MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

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Yarina
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Dom 08 Sep 2013 23:23

Maldición!!!!!!!!!!!! necesito leer la continuación!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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Zurc
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Zurc » Mar 10 Sep 2013 22:58

Corto pero se agradece. Ya salio la Volkova de hielo pero justa, continua...
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Demian Stark
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mié 11 Sep 2013 12:16

De verdad que siento que el capítulo anterior no fuera... bueno, de una calidad óptima. No estaba en mis mejores momentos, es decir, no tenia la inspiracion necesaria, pero como veía que llevaba muchos días sin postear nada, pues... me forcé y salió esa bazofia de capítulo.
Prometo que éste será de vuestro agrado, hay sorpresita al final laugh2 laugh2


CAPÍTULO 24

“Esa mañana me levanté apenas había amanecido. Me dolía todo el cuerpo, así que me desperecé y me volví a tumbar sobre el colchón, boca arriba, mirando el techo. A mi lado, Natasha seguía dormida, con un hilillo de baba fluyendo de su boca a su almohada. Me reí internamente, y decidí levantarme.

Cogí una camiseta y unos pantaloncitos cortos, las sandalias y salí de la habitación. Todo el mundo dormía; ni tan siquiera la cocina estaba abierta. Sentí hambre, así que me colé en la despensa y cogí un bollito de leche, y salí afuera. Llegué hasta las escaleras de incendios, y las subí, llegando hasta el tejado. Sorteando mi miedo a las alturas, di con la terraza donde Yulia, año y medio antes, me había llevado, una noche de enero. Me senté en el suelo; poco me importaba si me ensuciaba el pantalón. Sólo quería quedarme allí, fundirme con aquella azotea y desaparecer, no tenía ganas de nada más.

Durante un rato estuve tumbada en el suelo, con los brazos estirados en cruz y con los ojos cerrados. Una suave brisa acompañaba al sol imponerse en el cielo, cada vez más brillante y caliente.

Cuando empecé a sentir demasiado calor, me levanté, pero cometí el error de hacerlo demasiado rápido y me mareé. Di un par de pasos en falso, y pegué un puntapié con una losa algo levantada del tejado. Caí de rodillas, me rasuré la derecha.

-Joder –me quejé; el pellejo se había levantado y varias marcas de sangre empezaban a salir. Con un poco de saliva me limpié la pequeña herida, y entonces reparé en la losa suelta.

Levanté la losa, dejando ver un pequeño espacio donde alguien guardaba un viejo cuaderno. Bueno, no era exactamente un cuaderno, más bien eran hojas sueltas grapadas y hechas un canutillo, sujetas por una goma. Sentía curiosidad; me habían enseñado a no ser una cotilla y respetar la intimidad de la gente pero… ¡Qué demonios! Allí no había nadie, ¿quién me iba a regañar? Además, ¿y si se trataba de algún recuerdo, como la cajita del señor Bretodeau? Amélie la destapó y miró en su interior sin pudor alguno, ¿y? Yo podría hacer lo mismo.

Quité la gomilla y empecé a leer. La letra era irregular; a veces, era la mejor de las caligrafías; otras, un completo sangrado ocular, debido a sus continuos fallos ortográficos y de coherencia. Hojeé un par de páginas más; sin duda se trataba de una niña pequeña, su gusto por los “niños bonitos” y juegos infantiles daban cuenta de ello. No pude determinar si era de hace cuarenta o cincuenta años, o de apenas un par de ellos. No había fecha; tampoco mucha continuidad. Lo mismo escribía varios días seguidos (a veces varias entradas en un mismo día), que se pasaban los días y los meses sin escribir una triste palabra. Había fechas, pero sin año. Era como un recuerdo perpetuo, como si ese conjunto de hojas fueran un recordatorio de varias personas que habían estado en este lugar.

Indagué un poco más, y encontré una cajita de madera. Burda y vasta, pero fuerte. La abrí, y lo que encontré dentro me partió el alma en dos: era el pequeño lobito de plata que le había regalado a Yulia por su cumpleaños, además de sellar con él el amor que sentíamos la una por la otra.

Esa pequeña cosa, ese único gesto… Todo estaba ya olvidado. Un momento… si Yulia había puesto el colgante ahí, ¿significaba eso que ese…cuaderno, o lo que fuera ese conjunto de hojas, era suyo? Desde luego, ella llevaba aquí toda su vida… Viktor Azarov senior no osaría en cuidar el fruto del engaño de su esposa con un simple criado… La hubiera mandado al mismísimo infierno, si hubiera podido. Pero no estaba en su mano, así que la metió aquí, olvidándose de ese mal recuerdo que le traía siempre tal engaño.

No pude evitar echar un nuevo vistazo al cuaderno. Obvié muchos detalles, leyendo directamente a las hojas más recientes, las de este mismo año. ¿Qué pasaba por la cabeza de Yulia mientras se escudaba en su armadura de hielo? ¿Es que acaso se había convertido en una máquina sin sentimientos; o aún aguardaba algún sentimiento cálido en lo más profundo de su ser? No lo sabía; detrás de esa gélida mirada, capaz de congelar a la más cálida de las almas, no podía ver nada.

