lena está ahí. Bipolar, pero está ahí.


CAPÍTULO 29

“El invierno llegó duramente a San Petersburgo. Días fríos y paisajes escondidos bajo la blanca nieve; noches calentitas y arrumacos entre los brazos de Yulia.

-Ojalá pudiera parar el tiempo, aquí, ahora… -susurré, acariciando suavemente la mejilla de Yulia, quien dormía plácidamente-… y tenerte para siempre entre mis brazos; sin peleas, sin broncas, sin castigos. Sólo tú y yo.

No pude resistirme, y le di un corto beso en sus labios. Al instante éstos empezaron a moverse, esbozando una sonrisa que terminó en carcajada por parte de la morena.

-Hay que ver lo ñoña que te pones cuando quieres, Katina –se burló, golpeándome con un dedo en mitad de la frente.

-¿Qué? ¡Creí que dormías! –me defendí.

Yulia hizo un gesto raro, de ésos que haces cuando no estás conforme con algo, y se removió. Con un giro rápido, se subió encima de mí y me aprisionó la cabeza entre sus brazos, descendiendo lentamente hasta chocar su frente con la mía. Esas orbes azules, que durante tanto tiempo me odiaron, que me dedicaron miradas de gélido odio, ahora me lanzaban llamaradas de un cálido aprecio.

-Te sorprendería las cosas que la gente es capaz de hacer cuando creen que no las están mirando –respondió, haciendo un gracioso gesto-. Me encanta escucharte reír.

-Será porque tú me inspiras.

-Sí, puede ser –se jactó-. Bueno… ¿y ahora qué hacemos?

-No sé. Ya sabes que yo desconecto de la realidad a partir de cierta hora –ronroneé. Ella se removió, buscando la hora en la pantalla del móvil.

-Umm… qué insulsa eres, pelirroja –para entonces, sus manos habían abandonado su posición, habían dejado de ser una apetecible cárcel en la que no me importaría cumplir tropecientas cadenas perpetuas, y emprendieron un camino a través de mi cuerpo-. A veces hay que dártelo todo hecho…

-Es que a veces me vuelves id…-no me dejó terminar de insultarla, sus labios aprisionaron los míos y su lengua inundó mi boca, con un ansia y una desesperación que hacía mucho que eché en falta.

-Tú siempre eres idiota –me regañó, obligándome a levantarme y a quitarme la camiseta-. Pero me da igual, eres mi idiota.


Cuando me desperté por la mañana, unos finos brazos me apretujaban la cadera, me atraían con fiereza al tibio cuerpo de su dueña. Sentía la suave y calmada respiración de Yulia en mi nuca, y unos leves ronquidos y gruñidos. Sentí una enorme curiosidad por verla dormir; ella siempre me hacía monerías y era hora de hacérselo pagar. Así que con sumo cuidado me di la vuelta, hasta quedar cara a cara con ella.

Justo en ese momento, una fuerte patada me dio de lleno en la espinilla, y un gemido de dolor murió en mi garganta. Suspiré e intenté calmarme. A veces, Yulia podía ser un demonio, Lucifer en persona; pero su reino era de hielo, no de fuego.

Recordé entonces que ese día era el último que estaríamos juntas. Yulia se marchaba esa misma tarde a Moscú, al conservatorio Tchaickovsky, para comenzar las clases el próximo lunes. Me daba pena, me dolía incluso, el tener que separarme de ella ahora que la tenía conmigo. Pero era una oportunidad que no podía desaprovechar, y tenía talento, un enorme talento que cautivó al director de la institución y le ofreció entrar incluso ya muy avanzado el trimestre.

-Mhmmhmh… -ronroneó, al tiempo que abría los ojos-. Buenos… días –saludó.

-Venga, arriba, levántate –le dije, tirando de ella hacia fuera de la cama. Yulia se zafó de mí y se arremolinó entre las sábanas-. No me des motivos para secuestrarte, lobita.

-No me importa –respondió, y se volvió a posicionar en medio del colchón.

No me dejó otra opción. Cogí un vaso, fui al baño y lo llené de agua helada. Me acerqué al borde de la cama, retiré las sábanas de la cabeza de Yulia y le vertí su contenido por toda su cara.

-¡LENA! –gritó, levantándose de golpe.

