MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

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Demian Stark
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MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Jue 16 May 2013 13:28

Ya sé que tengo otras historias abiertas por aquí, una de ellas sin terminar. Pero ayer, bajo el chorro de la ducha, mi mente se abrió y allí anidaron un par de ideas. Las cuales, para mi desgracia, no me han abandonado en todo el santo día. Para librarme un poco de ellas, abrí el word y plasmé ahí el primer capítulo, y salió esto.
Espero que les guste. Cuando pueda (voy a entrar en la semana crítica de exámenes), tendrán la continuación.

Hala, enjoy .hi. .hi.

CAPÍTULO 1

Aquel agosto estaba apretando en Moscú más de lo que se recordaba en los últimos treinta años. Para combatir el calor y el aburrimiento de las vacaciones de verano, Samir y María, dos hermanos de catorce y once años respectivamente, se dedicaban a dispararse chorros de agua por todo el enorme jardín de la casa de campo que su abuela Elena tenía a las afueras de la ciudad moscovita.

Samir de catorce años camino ya de los quince, era un muchacho alto y delgado, de tez blanca recubierta en gran parte de su cuerpo por numerosas pecas que le conferían un aspecto más infantil y bonachón de lo que realmente era. Su cabello era castaño claro, algo entremezclado con el pelirrojo heredado de su padre. Sus ojos seguían teniendo esa extraña mezcla entre gris y verde, algo exótico según la mayoría de la gente que le conocía. Era un niño inquieto, desde pequeño, siempre estaba correteando de un lado para otro, para desesperación de sus padres. Pareció aplacarse un poco, con la llegada de María, su hermana pequeña.

María, de once años recién cumplidos, dejaba atrás su cuerpo de niña para adentrarse en un proyecto de mujer hermosa; delgada, pero no en demasía, y casi tan alta como su hermano a su edad. El cabello, castaño claro, le caía en finas ondas sobre los hombros, también recubiertos de pecas, pero mucho menos vistosas que las de Samir. Sus ojos cafés dejaban entrever de vez en cuando toques de gris, sobretodo cuando mostraba su carácter, confiriéndole un aspecto de lo más extraño.

Ambos hermanos, entre gritos, risas, algunos insultos y litros y litros de agua, se adentraron en el viejo cobertizo que su abuela tenía en la parte de atrás de la casa. Era un edificio de madera, construido de tal manera que, aunque fuese de madera, no llegase a estropearse con el paso del tiempo. Cuando abrieron la puerta, una fina capa de polvo llegó a sus fosas nasales, haciéndoles toser, estornudar y airear el brazo para poder respirar con normalidad.

Era una simple habitación, casi a oscuras, a excepción de una única bombilla que prendía del techo. María dio, por pura casualidad, con el interruptor, y la bombilla parpadeó hasta encenderse. Dentro había decenas de cajas, muebles, cuadros y un sinfín de objetos apilados unos sobre otros. Los dos niños entraron al cobertizo, dejaron abandonadas sus pistolas de agua y comenzaron a investigar todo objeto extraño que encontraron a su paso.

Había álbumes de fotos, decenas de ellos, en una caja que no tenía nombre. La única caja que no tenía nombre. Samir fue el que la encontró, le quitó el embalaje y la abrió. Cuando sacó varios libros, encontró una amarillenta libreta donde rezaba, con una exquisita caligrafía, “Vsya Moya Lyubov”.

Al chico le enseñaron que jamás debía fisgonear en las cosas ajenas, pero esa vez la curiosidad pudo más que cualquier castigo que pudieran imponerle. Algo nervioso, en parte por saber el contenido de la libreta, y en parte por temor a ser descubierto, destapó la cubierta, abriendo el cuadernillo por una hoja cualquiera.

Lo que encontró allí, le impactó. Había escritos varios pequeños poemas, de cuatro estrofas como mucho, desperdigados de forma irregular por toda la página; en algunos rincones había dibujos y pequeños esbozos de criaturas extrañas, caricaturas de personas y animalillos dibujados de forma cómica; todo ello enmarcando una foto en blanco y negro, situada en el centro de la página, de dos muchachas, una con una melena larga y algo rizada, y otra de cabellos más cortos y despeinada; cuyos rostros estaban casi pegados, las narices se rozaban, ambas tenían la boca entreabierta y se podía ver la sombra de una sonrisa en la chica de cabello rizado.