Me decidí por una de las últimas hojas, concretamente, ésta estaba fechada a día 24 de marzo; decía así: “¿Es que acaso cree que soy de piedra o qué? Sabe muy bien que no puedo verla llorar, me parte el alma si veo algún rastro de lágrimas en su rostro, si encuentro algún indicio de tristeza; ¡y pobre de aquél que haya osado acercarse a ella para hacerle algún mal!

Esta mañana me la crucé por los pasillos; ella iba sola, con un grueso libro, saliendo de la biblioteca. De soslayo pude leer que se trataba de un libro de filosofía, seguro que alguna biografía de esos locos que siempre estaban ociosos y les dio por pensar las más absurdas teorías. ¡Sí, va por ti, estúpido Platón! Por muy famoso y conocido que seas, no te perdonaré que por tu estúpido sistema político mi pequeña criatura llorase. Y me da igual si estás muerto, cuando yo vaya… ¡ya verás lo que te espera!

Bueno, a lo que iba. Me la crucé por los pasillos y vi…”

Continuaba mucho más, pero yo no era capaz de leer.
¿Había leído mi pequeña criatura? Repasé lo leído y… ¡sí, ahí estaba escrito! Hice memoria, y ese día fui a la biblioteca. El libro pesaba un montón, y quizá por eso no la vi. Tenía que hacer una recuperación sobre las locas teorías de Platón, porque sí, había suspendido un examen. ¿Y Yulia quería vengarse? No del profesor sino… ¡Del mismísimo filósofo! ¿Acaso es posible una locura así?

Estaba ensimismada leyendo, o… bueno, más bien, intentando creerme lo que estaba leyendo, que no me percaté de que alguien subía al tejado, hasta que oí el rechinar de las piedrecillas y una sombra me tapó el sol que poco se iba levantando sobre el horizonte.

-¿Quién te ha dado permiso para leer eso? –tronó la voz de Yulia. Eran las primeras palabras que me dirigía desde aquella mañana de agosto. Levanté la vista, y me encontré con sus ojos, azules; dos mares de zafiro que rezumaban odio por doquier -¡Devuélveme mi diario! –acto seguido, se agachó, y con una fuerza inusitada, me abrió la mano, en un intento fallido de recuperar lo que, legítimamente, era suyo.

-¡No hasta que me digas la verdad! –amenacé. Tenía algo que ella quería, tendría que luchar por él si ese era su deseo.

-Muy bien, tú lo has querido –Yulia dio un par de pasos hacia delante; por pura inercia, yo retrocedí otros tantos-. ¿Qué? ¿Acaso me tienes miedo, Lena? –seguimos así, empezaba a transpirar, a sentir demasiada calor. Sí, tenía miedo. Sus ojos se mostraban entre fieros y juguetones; fríos y cálidos; con odio y con amor, una y otra vez. Era como una película; fotograma a fotograma que se repetía y cobraban sentido.

Entonces, me quedé sin espacio. Di contra una pared; estaba acorralada entre ese muro y ella, no tenía escapatoria alguna. Maldije para mis adentros, apostando la cabeza en la pared y cerrando los ojos. ¿Por qué? La mirada de Yulia era demasiado intensa, un fulgor azulado, frío… tan frío que quemaba, quemaba todas y cada una de las fibras de mi raciocinio, impidiéndome pensar.

Yulia se seguía acercando, pavoneándose y con descaro. ¿Quién eres tú y qué has hecho con esa chica tímida llamada Yulia Volkova? No podía negar que me gustaba esa parte… ¿cómo llamarlo? Salvaje, fría y protectora de ella, pero… de vez en cuando me gustaría ver rastros de la antigua Yulia en ella.

Y allí estaba, acorralada entre los brazos de Yulia, cada uno a cada lado de mi cabeza; con sus ojos mirándome los labios, y una tímida sonrisa se asomaba en sus labios. Sentía su respiración en mi cuello, irregular y rápida. ¿Acaso estaba nerviosa? No lo sabía… y habría dado cualquier cosa por saber lo que corría por esa cabecita de cabellos negros y despeinados.

De un momento a otro, dejé de pensar. Sentí sus labios sobre los míos, de una forma posesiva y primitiva, como si quisiera borrar todo rastro de otra persona; sin saber que ni tan siquiera Nikolai había borrado el sabor de su boca de mis labios. Estaba allí, de forma latente, recordándome que desde que la vi aquel primero de septiembre, ya era mía, y yo era suya.

De inmediato correspondí a su caricia. Éste, de ser violento y posesivo, pronto se volvió más pasional y cariñoso, llevándome de vuelta a aquellos que eran preludio de una larga noche de cariñitos; o cuando yo tenía una de esas pesadillas tan ridículamente raras, y ella estaba allí para abrazarme y susurrarme al oído que todo estaba bien, que no había sido más que un sueño y que nada había pasado.

Inconscientemente, solté el diario, cayendo al suelo, y llevé mis manos a su cabellera, alborotándola, atrayendo a la pelinegra más hacia mí. Yulia, por su parte, dejó descansar los brazos, y lentamente, los puso sobre mis hombros y mi cadera, toqueteando cualquier parte de mi cuerpo que estuviera en su camino.

¿Cómo una simple caricia podía hacerme olvidar de todo? El diario ya no importaba, el rencor y el miedo habían desaparecido; sólo estaba ese beso, húmedo, salvaje y desesperado, como si de una última caricia se tratase.

-No… esto no… ¡Mierda! –bramó, Yulia, quien se separó rápidamente de mí; alejándome de ella, empujándome, haciendo que me choque contra la pared-. ¡Aléjate de mí, Lena! ¡Te odio!