-Venga, arriba –retiré las sábanas, dejando ver a una recién espabilada Yulia con una camiseta de ositos y un pantaloncito corto de rayas-. Es una orden.

-A veces te odio, Lena –se quejó.

A partir de entonces, todo pasó muy rápido. La maleta, las despedidas, la última bronca, la última reconciliación. En la estación, Nikolai nos llevó, y tras despedirse de su hermana, nos dejó unos momentos a solas.

-Pórtate bien, y estudia –le decía. A veces me sacaba el lado más maternal-. Y no te metas en peleas, y no…

-Que sí, tonta, que sí. Que me portaré bien –aseguró. Me levantó el gorro que llevaba, y me dio un beso en la frente-. Que me voy a un conservatorio, no a la guerra.

-Idiota –le susurré, mientras la abrazaba. El revisor estaba haciendo la última llamada a los pasajeros, unas cuantas personas subían a los vagones-. Te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti –me apretujó fuerte, muy fuerte contra ella y me besó como si le fuera la vida en ello. En una última mirada, pude ver la llama de deseo que escondía tras una capa de hielo.

De vuelta al internado, Nikolai y yo guardamos silencio. No había necesidad de palabras, ni el silencio era incómodo. Simplemente, cada uno vivía en su palacio de la memoria. Los caminos estaban llenos de nieve, muy poca gente se atrevía a pisar la calle con el particular frío de enero. Sin embargo, reconocí a una fibrosa figura en el patio delantero del internado, con una camiseta térmica, pantalón corto y deportes.

-¿Pero tú eres tonto? –le grité, al bajarme del todoterreno y al acercarme a él-. ¿Qué haces así?

-¡Hola, Lena! –saludó, haciendo varios abdominales, de esos que te agachas, doblando las rodillas con la espalda recta-. ¿Te despediste de Yulia?

-Sí –asentí, triste. Joder, ni dos horas y ya quería que volviera-. ¿Y ahora vas a decirme que demonios haces así, con el frío?

-Pues correr –respondió, y se quedó tan campante-. Me gusta correr con el frío, de hecho, llevo haciéndolo desde que empezó el curso. Pero claro, como la señorita no sale de su habitación… -añadió con rintintín.

-Hazme un favor y vete un poco a la mierda, anda –y le empujé, tirándolo sobre un montón de nieve.

-¡Está fría, Lena!

-¡Pues te aguantas, por listo!

Subí a mi habitación y me cambié. Me quité el chaquetón y me puse una chaqueta de cuero, y cogí los patines de hielo. Llamé a Natasha, y juntas bajamos al lago. Pasamos la tarde patinando, a veces discutiendo y jugando con la nieve. Tenía la sensación de la búsqueda de cansancio, aquella que sientes cuando te llevas todo el día sin parar, buscando que, cuando te metas en la cama, te duermas sin dar vueltas en la cama y no eches en falta un cuerpo cálido al que abrazar.

Eché mucho de menos la presencia de Yulia en mi vida. Aunque a veces parecía como si no estuviera, porque se quedaba callada y quietecita en un rincón, estaba ahí, ocupando un sitio. Pero ya no. Su pupitre estaba vacío, y Natasha ocupó su lugar. Ella y Dima intentaban animarme, que estuviese ocupada, pero ellos no podían estar conmigo las 24 horas de día. Al llegar la noche, cuando cada uno estaba en su habitación, aparecía la añoranza. Sí, hablaba con Yulia casi a diario, pero no era suficiente. Ella no estaba aquí conmigo. Echaba de menos enredar mis manos en su pelo y despeinarla; echaba de menos abrazarla, pasear mis manos por su cuerpo, contar los lunares de su espalda; echaba de menos su calor, sus manos y su boca inquita; su voz, su risa, sus pucheros y sus quejas. Simplemente, me faltaba ella.

Enero pasó, y el frío persistía. Esa mañana me levanté, con un mal presentimiento en la cabeza. Ya la noche anterior sentí cómo algo malo conocido se acercaba, me sentía como si de un jedi se tratase. “Siento una perturbación en la Fuerza”, dije en mi fuero interno.

Al salir de la habitación, fui a la cafetería, a por el necesario café para lograr despertarme y poder aguantar las tediosas clases de Historia de Rusia de Brezhnev. Estaba en la cola, cuando la sensación aumentó. Al volverme para sentarme en la mesa del fondo, que habíamos proclamado como “nuestra” mesa, lo vi. Entrando por el pasillo, con su pose soberbia y fría, calculadora y amenazante, estaba el chico rubio que tantos problemas me causó. LE causó.