María se acercó a su hermano, que hacía rato que no abría la boca, algo muy poco común en él. Se acercó al chico, y observó la foto que éste sostenía, quedándose a los pocos segundos con el mismo gesto que Samir.

-Esto no… -tartamudeó la pequeña-. Una de ellas es la abuela Elena –logró articular, una vez reconoció la imagen-, pero la otra…

-Esto no puede ser. ¿La abuela, a punto de besarse con otra mujer? No me lo creo.

Y así, incrédulos ambos, pasaron hoja tras hoja, para descubrir en ellas fotos y fotos de su querida abuela en actitud más que cariñosa con esa chica extraña de cabellos rebeldes negros, ojos azules y complexión diminuta. Pequeños poemas y frases de amor servían como marco a las numerosas fotos que adornaban las páginas del viejo y usado cuaderno.

Tan absortos estaban, que no oyeron como unos pasos ligeros y unas pisadas nerviosas se acercaban a ellos. Un enorme pastor alemán, con ganas de jugar debido a su corta edad, sacó a los niños de su ensimismamiento. Samir soltó el cuaderno de un salto, asustado, llevándose la mano al pecho y respirando con dificultad. María cayó al suelo, con el mismo gesto de susto en su pecosa cara que su hermano.

En la puerta, vestida con un fino vestido con motivos veraniegos, un sombrero de paja y unas gafas de sol, había una mujer de estatura media con una sonrisilla en su pecoso rostro. Una trenza roja como el fuego descansaba sobre su hombro derecho. La mujer se quitó las gafas, mostrando unos ojos verdigrises que denostaban un gesto entre enfadado y misericordioso, enmarcados en una mirada rodeada de decenas de pequeñas arruguillas resultado de una vida larga y satisfactoria. Sus labios, finos y sonrosados, se abrieron dando paso a la pregunta que los chicos más temían:

-¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí?

Tanto Samir como María guardaron silencio, el primero intentaba ocultar el cuaderno que tanto le había distraído la última media hora. Elena pareció notarlo, pues dirigió su mirada a las manos de su nieto, y volvió a preguntar, pero María la interrumpió:

-Samir, ¿qué llev…?

-Abuela, ¿quién es Yulia Volkova?

La voz de Elena desapareció inmediatamente, junto con cualquier gesto y color que su anciano rostro pudiera tener en ese momento.

-Es una historia muy larga.
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vane_gaga
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por vane_gaga » Jue 16 May 2013 14:22

vaya lenita abuelita?? wow continua xfa hermosa
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por Roxana Katina » Jue 16 May 2013 20:51

O: que interesante conti!!

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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por volchis3 » Jue 16 May 2013 22:40

que cunete la historia larga!!!
Me preguntaron q hay detrás de esa sonrisa.. baje mi mirada x un segundo aguantándome la risa. Detrás de esa sonrisa…comente al encarar sus ojos… solo hay lo q kieres ver, pero te puedo jurar q no es exactamente lo q estas pensando… Idole inattendu

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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Vie 17 May 2013 00:53

Pues ustedes son capaces de escribir hasta 10 historias juntas, por suerte estoy de vacaciones y tengo tiempo para todo, me gustó, no tardes!!!
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Demian Stark
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por Demian Stark » Vie 17 May 2013 11:21

Os dejo el 2º capítulo (yo sé que luego me voy a arrepentir.... pero bueno). Quizá os líe un poco (todavía no, ya llegaremos a eso), porque contará algo así como 3 historias a la vez: la actual (no en 2013, sino echarle años), la "historia larga" de Lena y un diario de Yulia (recordad la caja). Ahora mismo tengo las ideas muy claras, ya veré cómo las resuelvo cuando tenga que escribirla.

Me he animado a subir este capi ya que lo escribí anoche, y hoy, al llegar de la escuela, he visto un documental sobre el asesinato de los Romanov, y me ha dejado .shok. .shok. Madre mía lo que hicieron con esa pobre familia. Ya no sé si soy bolchevique o no; el hecho es que me ha impactado. Lo mío con los Romanov viene de lejos... y aún me sigue conmoviendo como la primera vez que oí hablar de ellos.