La morena salió entonces corriendo, presa del pánico. Ella que probablemente había subido al tejado en busca de su “diario”, lo dejó olvidado en la gravilla. Cuando salí de mi estado de shock (algo bastante placentero, a decir verdad), me agaché, para recoger el diario.

La suave brisa que corría había movido un poco las páginas a su antojo. La página que tenía delante de mis ojos tenía escrito, de forma furiosa y poco premeditada, un enorme “Te amo, LK”, y debajo, un pequeño texto: “Dime, ¿qué más he de hacer? Quizá cuando me veas caer a tus pies, muriendo por tu causa, seas capaz de comprender por fin hasta qué punto soy tuya”
"La melancolía es un licor muy caro al que muy pocos saben sacarle provecho"

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Mié 11 Sep 2013 16:07

Excelente capítulo. Continúa :)
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Mié 11 Sep 2013 19:39

Owwwwwwwww!!!!!1 Que lindo!!!!!!! ya quiero continuación!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! >_________________<
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mié 11 Sep 2013 21:31

Me encantó esa última frase, no tardes!
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Super_Blankito » Vie 04 Oct 2013 13:01

Wow, excelente.... estoy como en especie de shock aaaaaa no tardes en subir la continuación
P.D. Vaya, de lo que me he perdido
"Príncipes por actores, un reino por teatro y reyes que contemplen esta escena pomposa".
William Shakespeare
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mar 08 Oct 2013 14:33

Jooo... cuánto tiempo sin postear nada por aquí. Ni el tiempo ni la inspiración me han acompañado, sin embargo, he hecho de tripas corazón y he aquí un amago de capítulo.

Dedicado a la lobita lovelykatina, a la que un día mataré de la risa.

PD: No sé cuándo volveré a postear. Lo dicho, ocupadísima.

CAPÍTULO 25

“'Para ti sería', ésa era la canción que resonaba en mi habitación una mañana de octubre, ya entrados en el último curso de la secundaria. Volvía a compartir habitación con Natasha, en el tercer piso. Yulia estaba en otro edificio, bastante alejado del mío, una habitación para ella sola. Si era sincera, me daba envidia. Desde que Natasha y Dima habían empezado a salir, me veía obligada a soportar a la parejita todo el santo día; al pulpo cariñoso de Otrosky con sus chistes malos y besuqueándose a todas horas.

Cuando eso pasaba, me alejaba “disimuladamente”, y me iba al tejado, a pensar. Últimamente subía demasiado, casi a diario. Empezaba a encerrarme en mí misma, ya poco quedaba de esa Lena que tenía pájaros en la cabeza y que no le importaba nada más allá de un metro de su nariz. No sabía si considerarlo una mejoría o no, porque me sentía extraña, como si yo ya no fuera yo.

Me asomé al bordillo, y los niños de primaria jugaban en el patio. Fútbol, baloncesto y balón prisionero; pequeños grupitos de niños que charlaban entre sí, jugaban a ser superhéroes y magos, principitos y monstruos malvados. Lo que daría por volver a ser niña, cuando lo más que podían hacerte era sacarte la lengua, y era el mayor insulto del mundo. Y al día siguiente erais los mejores amigos de nuevo. Qué diferente a la adolescencia, época oscura y traidora, donde un malentendido puede costarte lo que más quieres en el mundo.

Habían pasado meses, y aún seguía rememorándome aquel beso que Yulia me robó. No podía evitarlo, intentaba odiarla, olvidarme de ella… pero me era imposible. Quizá lo mejor hubiese sido volver a casa, e intentar que el tiempo y la distancia me hicieran olvidarla. Cometí el error de quedarme en el internado, buscando respuestas… y no hallándolas; pero haciendo que mi dolor se volviese más intenso, más profundo y mi corazón se rompiera en pedazos.

No había hablado con nadie de lo que ocurrió aquella tarde, ni tan siquiera con Natasha. Ella me notó rara, pero poco a poco aprendí a fingir que estaba bien, y dejó pasar mi extraño comportamiento. Yulia parecía que había escogido la misma opción; nadie sabía lo que ocurrió el último verano.

Me senté en el suelo, apoyando la espalda en uno de los salientes. Había traído conmigo un cuaderno; aprovecharía los momentos de soledad para escribir un rato, avanzar en mi última historia. La anterior la había mandado a un concurso de historia corta y había quedado en 3º posición; había logrado hacerme un pequeño hueco en la industria literaria, ya tenía un pequeño nombrecillo en el universo editorial.

Me habían catalogado de escritura triste y melancólica, alabando mis escritos, mezclando realidad y fantasía. Yo tan sólo escribía como me sentía, cómo percibía mi mundo. Era como
“Marianela”, de Pérez Galdós; el protagonista tenía una peculiar forma de distinguir el día de la noche. De igual manera era para mí.

Podría decirse que vivía entre tinieblas, en continua oscuridad. Mis ojos no servían, habían perdido la luz, el lucero por el que se guiaban se había extinguido… o yo lo había alejado de mí. Probablemente lo segundo.

Noté que alguien se acercaba, oía la grava quejarse bajo los pasos del visitante. Levanté la vista del cuaderno, cuando la sombra se proyectó sobre el papel.

-¿Podemos hablar? –preguntó, mirándome de manera triste.