Entrando en la cafetería, estaba Viktor Azarov.
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mié 27 Nov 2013 13:16

Viktor, ya comenzaba a extrañarlo...no, mentira. Por qué tu nickname desde que lo vi me pareció algo conocido, ¿de dónde proviene? ¿lo inventaste?
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Zurc » Mié 27 Nov 2013 22:01

Y todo iba "bien" hasta que Viktor apareció, ojala no cause tantos problemas.
Continua
Te Quiero Apasionadamente... Y Te Quiero Apaciblemente... Puede Que El Amor Eterno Sea Eso, Esta Mezcla De Paz Y Fuego.

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Mensaje por Yarina » Mié 27 Nov 2013 23:31

Fuck!!!!!!!!!!!!!!!!11 contiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii-1!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Pocholera » Vie 29 Nov 2013 10:27

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Mensaje por chiky » Vie 29 Nov 2013 12:09

continuacion por favor!

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Mensaje por DerujKum » Mié 04 Dic 2013 16:10

Ay ay ay, esto no me gusta para nada. Continúa :)
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Ekaryl » Dom 22 Dic 2013 23:42

MUY BUENA HISTORIA!!! ME MUERO POR SABER QUE SIGUE AHORA Y QUE PASO ENTRE LENA Y JULIA POR DIOS!!! CONTIII

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Demian Stark
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mar 24 Dic 2013 06:46

Venga, Demian va a portarse bien porque hoy es nochebuena. Y subirá capi que terminó anoche a duras penas. Porque ya no sé qué poner para sacar adelante esta historia. Estoy pensando en venderla o algo, y que alguien la termine por mí. ¿Algún voluntario? (y no es coña)

lovelykatina: yo paso ya de responderte. Ni me acuerdo de lo que puse.

TheOneWhoDoesntDream: ¿Extrañabas a Viktor? ¡Yo también! Por eso lo puse.

Zurc: Viktor es el hijoputa oficial. Tenía que volver.

DerujKum: A mí menos, que no tengo ideas.

Ekaryl: ¡Gracias! Pero ando más perdía que un tributo en un baño de sangre.

CAPÍTULO 30

“Sentí mi corazón empequeñecerse, el oxígeno a mi alrededor se extinguió. Tener que volver a tenerlo cerca, causaba una sensación de vacío en mi pecho. Como si me hubieran arrancado el corazón y yo aún siguiera viva, de forma automática, ausente.

Oía que me llamaban, que reclamaban mi atención. Alguien me zarandeaba, me obligaba a despertar. Parpadeé, moviendo la cabeza de un lado a otro, y desperté.

-Lena, Lena, despierta, Lena –mascullaba Dima, el castaño estaba justo enfrente de mí-. ¿Estás bien? ¿Quieres que nos vayamos?

-Sí… vámonos –sabía que no soportaría estar en la misma habitación que Viktor más allá de lo necesario. Su sola presencia cargaba el ambiente, lo convertía en una clase enfrentada, como el bolchevique y su superior, como en mi sueño.

Le dediqué una última mirada al rubio. Llevaba el pelo mucho más corto, rapado como los militares. Una fina perilla le rodeaba los labios, que los mantenía en una mueca macabra. Estaba más moreno, y doble. Tenía una cicatriz en la ceja derecha, un corte hacia abajo, pero que no llegaba al ojo. Vestía oscuro, una camisa roja granate abotonada hasta arriba, de manga larga; y unos vaqueros negros, igual que sus botas. En mi escrutinio, sus ojos se cruzaron con los míos, y como si fuera una burla, me guiñó un ojo y lanzó un beso al aire.

-¿Estás bien? –me volvió a preguntar Dima, cuando ya íbamos por el pasillo. Caminaba muy pegado a mí, sosteniéndome, como si temiera que fuera a romperme si me soltaba. Asentí, con un hilillo de voz-. Ven, vamos a clase.

Apenas había tres alumnos cuando llegamos. El castaño se sentó a mi lado y empezó a hablarme, temas banales y sin sentido, pero yo era incapaz de oírle. Tenía la cabeza en otra parte, ni tan siquiera Natasha fue capaz de despertarme.