Bueno, os dejo con el capi (Zurc, intentaré que sean largos), y me dejo de este embrollo real y bolchevique. Hala, a disfrutar, my little bolsheviks .hi.

CAPÍTULO 2

Una suave brisa permitía el quedarse fuera del edificio principal de la hacienda Katin. Tres sombras caminaban hacia la sombra que daba el enorme porche trasero, sentándose en un mullido sillón-columpio, los niños; y un sillón de mimbre acolchado, Elena. Volk, como se llamaba el ya no tan cachorro pastor alemán, se tumbó en el suelo, entre Elena y sus nietos, mirando pacientemente a su dueña con sus ojos azules claros como la escarcha.

Samir todavía llevaba en las manos el viejo cuaderno del cobertizo, cerrado, medio cubierto de polvo y páginas amarillentas. El niño alargó la mano, entregando a su abuela dicho objeto. Elena abrió la libreta, releyendo cuidadosamente las hojas escritas, y una sonrisa apareció en su rostro. Sus ojos se iluminaron, y aunque intentó ocultarlo, sus nietos se dieron cuenta del brillo que hacía tanto tiempo que no veían. Sus manos se paseaban arriba y debajo de las páginas, suspirando a cada recuerdo que le venía a la mente.

-¿Abuela…? –intervino María, con sus ojillos brillando cual niña curiosa.

-Bueno niños… La curiosidad pudo con vosotros, y mi secreto ha dejado de serlo –volvió su mirada a la libreta, abriéndola por la primera página. Se quedó unos segundos en silencio, perdiéndose en esas letras azules, negras, rojas y verdes que enmarcaban la foto, en esos dibujillos infantiles nacidos de su inútil afán por crear una obra de arte, pero sobretodo, en la foto que compartía una joven Elena Katina con una joven Yulia Volkova a su espalda, a modo de caballito-. Todo esto fue… hace mucho. Volkova era una chica que conocí en el instituto; yo tenía 15 años, y ella, 14.

-Pero abuela, ¿quién era ella? –insistió María

-Yulia Volkova fue… -Elena suspiró, algo ofuscada-. Me da apuro decíroslo, niños. Yulia Volkova mi primer, y único, amor que he tenido en toda mi vida.-Tanto María como Samir se quedaron boquiabiertos con la revelación de su abuela-. Ya os dije que era una historia larga, así que empecemos por el principio.

“Mis padres habían decidido cambiarme de instituto, dadas mis malas calificaciones y mala conducta, y por tanto, la causa de que tuviera que repetir 2º de secundaria. Mi nuevo colegio se llamaba ‘Pedro I, el Grande’, en honor al zar que logró unir todas los estados que conformaban Rusia en el enorme país que es hoy día. Era una institución interna, con su correspondiente –y horroroso- uniforme; para mi suerte, había tanto chicos como chicas. Eso sí, con habitaciones separadas.

Las clases empezaron el primero de septiembre, para entonces, yo llevaba ya una semana viviendo en mi nuevo infierno particular. Desde la ventana de mi habitación, situada en la tercera planta del edificio B, se podía ver el enorme patio delantero, que serviría más adelante como sitio de recreo cuando el curso diese comienzo.

Dicho patio estaba lleno de familias que se dedicaban a abandonar a sus hijos a su suerte en los gruesos muros del internado, para vivir libres su vida sin la carga de un adolescente problemático, o un niñato llorón que aún moqueaba cuando les daba por llorar por cualquier cosa. Cuánta hipocresía había en aquellas despedidas, y lo fácil que era verlo desde mi posición. Miraba todas y cada una de las ridículas despedidas, riéndome en mi fuero interno, pero sólo una fue digna de mi atención.

Una chica morena, de cabello corto y rebelde que se desperdigaba en todas direcciones, se despedía de un hombre fornido de cabello castaño corto, una perilla extremadamente bien recortada y gafas oscuras, vestido con un traje negro y camisa blanca. Él le hablaba, pero la chica no le hacía caso. Sus ojos claros estaban fijos en el suelo, ignorando toda conversación que pudieran darle. En algún momento, el hombre la atrajo hacia sí y le dio un amago de abrazo, dado que la chica estuvo ausente en todo momento.