-La última vez no nos fue muy bien, Yulia –respondí de soslayo, cerrando la libreta y alzando la vista. La morena se sentó a mi lado, pero no osaba mirarme-. Aunque… no soy capaz de negarte nada, así que habla todo lo que quieras.

-Me voy –respondió escuetamente-. Después de navidad, me voy a Moscú. Me he inscrito en un instituto de música, para el resto del año.

No sabía cómo tomarme la noticia. ¿Debería alegrarme, ponerme triste, enfadarme? Y a ella, ¿cómo le afectaba? Estudiar música siempre fue su pasión, tocar el piano es su gran sueño. Aparentemente, es lo mejor que podría pasarle, debería estar eufórica; pero su rostro reflejaba todo lo contrario.

Sinceramente, sus palabras me dieron ganas de llorar; de descargar lágrimas hasta quedarme seca y no sentir nada nunca más, que no volvieran a herirme. Sin embargo, hice gala de mi sentimentalismo estoico, y le respondí con la mayor serenidad posible:

-Es tu vida, yo no tengo nada que ver con ella –miraba sus orbes azules mientras las palabras salían de mi boca; poco a poco se fueron aguando hasta convertirse en dos océanos de agua salada-. No sé por qué me cuentas esto.

La morena había agachado la cabeza, hasta el punto de que el flequillo le tapaba la mirada. Dos lagrimones del tamaño de Lisboa cayeron estrepitosamente a la grava, haciendo un sonido hueco. Al instante, Yulia comenzó a sollozar.

-¿Es que no lo entiendes? Te quiero, Lena. Te quiero con todas mis fuerzas. Quise olvidarte, lo intenté y no pude… -todo sin mirarme, luchando contra los sollozos y la voz entrecortada por el hipo-. Intenté odiarte después de lo que me hiciste, y aún así… me fue imposible.

-¡Me hiciste el vacío durante todo el año, ¿qué te crees, que soy adivina o qué?! –respondí gritando.

-¡Intentaba protegerte! Te protegía de mí misma, porque… -se pasó el dorso de las manos por los ojos, los cuales se habían vuelto rojos por la tristeza-… Ya no sé ni por qué te protegía. No tiene sentido explicártelo. No me escucharías. Además… aún tienes mi diario, ¿no? Léelo, si es que aún no lo has hecho. Porque dudo que lo hayas dejado intacto, con la poca vergüenza que tienes.

Entonces, se sacó algo del bolsillo del pantalón. Era una pequeña pulsera, sencilla y ruda; de hilo grueso y un vasto grabado: 'Bella como el sol', el significado de mi nombre. Me la tiró con desprecio y la cogí al vuelo, antes de que ella se diese la vuelta.

-Vine aquí porque pensé que aún tendríamos una oportunidad. Ya veo que no. Aún así, quiero que lo sepas, para que te carcoma la conciencia: TE QUIERO, LENA, nunca he dejado de hacerlo –acto seguido, se marchó por donde había venido.

¿Cómo debía tomarme eso? ¡Me había pasado más de un año creyendo que no me quería, que me odiaba! Y ahora resulta que era todo lo contrario.

Me quedé allí, en la azotea, dejando que los rayos del sol otoñal bañasen mi rostro; el cual, estaba repentinamente cubierto de cascadas de agua salada.”
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mar 08 Oct 2013 19:18

Si te tardaste un tiempo, pero lo importante aquí es que le seguiste. mmm vaya situación, en serio uno no sabe como interpretar las cosas hasta que te lo dicen directamente, creyendo en algo cuando es lo contrario, a ver que pasa luego. No tardes!
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Super_Blankito » Mié 09 Oct 2013 17:57

Queeeeee????!!!!!
pero que, como,a que hora?
noooooooooooooooooooooo
creo que Lena fue un poco tonta, lenta aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Porque carajos no le dio un maldito beso?????
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Mié 09 Oct 2013 21:05

wqaaaaaaaaaaa ya quiero que lo continues!!!
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Vie 11 Oct 2013 20:43

Bueno no puedo evitar decirte lo cruel que ha sido este capítulo. Se han distanciado tanto, se han hecho tanto daño (intencional o no) que ya no saben ni qué decirse, ni cómo tratarse y mucho menos qué esperar de la otra.

Es lamentable que se separen ahora, así, sin más. Sin luchar un poco, sin darse un oportunidad. Sin embargo, después de todo, no es anormal que así estén sucediendo las cosas.

Continúa cuando tengas un tiempito. Saludos .hi.
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Zurc » Sab 12 Oct 2013 16:32

Esa es mi cancion favorita de Nek describe muy bien el cap.
Un conmovedor capitulo gracias por tomarte el tiempo de escribirlo y publicarlo.
Ojala puedas continuarlo pronto.
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Pocholera » Mié 23 Oct 2013 16:11

Conti!!!!!!

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Jue 07 Nov 2013 12:07

¿Cuánto hace que no paso por aquí? Ay Dios... creo que no tengo vocabulario suficiente de disculpas para pediros perdón, pero es que... la vida, que es muy dura. Entre las cosas del colegio, la pereza crónica que padezco y la falta de imaginación tienen la culpa. A ver cuándo nos volvemos a ver, porque mejor tarde que nunca, ¿no?

lovelykatina: Que sepas, que continúo esta historia especialmente por ti. Que si por mi fuera, haría ya bastante que la hubiera abandonado, porque las ideas no me llegan, se quedan como trombos en una parte de mi cerebro no irrigada. Respecto a todo lo que me dices ahí arriba, ni yo misma lo sé con certeza, así que no te puedo responder.