Pasaron las clases, atendí como buenamente pude, pero incluso los profesores se dieron cuenta de lo perdida que estaba. Mi mente se recreaba una y otra vez en ese momento, esos segundos en que la mirada de Viktor coincidió con la mía. Cómo se burlaba de mí, sin que nadie, de las decenas de gente que allí había, pudiera notarlo.

Pasaron días sin que volviera a verle, y en mi cabeza se instaló la idea de que sólo fue un mal sueño, una pesadilla. Como mucho, una alucinación. Porque nadie hablaba de él, nadie le temía, nadie decía nada.

Una mañana iba hacia la biblioteca, tenía que hacer un trabajo de Historia, y al muy simplón de Brezhnev sólo se le ocurrió que el trabajo debía ser escrito ¡a mano!, y un mínimo de 10 folios. Para que no copiáramos, decía. Por suerte, la Historia me gustaba. Me parecía fascinante, así que pude aligerar un poco la carga. Rebusqué en los estantes, y cuando ya tenía una pila de libros para mí sola, me senté en la mesa del fondo, y empecé con el trabajo.

Tenía los auriculares puestos, oía (a un volumen muy bajo) la discografía completa de Queen, así que no supe que alguien más entró en la biblioteca hasta que puso sus libros frente a mí, y movió ruidosamente su silla. Estaba toda la biblioteca libre, ¿por qué tiene que venir a sentarse justo enfrente de mí? Entonces alcé la vista, y lo reconocí de inmediato. Viktor Azarov me miraba sonriente, pero su risa era de todo menos de pura diversión. Sentí que se me helaba la sangre, como siempre, y quise escapar; pero mi cuerpo no me respondía.

-Buenos días, Katina –me saludó, cordialmente. Apenas había emoción en su voz, como si fuese una grabación, algo automático-. La última vez que nos vimos no me porté muy bien contigo, y me gustaría pedirte disculpas. Ya lo hice con el resto de los alumnos, pero tú mereces un trato especial.

-¿Y por qué, si puede saberse? –inquirí. No me fiaba un pelo de él.

-Bueno… juré matarte si te veía –vaya, sí se acordaba de sus amenazas. Respiró hondo un par de veces, y jugueteó con sus dedos durante unos segundos-. Pero he cambiado, en serio. El lugar donde he estado estos dos años me ha obligado a hacerlo. Allí o te comportabas bien, o te convertías en un despojo. Y créeme, que al principio me resistí, pero luego fui comprendiendo que, con odio, amenazas y peleas no se va a ninguna parte, excepto a tu propia destrucción.

Una parte de mí quería creerle. En las casi… cuatro semanas que llevaba aquí, no había creado ningún tipo de escándalo. Como si no existiera. Y aunque conservase su pose intimidatoria, ya no se te lanzaba al cuello cuando te veía. Una parte de mí quería darle una segunda oportunidad; eso sí, que no se me acercase.

Pero por otra, no le creía ni lo más mínimo. Cualquiera con un poco de esfuerzo puede convertirse en un gran orador y obligarte a que hagas cosas que él quiere que hagas, te convence de tal manera que olvidas totalmente su pasado.

-Está bien, te creo –asentí-. Pero no se te ocurra acercarte a mí. Todavía no me fío completamente de ti –recogí los libros y los metí en la mochila, y salí de la biblioteca.

Necesitaba aire puro, estar en la misma estancia que Azarov demasiado tiempo te hacía respirar algo tóxico. Al rato, fui corriendo hasta mi habitación, y me encerré allí. Estaba sola; Natasha seguramente estaría con Dima por ahí, como siempre. Aish, que mala idea tener a una parejita como mejores amigos.

Intenté seguir con el trabajo de Historia, pero era incapaz de concentrarme. La voz de Viktor me martilleaba la cabeza, y tenía su mirada azul grabada en la retina. Cerré con furia los libros, cogí la chaqueta y salí afuera. Subí a la azotea, busqué con el pie la loseta que servía como escondite. Allí tenía una libreta que me servía para apuntar diversas cosas, notas que luego utilizaba a la hora de escribir. Unos intentos de bocetos hechos a tinta para darle forma a mis criaturas, a los personajes, a los lugares.