Oí pasos y el sonido de unas ruedas provenientes del pasillo. Segundos después, la puerta se abrió y una chica de cabellos castaños y ojos marrón chocolate entró a la habitación. Su cara aniñada y su mirar extraño me inspiraron un sentimiento que bien podría decirse de confianza.

-Hola, me llamo Natasha Smarnova –se presentó, alargando la mano en señal de recibimiento-. Al parecer vamos a ser compañeras de habitación, …

-Elena Katina –me presenté-. Pero puedes llamarme sólo Lena.

-Mucho gusto, Lena –asintió, y poco después se dispuso a organizar sus cosas en su parte de la habitación.

Me quedé observándola, la mitad de mi tiempo, pues la otra mitad se dispensaba en intentar ver algún cambio en el gesto de aquella diminuta pelinegra que se había ganado el poder de mi atención.

-Es Yulia Volkova –intervino Natasha.
¿Pero cuándo demonios se ha colocado esta chica a mi lado? ¿Es medio fantasma o qué?-. Lleva aquí prácticamente toda la vida; sus padres fallecieron siendo ella una niña y desde entonces su tutor legal la envía aquí año tras año. No intentes cambiarle la cara, porque siempre la vas a ver así. Es lista, sí, pero parece un fantasma que recorre el internado. No interacciona con nadie, excepto con ese chico rubio que está junto a ella, Víktor.

-Oye, ¿y tú cómo sabes tantas cosas? ¿Eres la cotilla oficial del colegio o qué? –pregunté, en broma, aunque un poco a la expectativa a la respuesta de Natasha.

-Bueno, llevo las ganas de saber en la sangre. Mi padre es periodista, así que me ha inculcado el “querer saber” desde pequeñita –respondió-. Volkova es algo así como la atracción principal para los alumnos, pero prohibida.

-¿Por qué?

-No lo sé. Si no interactúa, ¿cómo voy a saberlo?

Nunca me había gustado el colegio, pero, por primera vez, estuve deseando que llegase el primer día de clases. Y todo, por culpa de esa “sombra de persona” que era Yulia Volkova.
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vane_gaga
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por vane_gaga » Vie 17 May 2013 17:26

conti xfa linda =)
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Sab 18 May 2013 14:57

continua!!!!
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por Zurc » Dom 19 May 2013 13:28

Continua Me gusta mucho
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Demian Stark
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por Demian Stark » Vie 24 May 2013 07:37

CAPÍTULO 3

Cuando el reloj de pared dio las campanadas señalando las diez de la noche, Elena decidió que los niños ya habían tenido suficiente “historia larga” por ese día. Lo cierto era, que no sólo fueron los graves sonidos del reloj, sino tanto la llamada de Kyra, la amigable cocinera, como el rugido de sus propios estómagos, les hicieron levantarse de sus lugares y dirigirse a la espaciosa cocina-comedor, para degustar qué extraño, pero delicioso, plato había preparado esta vez la entrañable cocinera.

Tanto Samir como María querían seguir oyendo la historia de su abuela, pero ésta, utilizando los viejos trucos de la recompensa, se los quitó de encima prometiéndoles una larga y explicativa sesión diaria. Así, ambos chicos, no muy conformes, subieron a sus habitaciones, a disfrutar del poco tiempo libre que Elena les dejaba antes de apagar las luces hasta un nuevo día.

Mientras tanto, en una habitación de abajo, una única luz seguía encendida bien entrada la medianoche. Procedía de la enorme biblioteca que Elena había pedido traer desde su casa en San Petersburgo, hacía ya mucho tiempo. Había decenas de estanterías, con centenares de libros de diversos tamaños, texturas y grosores. Todos los libros que la rodeaban, los había leído al menos una vez, dos, tres… o todas aquellas que hiciesen falta para llevarla a un mundo donde ella era dueña y señora. Algunos los tenía desde incluso antes de nacer, heredados de su padre, de su madre o sus hermanos; otros fueron regalo de familiares, amigos y pretendientes; algún que otro fue regalo que ella misma se hizo, cuando el silencio de su vida se volvió demasiado silencioso incluso para ella. Pero había uno, de aspecto desgastado y doblado por todas partes, como si lo hubiesen llevado constantemente en el bolsillo, que no tenía tapa, ni siquiera anillas, y estaba escrito a mano. Más bien, era un acúmulo de hojas sueltas, que alguien había unido mediante grapas, simulando así el aspecto de libreta.