TheOneWhoDoesntDream: Ojalá tuvieramos todos un sexto sentido, eso simplificaría mucho las cosas. A ver cuando vuelvo... a ver

Super_Blankito: Lena peca de orgullosa, y habló antes de pensar. Ahora, que apechugue.

Yarina: Un poco (bastante) tarde, pero aquí seguimos

DerujKum: ¿Cruel? Bueh, estaría en mis días cabrones. Lo cierto es que tienes razón, cuando te muestras tanto a alguien, le das poder para que te haga daño, y eso es justamente lo que pasa con estas dos: se quisieron tanto, que ahora cualquier gesto les hace daño. Claro que tambien son unas bestias.

Zurc: Pues la puse por casualidad, porque la escuchaba en ese momento. Aquí vuelvo con un capi nuevo hasta nuevo aviso

Pocholera: Hete aquí


CAPÍTULO 26


“Tenía dos meses para recuperarla. Dos meses para enmendar mi error, mi momento de estúpido orgullo y altanería. Fue un simple arrebato, un escudo de cristal que en realidad resultó ser una afilada daga que me clavé a mí misma, aún recubierta de sangre de la propia Yulia.

Dos meses quizá es mucho tiempo, pero cuando tienes una lucha contra el reloj, contra el indeleble paso de los días, todo es demasiado poco. Yulia no quería verme, me evitaba y hacía como si yo no existiera. ¿Cómo demonios podría recuperarla así?

Se me ocurrían muchas locuras, desde las típicas flores con una tarjetita de disculpa, hasta colgarme de la azotea y bajar como si fuera el mismísimo Spiderman (en mujer, claro), y colarme por la ventana de su habitación. Claro que entonces corría el riesgo de que ella se enfadara (aún más si cabe), me tachara de stalker y me diese un empujón típico de Jaime Lannister.

Durante días no fui a clase, no salí al patio, no me evadía en la azotea. Me quedaba en mi habitación, sola, en la cama, sentada sobre el colchón. Las piernas encogidas y los brazos rodeándolas. A veces me tumbaba de costado, y lloraba amargamente, en posición fetal. Otras quería ahogarme en mi propio dolor, de cara a la almohada. ¿Cuánto hacía que no lloraba así? Siempre el mismo resultado, los ojos hinchados y rojos, el rostro cansado y un tremendo vacío en mi interior. Me sentía hueca, como si pelaran una naranja y la recompusieran, pero sólo con la cáscara. Así era yo, una carcasa sin nada dentro.

A mediados de noviembre, una mañana de sábado alguien llamó a la puerta. Para variar, yo me encontraba en la cama, leyendo uno de tantos libros gordos, que a cualquiera le marearían, lo cual no era mi caso. Hice como si no estuviera, esperando en vano a que desistiese y se marcharse. Pero ella no era así.

-¡Sé que estás ahí! –gritó Natasha-. ¡A mi no me engañas, Lena! No te hagas la remolona y la dolida, ¡que echo la puerta abajo!

Mi amiga amenazaba una y otra vez; no quería verla, no quería oír sus reproches. Quería que me tragara la tierra. No quería luchar por Yulia si quiera. Ella quería irse a Moscú, ¿no? Pues que se vaya, que me deje tranquila sin su presencia, a ver si de una vez por todas conseguía olvidarla.

Entonces oí cómo se abría la puerta. Ah, claro… Natasha también tenía llave. Cerró de un portazo, y vino directa a mi cama. Yo estaba escondida bajo las cobijas, no quería que nadie me sacara de mi mundo perfecto. Pero cuando se trataba de joder, Natasha era la primera que sacaba la fuerza bruta. Tiró del cobertón hacia abajo, envolviéndome en el maldito frío ruso de noviembre.

-Déjame en paz, Natasha –dije retorciéndome.

-Ni hablar. Llevas aquí –y se puso a contar con los dedos, mirando distraídamente el techo-…llevas como diez días aquí y ya me tienes harta -. Me cogió de los hombros y me levantó, y empezó a quitarme la camiseta y el pantalón corto que usaba como pijama-. Vas a salir de esta mierda de habitación y te vas a mezclar con la gente.

-No quiero

-No es algo que tú quieras, Katina –apremió-. Es una orden.

Cogió un vaquero cualquiera del armario, una camiseta y una chaqueta, me colocó su ridículo gorro de lana con la bolita esa en la coronilla y me empujó fuera de la habitación. La castaña tiraba de mí, yo apenas ofrecía resistencia. Vi la cara de algunos, se extrañaban de mi repentina presencia (¿o era el gorro?), pero siempre lo dejaban pasar. Apenas miraba al frente, no quería estar aquí… entonces, Natasha se paró de pronto.

-¡Ah, por fin! ¡Hola, Lena! –saludó Dima, siempre tan sonriente-. Hace mucho que no te veo, ¿dónde estabas? ¿En Katinalandia?

Tuve que reconocer que, aunque sólo fuese una minúscula, una tímida sonrisa, logró sacármela. Se quedó satisfecho de su trabajo, ya podía regodearse.