Me pasé la tarde escribiendo, pero no estaba muy atenta a lo que garabateaba. Me era imposible concentrarme, era como si estuviese en shock. Cuando se hizo de noche, que casi no me di cuenta, excepto por la falta de luz y el frío que me recorría cada poro de la piel, decidí bajar. En la habitación, calentita y con la luz encendida, estaba Natasha.

-¿Dónde te metes tanto? –inquirió, levantándose de la cama y viniendo hacia mí-. Andas desaparecida.

-Si no fueras tan empalagosa con Dima, verías que tenemos que hacer un trabajo de Historia, y encima al muy capullo del profesor se le ocurre la puta idea de que tenemos que hacerlo a mano –respondí, con un humor de perros.

-Vale, tranquila… -y la castaña se alejó de mí. Volvió a su cama, y cogió el libro que reposaba sobre el colchón y se dispuso a leerlo. ‘Mitos de la antigua Roma’.

-Oye… perdona que esté así –me disculpé, después de unos minutos. Me senté en la silla, la rodé para quedar cara a cara con Natasha-. He tenido un día… complicado.

La castaña me miró, alzó y bajó la mirada a las letras del libro, fingiendo una indiferencia y una estoicidad que no tenía. Finalmente se rindió y dejó el libro a un lado, se levantó, estiró la pierna y atrajo la silla al borde de la cama. Me obligó a levantarme, y me abrazó.

-Pues ya estás tardando en contarle las cosas a la tita Nat –bromeó, logró sacarme una sonrisa-. Tú andas muy callada últimamente, Katina. Venga, desembucha.

-Viktor habló conmigo –comencé, dejando, palabra tras palabra, a una Natasha cada vez más anonadada. ¿Quién podría creerse un cambio tan radical? ¿Cómo era que el chico violento y abusivo, se hubiese convertido en un muchacho dócil y amable? Era difícil de creer, pero aún así, cada vez estaba más convencida de su cambio."
"La melancolía es un licor muy caro al que muy pocos saben sacarle provecho"

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Zurc
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Zurc » Mar 24 Dic 2013 10:56

LOL nunca falta uno de esos en cada historia. Yo no me creo eso del niño bueno.
Continua....
Te Quiero Apasionadamente... Y Te Quiero Apaciblemente... Puede Que El Amor Eterno Sea Eso, Esta Mezcla De Paz Y Fuego.

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Yarina
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Mar 24 Dic 2013 14:01

contiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Spoiler: ver
::Por ¡t.A.T.u! me corto las venas::

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Demian Stark
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Vie 17 Ene 2014 11:46

Ehmmmmm.... a ver cómo digo esto sin que suene grosero. Voy a dejar el fic, no sé qué hacer con él. Por favor, si alguien quiere continuarlo, que se ponga en contacto conmigo, y yo le doy las pautas para que lo finalice. No me parece justo dejaros a medias, pero en serio, ya no puedo más.

En realidad, todo esto lo pensé ayer. Anoche, en realidad. Anoche, que estaba harta de todo, tuve una lucha mental y acabé por mandarlo todo al quinto co..... Anoche tenía un cabreo impresionante, y me salió por aquí. Adoro escribir, pero... los últimos capítulos de esta historia me salían forzados, nos los disfrutaba... y empecé a dejarlo, cada vez más tiempo sin escribir, ni una sola idea... y al final llegó cierta chica con un hacha y me lo desbarató todo. Y ahora camino por otros lares. Rusia no es lo suficientemente grande para mí, o es que yo me he vuelto demasiado pequeña. O es que no puedo escribir más fics mujer-mujer.

Adoro a las mujeres, bien lo sabéis. Pero mi mente me juega malas pasadas, pienso como un tío. Y mis protagonistas suelen ser hombres, me acostumbré a eso porque para mí es mucho más fácil, y además mis historias no están tan mal vistas por mi familia. Ojo, que no me voy, pero... necesito un respiro.

Tengo ahora varias ideas que me rondan la cabeza, pero creo que me las dejaré desarrollar, como mucho, en one shots. Porque son pequeños momentos, sueños de una noche o simplemente un cruce de cables que hacen que me nazca una pequeña idea en la cabeza. Pero no llega a una historia larga, soy demasiado mala para eso.

Así que por favor, quien quiera aceptar mi petición de continuar "Mujer contra mujer", que contacte conmigo y me libre de esta carga.
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