“Si solo una hora de amor tuviera y fuera esa mi ultima hora, una hora tan solo para amar sobre esta tierra, para ti toda mi hora fuera”

Una sonrisa apareció en el rostro de Elena cuando leyó la cita de Otelo que había escrito en la primera hoja de la libretilla. No sabía ya cuántas veces la había leído, cuántas veces había pasado sus dedos por aquellas hojas rayadas y amarillentas, llenas de tinta y lápiz; ni tampoco era capaz de llevar la cuenta de cuando había sonreído como una tonta al recordar las veces que la voz de esa pequeña chiquilla con aspecto de duende se lo había repetido, tanto escrito como susurrado.

Elena era capaz de recitar todo el cuadernillo de memoria, con una fluidez y rapidez mayor que incluso las oraciones que le habían enseñado desde pequeñita. Lo había leído tanto, con tanta minuciosidad y dedicación, que terminó haciéndose un hueco en su memoria, en parte de ella.

-Si no pude tenerte a ti, al menos aún conservo tus pensamientos, mi pequeña duende –susurró la pelirroja contra la libreta.

Elena se sirvió un poco de vodka en un vaso bajo de cuello ancho, le echó un par de cubos de hielo y se lo llevó a la mesilla al lado de su sillón predilecto. Apagó las luces, dejando únicamente la de un flexo que le iluminaba el regazo. Bebió tranquilamente de la transparente bebida, echó la cabeza atrás, y abrió la libreta por una página al azar.

19 abril
¿Se puede haber vivido tanto tiempo en la oscuridad? ¿Puede alguien contar el regreso a sentirse vivo, volver a sentirse parte del mundo? No sé si habrá alguien más… porque es así como yo me siento.

Yo, que me he pasado prácticamente toda la vida en ese maldito internado, por fin atisbo un halo de luz dentro de tanto tiempo en tinieblas. Casi podría decirse que he tenido que atravesar océanos de tiempo para encontrarla… Y ahora, que la tengo aquí, conmigo, dormidita hecho un ovillo, tapada estratégicamente con la sábana, con un gesto de tranquilidad absoluta en su carita, que me dan ganas de achucharle los mofletes sólo para molestarla… Es algo muy tentador; pero dado que lleva un par de días cuidándome, sin dormir, por culpa de la fiebre, no puedo quitarle el lujo de visitar a Morfeo durante un rato.

Aún sigo preguntándome qué ha visto ella en mí. Quiero decir… yo era el fantasma del internado, y he dicho bien, era. ¿Cómo fue capaz de entrar en esa armadura, fría y dura, llena de escarcha y óxido, y llegar hasta mi corazón? Aún sigo pensando que no la merezco, que yo nunca haré por ella lo que ella ha hecho por mí. ¿Qué me viste, Elena? ¿Qué me viste?

Todavía me cuesta creer que tenga a alguien tan perfecto a mi lado, cuando yo soy casi una abominación a la naturaleza… Todavía eres capaz de embelesarme con tus mágicos ojos verdes ¿o eran grises?; todavía me encanta tumbarme a tu lado, y juguetear con tus rizos pelirrojos hasta hacerte rabiar, me gusta provocarte esa falsa rabia tan adorable, porque sé que te gusta, aunque lo niegues, mi linda pelirroja; todavía me encanta mirarte fijamente, como examinándote, y tu te vuelves roja casi como tu cabello, me quitas la cara, pero yo te busco, y así, jugueteando, consigo ese tan ansiado beso de buenos días que te empeñaste en retrasar una y otra vez; todavía me gusta tu pudor cuando llega la noche, y a la tímida luz del par de velas colocadas estratégicamente en la habitación, nos desvestimos mutuamente, con deliciosos y húmedos besos entremedio, con algún que otro suspiro y gemido que escapan de nuestras gargantas, y palabras de amor susurradas una y otra vez al oído, como preludio a una larga noche de insomnio voluntario, una noche en que no me cansaré nunca de querer hacerte mía de todas las maneras posibles.