Volvimos a caminar, nos alejábamos del colegio, en dirección al… lago. Presentía que algo malo iba a pasar, algo que no me gustaría para nada. Posiblemente necesario, pero con una pizca de dolor enmascarado.

Dima llevaba una mochila consigo, demasiada voluminosa para donde íbamos. Natasha y él se lanzaban demasiadas miradas, más de las acostumbradas. Y no eran las típicas de ligoteo, las que sólo ellos entendían. No, esto escondía algo más gordo; como si hubieran cometido un crimen y quisieran ocultarlo.

Cuando vi su fina figura esperando, de espaldas a nosotros, mirando el lago, entonces caí en la cuenta. Quise darme la vuelta, huir y esconderme debajo de las cobijas. No tenía valor suficiente para enfrentarme a ella, para ver su mirada de rencor envenenado para mí, por mi culpa. Pero ya estábamos demasiado lejos, demasiados brazos me aprisionaron e impidieron mi huida. Dima me aferró a él, y me obligó a seguir adelante.

-¿Qué hace ella aquí? –preguntó con odio, volviéndose hacia nosotros con el ceño fruncido.

-Yo la invité –respondió Natasha, mirándome.

-Pues entonces me voy –cogió sus patines, se los colgó del hombro y empezó a caminar hacia nosotros, de vuelta al instituto. Sin embargo, Dima la interceptó y la frenó-. ¿Qué haces? ¡Suéltame! –dejó caer los patines, y comenzó a removerse, para librarse de los brazos de Dima que la mantenían presa. Pero el castaño, superándola en fuerza y cabezonería, la alzó del suelo, y la trajo justo enfrente de mí-. ¡Que me bajes te digo! ¡Que me sueltes, SUÉLTAME! ¡No tienes derecho a hacerme esto!

-No nos vamos de aquí sin que solucionéis lo vuestro –intervino el castaño-. Y créeme, tenemos tiempo. Así que de vosotras depende.

Apenas articulé palabra cuando llegamos al lago. Desde la lejanía seguía la pelea dialéctica entre Yulia y Dima, cómo Natasha intervenía de vez en cuando. Sus voces me sonaban lejanas, como si fuera un idioma extraño. Voces que llegaban a mis oídos, pero palabras extrañas y sin sentido, que me excluían de su acalorada comunicación.

-¿Y tú qué? –se dirigió Yulia a mí por primera vez-. ¿No dices nada?

-A ella no la metas en esto –me defendió Natasha-. Ella no sabe nada.

-A mi también me engañaron –hablé por primera vez, poco después de que mis neuronas despertaran de su letargo y procesaran las diversas acusaciones entre Dima y Yulia-. Si no quieres verme, no me mires. No me acuses de algo que no he hecho, no seas tan cínica. Además… yo no quiero estar aquí.

La pelea continuó, pero desde el silencio. Yulia se puso sus patines de hielo, y se aventuró sola al patinaje sobre el lago. Tenía un mal presentimiento; aunque llevásemos días con un frío intenso, una ola de frío proveniente de Siberia, el lago era demasiado grande como para que la superficie hubiera cuajado lo suficiente como para soportar el peso de una persona.

Natasha y Dima se alejaron un poco, comenzaron una guerra de nieve el uno contra la otra. Realmente, sentía envidia de ellos. Aunque no dejaran de pelearse, de gritarse, de acusarse, siempre terminaban disculpándose, se querían demasiado para odiarse. ¿Es que acaso Yulia había dejado de quererme? Le había pedido perdón, pero ella estaba demasiado cegada por el odio como para perdonarme. Luego desaproveché mi oportunidad, aquel día en el tejado. Necesitaba algo, bueno o malo, algo a lo que agarrarme para seguir creyendo en una nueva (y última) oportunidad.

Mientras mis amigos se divertían en la lejanía, oí un sonoro crujido, romperse algo… y un grito. Al instante, dirigí mi atención al origen del grito, y no vi a nadie. Absolutamente nadie. ¿Dónde estaba Yulia?

Entonces, un grito de socorro, un pataleo, el sonido de resquebrajarse el hielo y el chapoteo nervioso de alguien que intenta no ahogarse. Me levanté, y ocurrió lo que más temía: la capa de hielo se había roto, y Yulia luchaba por mantenerse en la superficie. Las ropas empapadas, las pesadas botas que la hundían; y la temperatura del agua, terriblemente baja, estaban diezmando rápidamente la férrea lucha de la morena por mantenerse a flote.
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Jue 07 Nov 2013 13:31

¿Que mejor momento para hacer las paces que una de ellas sea la recatista de la otra? al menos claro que la quiera dejar morir por el orgullo de no quererla cerca, no creo que lleguen a tanto. Natasha y Dima hicieron su parte, que Lena haga la suya ahora. Respiraré profundamente, buscaré mi calendario y marcaré los días en los que tardarás para continuar, espero que el crayón no se agote antes de que publiques...No tardes!
En fin, el amor si existe y viene en forma de pizza.

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Pocholera » Jue 07 Nov 2013 14:45

Conti!!!!!

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Yarina » Vie 08 Nov 2013 10:45

Fuck!!!!!!!! continualo pronto!!!!!!!!!
Spoiler: ver
::Por ¡t.A.T.u! me corto las venas::

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Vie 08 Nov 2013 12:07

Este también tiene su toque pero bueno creo que todos sabemos que Lena no dejará ahogar a nuestra pelinegra, mira que la quiere y odia demasiado como para no intentar algo y salvarla. Continúa :)
*-*-*DerujKum*-*-*

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mar 12 Nov 2013 15:43

Aquí estoy de nuevo. ¿No he tardado tanto, verdad? ¡Hale, culpad a los exámenes! No es que este capi sea escandalosamente bueno, pero... es lo que ha salido. Ustedes sois los que tenéis la última palabra.

lovelykatina: Los has clavado. ¿Tanto se nota? Yulia es, sin vaselina: es gilipollas. Así de claro. El orgullo es algo que no sirve cuando estás en situaciones adversas. Si te digo la verdad, ni yo sé cómo acabarán. Creo que si Kubrick leyera esto, se moriría por mi forma de llevar la trama. Pero es que mi cerebro no me da... Tengo algo pensado, pero... ni idea. ¿A que no cuesta tanto ser amable?

TheOneWhoDoesntDream: Bueno, cuando el orgullo te corroe... cosa mala. Sí, esos dos hicieron lo que pudieron, ahora está en manos de ellas dos. Espero no agotar tu crayon, que la suerte me acompañe para escribir.

Pocholera: Aquí te la dejo...

Yarina: Te digo lo mismo que a Pocholera

DerujKum: ¿Tan evidente soy? Nah, no quería pensar. Como le dije una vez a mi mejor amiga: ¡Viva el odio!

Bueno, espero que os lo paséis pipa. Que Demian se va a estudiar.

CAPÍTULO 27

No lo dudé, me quité el abrigo y me lancé a socorrer a Yulia. Por el rabillo del ojo pude ver cómo Natasha volvía al instituto, seguramente en busca de ayuda extra, de una mano amiga que nos ayudase; y a Dima acercarse, temeroso por el extraño sonido del hielo bajo sus pies, pero a paso decidido.

Yo estaba más cerca, pero el hielo amenazaba con romperse. La morena pataleaba con nerviosismo, daba golpes en el hielo buscando un asidero al que agarrarse: pero nada había, sólo hielo y nieve. Tiritaba y gemía, tenía un aspecto pálido enfermizo y amenazaba con rendirse.

Tras varios minutos, llegué hasta donde la morena estaba. Me aseguré de que el hielo soportase mi peso, y me acerqué. Me tumbé sobre las placas, y le tendí ambas manos. Yulia se mostraba reticente a recibir mi ayuda.

-¿Prefieres ahogarte, o morir congelada? –inquirí, visiblemente molesta-. ¿Tanto me odias? ¡Te estoy ayudando, Volkova! ¡Muestra respeto por algo, aunque sea por tu miserable vida!

Estando tumbada en el hielo, con sólo la camiseta como barrera entre mi piel y el hielo, sentí como mi temperatura corporal bajaba varios grados de golpe. ¿Cómo estaría Yulia, sumergida en el agua? No entendía cómo podía ser tan orgullosa, tan cabezota… ¿Es que no podía dar su brazo a torcer?

-Vamos… por favor –rogué. No pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas, ¿por ella? ¿Por mí? No sabría decirlo, pero lo que sí era cierto es que me dolía verla así-. Si no lo haces por mí… o por ti… que sea por alguien. Por favor…

Tras deliberar consigo misma, Yulia alargó una mano y la entrelazó con la mía. Estaba tan fría… la cogí con fuerza, como intentando transmitirle el poco calor que me quedaba. “Tú lo necesitas más que yo”, pensé, sin atreverme a decir nada en voz alta. Entonces sentí que alguien me cogía de los pies, y tiraba de mí. Miré hacia atrás, y vi a Dima tirando hacia atrás. Lentamente, fuimos retrocediendo, alejándonos del boquete en el hielo, y acercándonos a tierra firme.

La morena estaba casi inconsciente. Dima y yo la cogimos en brazos y la llevamos hasta la ribera, allí empezamos a quitarle las ropas empapadas y con nuestras chaquetas la intentamos cubrir. La acerqué a mí, y la abracé, buscando subirle la temperatura.

-No se te ocurra dejarme, Volkova –la amenacé, mis labios estaban pegados a su oído-. Como oses dejarme, te juro que me las pagarás. Te lo advierto –yo también comencé a tiritar, cuando un grupo de gente se acercó a nosotros. Profesores, enfermeros y Nikolai. El rubio fue el primero en llegar, y se arrodilló junto a mí.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué le pasa a Yulia? ¿Está bien? ¿Cómo está? ¿Se pondrá bien? –las preguntas salían a borbotones de su boca; su rostro estaba casi tan pálido como el de su hermana, gotas de un sudor frío recorrían su frente.

Un par de enfermeros se acercaron, y me arrebataron el cuerpo de Yulia de mis brazos. Por instinto, al principio me opuse. No quería separarme de ella. ¿Quién le daría calor? ¿Quién la haría volver?

Las horas siguientes pasaron demasiado rápido. Dejé de sentir frío, dejé de ver la naturaleza salvaje del lago, dejé de estar sola en medio del hielo. Estaba en un lugar cálido, de paredes blancas y un marcado olor a desinfectante llegaba a mi nariz, amenazando con destruirme las pocas células supervivientes después de la casi congelación en el lago. Había una gran cantidad de gente, pero no era capaz de distinguirlas, más allá de Dima y Natasha. Nikolai iba y venía por el pasillo, visiblemente nervioso, quizá desesperado. La gente me hablaba, me preguntaba… pero sus voces se iban con el viento. Me sentía cansada, muy cansada. Alguien me instó a cerrar los ojos, y yo me sumergí en el mundo de los sueños.