Y así precisamente estaba ella, hecha un ovillo, con unas sábanas un tanto infantiles para alguien que pasaba ya de los 15, de costado, con una mano bajo la mejilla y la otra perdida entre las sábanas, con el cabello suelto sobre la almohada; las mejillas, llenas de pecas mostraban un ligero rubor; y los labios, finos y sonrosados, mostraban una ligera curva hacia arriba. A su lado, se podían ver los pies de alguien más, posiblemente de aquél que hizo la foto; enredados también con las sábanas, uno de ellos con un calcetín que le llegaba tan sólo al tobillo, morado claro, con dibujos de rombos blancos y negros.

Elena sólo se dio cuenta de que había lloraba cuando una lágrima cayó sobre la pequeña foto de cámara Polaroid que acompañaba el escrito. Rápidamente aspiró con fuerza, reteniendo así las ganas de llorar que se habían instalado en ella, se pasó el dorso de las manos repetidamente bajo los ojos, evitando así la caída de esas gotas saladas que demostraban su tristeza.

Quiso ahogarse de nuevo en el típico líquido transparente ruso, pero cuando se llevó el vaso a los labios, no sintió la acostumbrada quemazón cuando atraviesa la garganta. Con un suspiro de frustración, Elena dejó abandonado el vaso y se levantó del sillón, llevando de nuevo la libreta al hueco donde acostumbraba.

-¿Por qué me dejaste ir? Yo habría hecho cualquier cosa por ti… -susurraba, cuando el hipo producto del llanto le dejaba hablar-. ¿Por qué tuviste que abandonarme?

Entre susurros y llantos, Elena se retiró, caminando a oscuras, hasta su habitación. Gracias a eso, a la capacidad de su abuela para orientarse en la oscuridad, ni Samir ni María fueron descubiertos, pues habían salido afuera, quedándose en la parte alta de la escalera, en silencio, quietos, escuchando el llanto y las palabras de desespero de su abuela.

Samir fue el primero en hablar una vez Elena desapareció.

-Tenemos que encontrar a esa tal Yulia Volkova, María –susurró el chico castaño-. Nunca había visto a la abuela así… ni tan siquiera cuando murió el abuelito Andrey…

-Vale, pero ¿has pensado ya cómo vamos a hacerlo? Estamos en medio de la nada, casi no podemos salir de aquí sin que la abuela lo sepa. Además, no tenemos a nadie que nos ayude… -apuntó su hermana.

-Ya nos las apañaremos –intervino Samir, antes de levantarse y seguir a su hermana hasta sus respectivas habitaciones del piso superior.
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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por Zurc » Vie 24 May 2013 12:35

Tengo mucha curiosidad de saber porque se separaron Lena y Julia
Continua!!!
Te Quiero Apasionadamente... Y Te Quiero Apaciblemente... Puede Que El Amor Eterno Sea Eso, Esta Mezcla De Paz Y Fuego.

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Re: Mujer contra mujer

Mensaje por azul23 » Vie 24 May 2013 21:17

contiiiiii me gusta la historia y el trama ...
Te voy a dar todo el amor del mundo, te voy amar, segundo tras segundo. Te amaré a cada instante, porque no hay nada más bello que amarte.

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Dom 26 May 2013 14:55

continua!!!
En fin, el amor si existe y viene en forma de pizza.

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por vane_gaga » Dom 26 May 2013 15:00

continua linda!!
“Siempre es consolador pensar en el suicidio: de este modo se puede sobrellevar más de una mala noche” “La única diferencia entre dios y yo es que yo existo”. Friedrich Nietzsche

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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Dom 26 May 2013 23:01

Interesante manera de plantear la historia. Continúa :)
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Demian Stark » Mar 28 May 2013 15:02

CAPÍTULO 4

Elena se despertó al día con un leve dolor de cabeza. Uf… ya no estaba para los trotes sentimentales de antaño, ni tampoco para elevar los niveles de alcohol en su sangre, al menos, no de forma no premeditada.

En el salón se podían oír las voces de María y Samir, discutiendo, como siempre, por el desayuno: que si las tostadas están demasiado quemadas, que si la leche está demasiado fría, la mantequilla ha decidido desaparecer… peleas de buena mañana entre hermanos, lo más común. Al fin y al cabo, ella también lo hacía con Iván, y seguramente, de seguir viviendo en la misma casa, ella y su hermano mayor habrían agotado a sus nietos con sus interminables peleas madrugadoras.