Cuando desperté, me encontraba sola en una habitación. La cama era de matrimonio, las sábanas eran de un precioso color verduzco y las colchas brillaban como plata a la luz del amanecer. Me levanté lentamente, la cabeza me dolía a horrores y sentía el cuerpo entumecido. Las sábanas se quedaban pegadas al pijama, varias tallas más grandes de los que solía utilizar.

Entonces miré a mi alrededor: estaba completamente segura de que ésta no era mi habitación. Sin embargo, tenía la sensación de haber estado aquí antes… Todo estaba pulcramente limpio y ordenado; había varias estanterías con discos, películas y libros, muchos libros. Un escritorio en la pared del fondo, donde había un gran ventanal que daba a un lago…

¡El lago! Estaba en el internado, en una de las habitaciones de los profesores. ¿Qué hacía yo aquí? ¿Quién me había traído? ¿Cuándo llegué aquí? Decenas de preguntas similares, todas sin respuestas, se agolparon en mi cabeza. Justo en ese momento, la puerta se abrió.

-Me alegro de que hayas despertado –susurró un pálido Nikolai, que se veía con un aspecto más enfermizo pues vestía con ropas demasiado oscuras para mi gusto. Llevaba consigo una bandeja con un copioso desayuno, y una bolsita con varios medicamentos. Cerró la puerta y se sentó en la cama, a los pies-. ¿Cómo te encuentras? –preguntó.

Me sentía rara al estar con él así. Hacía tanto, tanto tiempo que nos evitábamos, que incluso el simple hecho de cruzar palabras ya era un logro para nosotros. Pero, dadas las circunstancias, había que dejar de lado todo rencor y resentimiento, y mirar por el bien común.

-Me siento exhausta, y la cabeza me va a explotar –confesé. A pesar de no haber hecho nada durante horas, porque, ¿cuánto tiempo habrá pasado? ¿Tres, cuatro, cinco horas? ¿Un día entero, dos? Me sentía fuera de lugar, perdida en el tiempo-. ¿Y Yulia?

Nikolai estaba sirviendo café en dos tazas, untando mantequilla en dos tostadas que luego me acercó, junto a un par de cápsulas blancas. Alzó la mirada, y sentí sus orbes azules clavadas en mí, como si buscara agarrarse a algo.

-Internaron a Yulia en la UCI –escupí todo el café que tenía en la boca, ensuciando las mantas y la cara de Nikolai. Quise disculparme, pero él no me dejó-. No te preocupes, no es nada –se limpió y continuó-. Presentaba hipotermia de segundo grado, pero por suerte no fue demasiado grave. Cuando te desmayaste, ya estaba mucho mejor. Inconsciente, pero estable. Te traje aquí porque no quería que sufrieses el acoso hospitalario, y para que descansaras. No quería que te preocupases tanto por mi hermana, no si estabas tan ausente.

-¿Cuánto tiempo ha pasado?

-36 horas –respondió-. Llevas un día entero durmiendo. Supongo que el shock fue demasiado para ti.

Los dos caímos en el silencio. No nos atrevíamos a mirarnos a la cara. ¿Vergüenza, rencor, miedo? Al fin y al cabo, los dos desencadenamos esto: la furia y el odio de Yulia, su cabezonería y las consecuencias de su accidente. Era algo ya antiguo, una losa que resiste los envites del tiempo, y que amenazaba con rompernos completamente. Era una gruesa puerta de cristal que nos permitía vernos, pero que nos mantenía alejados unos de otros. Un engaño del que ninguno quería salir.

Entonces el rubio se levantó, recogiendo la bandeja y dispuesto a irse de la habitación. Sin embargo, justo antes de que diera el último paso, se frenó.

-Lena –susurró, y él se dio la vuelta. Sus ojos, esos ojos tan conocidos por mí, tan idénticos a los de su hermana, me miraban de una forma bastante peculiar, una mezcla entre todos los sentimientos que corrían por el interior de su dueño-. Lo siento. Todo es culpa mía. Si yo no te hubiera besado, si no me hubiera encaprichado contigo…

-Shh… cállate –le corté. Me levanté y fui hacia él. Le quité la bandeja y la dejé en el suelo-. No cargues tú solo con la culpa, yo también soy culpable. No…sé lo que pasó, no lo sé. Pero desde entonces no me siento yo misma, siento que finjo. Y ya no puedo soportarlo más. Es como un gusano que me carcome por dentro, y no hay nada que pueda pararlo… excepto ella. Pero está tan lejos, tan inaccesible…

Nikolai me abrazó, pasando sus brazos por mi espalda. Me besó la cabeza, como si de un hermano mayor se tratase. No pude evitar llorar, me sentía en un refugio seguro, donde nadie se atrevería a juzgarme, sabiendo que él me protegería. Me agarré a su camiseta, tirando con fuerza, con furia, con impotencia. Me sentía inútil, que estropeaba todo lo que pasara por mis manos.

-Lo arreglaremos, pequeña, lo arreglaremos –me susurró, justo antes de separarme levemente de él, y darme un beso en la frente.
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