Dejó que sus nietos se pelearan como todos los días del verano que pasaba con ellos; nunca los había logrado separar, ¿por qué iba a hacerlo ahora? Así que los dejó, cogió una taza del armario, se sirvió café y se preparó un par de tostadas mientras veía a los pequeños discutir. Ciertamente, se había acostumbrado a ver el mismo espectáculo día tras día, y ahora lo esperaba cada mañana. Lo extrañaba cuando no ocurría.

Después del accidentado desayuno, cada cual se fue a lo suyo. Elena se encerró en su querido estudio para continuar escribiendo un nuevo best-seller, como acostumbraba desde que había salido del instituto. Antes era un simple hobby, dado que su trabajo como psicóloga no le dejaba el tiempo suficiente; pero desde que se jubiló hacía unos cuantos años, escribir se había convertido en su pasión. Igualmente que los días en que no veía a sus nietos discutir, los días que no escribía se sentía anormalmente rara.

Y por su parte, libres de la supervisión de su abuela, Samir y María se habían aventurado de nuevo a esa cabaña en la parte trasera del jardín de la casa. Buscaron la caja en la semioscuridad, pues la tenue bombilla había dado de sí en cuanto ellos entraron. Abrieron puertas y ventanas, y gracias al cielo hacía un día soleado, por lo que no tuvieron problemas para seguir investigando.

Nada había sido movido desde que ellos fueron sacados de allí, la tarde anterior, al ser descubiertos. Ni tan siquiera el travieso Volk había hecho de las suyas, como acostumbraba. Algo les decía que, para que el travieso perro no irrumpiera allí como en todas las demás estancias de la finca, debían haberle enseñado.

Los chicos sacaron todo el contenido de la caja, en busca de algún nombre, lugar, teléfono o cualquier cosa que les ayudase a encontrar a esa misteriosa Volkova. Libros, libretas, álbumes, discos, dibujos, películas… la caja tenía de todo, pero no sacaron nada en claro. María miró su reloj, y vio que eran cerca de las dos de la tarde. Se habían pasado casi cinco horas buscando, para dejar el suelo lleno de trastos y ninguno servía.

El estómago les rugió, así que decidieron posponer la búsqueda hasta la mañana siguiente, pues a la tarde tendrían sesión de charla con su abuela. Pensándolo bien, quizá con eso podrían averiguar algo. Una sonrisilla apareció en la cara de María.

Cerca de las seis de la tarde, se repitió la misma estampa que la tarde anterior, y como ésa, hubo muchas más. María y Samir en el sillón-columpio; Elena en el sofá de mimbre acolchado y Volk a los pies de ésta, en un estado entre despierto y dormido.

“El primero de septiembre llegó en forma de odioso lunes y el despertador sonó a las seis y media de la mañana de forma horrenda. Me volví a tapar con las sábanas, acurrucada entre el calor de mi cuerpo y las cobijas que impedían que saliera al exterior.

De nada sirvió. Una espabilada Natasha me sacó de mi capullo recién hecho, llevándome a la realidad del mundo. Hoy empezaban las clases.

-Venga arriba, dormilona. No querrás llegar tarde a tu primera clase, ¿verdad?

Plof… vaya motivación. Precisamente por eso, por no asistir debidamente a clase, fui expulsada de mi anterior instituto. No, Smarnova… esa amenaza no me da miedo en absoluto.

Fue entonces cuando un chorro de agua fría escurrió por mi cabeza. Salté de inmediato, con parte de la cabeza mojada, la cara, los hombros y un poco la espalda y el pecho. A mi lado, una victoriosa Natasha sostenía un vaso vacío, aún goteando, encima de mi cabeza.

-Puedo ser muy persuasiva, Katina.

Natasha salió de la habitación, supongo que al enorme comedor donde convergían alumnos de todas las edades escolares. Aproveché y me duché, me puse el odioso uniforme (camisa de manga larga blanca, con el escudo cosido en un bolsillo a la altura del pecho derecho; una falda un poco por encima de la rodilla, lisa, azul oscuro, casi negro; un suéter sin mangas del mismo color y corbata a rayas esmeraldas y plata), y salí de la habitación.

Eran las siete y media cuando aparecí por el comedor. Apenas había gente ya, suponía que ya estarían en sus respectivas aulas, o correteando por ahí buscando algo con lo que entretenerse. Únicamente una chica morena de cabello corto seguía sentada en la mesa. Cuando me acerqué con la bandeja llena, me percaté de que era Yulia Volkova.

Mantenía su vista enfrascada en un libro de tamaño olímpico, mientras una tostada a medio comer era mordida por una hilera de dientecillos blancos. Me senté enfrente suya, y empecé a imitarla, con la ligera diferencia de que yo engullía mi desayuno.

-Buenos días –saludé, intentando sonar lo más casual posible. Había pasado una semana desde su llegada, y aún no había tenido oportunidad de tan siquiera acercarme a ella. Ese chico rubio, Víktor Azarov, no la dejaba ni a sol ni a sombra, imposibilitándome hablar con ella. Sentía curiosidad, tenía que decirlo; quería comprobar si la leyenda que corría de boca en boca era cierta.

-Bu…buenos días –tartamudeó, de una forma que podría decirse adorable. En el poco tiempo y tono en que habló, pude ver que su voz aún era muy aniñada. Toda tranquilidad que había mostrado apenas segundos antes, se vieron sustituidos por un ligero movimiento nervioso.

-¿Por qué estás aquí tan sola? –pregunté. Quería oír de nuevo su voz, y que perdiera esa timidez nerviosa que la recorría-. Todos están ya en sus clases.

-Viktor no está.

-¿Y por qué tendría que estar él?

-Es mi amigo.

-Si tú lo dices… Ese rubio más bien parece un muro. Vente conmigo, cuando terminemos el desayuno, y te presento a mis amigos.

-No hace falta.

-Venga… no me hagas rogar –y le puse mi mejor carita de niña buena, esa que ni siquiera mi padre en su estado más enfadado se resistía. Sus ojos azules me miraron, no sé con qué sentimiento realmente, era una mezcla muy extraña lo que pude ver-. Cuando lo hago me vuelvo aún más pesada; y supongo que tú no querrás eso, ¿verdad? –una pequeña sonrisa apareció en sus labios, y sentí que esa mierda de despertar que Natasha me había proporcionado había merecido la pena.

Pero mi alegría duró poco. Cuando parecía que había conseguido dar un paso con esa diminuta morena, el chico Azarov apareció por la puerta, repeinado con gomina hacia atrás, con sus ojos claros y una mueca que rebasaba petulancia, vestido impecable y haciéndose oír, carraspeó desde la puerta y su gesto de cabeza hizo que Yulia se levantase de improviso y se marchara con él.

La morena no se despidió, simplemente cerró el libro y se levantó, dejando la mitad de su desayuno en la bandeja. Durante unos segundos, me mantuve estática, procesando lo que acababa de presenciar.

En mi cabecita se agolpaban decenas de ideas, dándose de bruces unas contra otras. Unos simples segundos me habían bastado para ver el poder que el rubio Azarov tenía sobre la chica Volkova. Entonces dos ideas aparecieron a raíz de ello: la primera, o Yulia era extremadamente ilusa y sumisa respecto a ese mastodonte rubio; o ese mastodonte influía con sus gestos y su más que posible fuerza sobre esa minúscula morena.

Sea lo que fuere, estaba furiosa. Y lo mejor de todo, es que no me explicaba el por qué."
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ANA-kaufman vk
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por ANA-kaufman vk » Mar 28 May 2013 15:55

contiiii
Mis dias son tristes cuando no estas en ellos


In your shadow i can shane!!!!


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TheOneWhoDoesntDream
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mar 28 May 2013 18:25

continua!!
En fin, el amor si existe y viene en forma de pizza.

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Zurc
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por Zurc » Mié 29 May 2013 08:59

Jul de sumisa? Interesante
Continua
Te Quiero Apasionadamente... Y Te Quiero Apaciblemente... Puede Que El Amor Eterno Sea Eso, Esta Mezcla De Paz Y Fuego.

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DerujKum
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Re: MUJER CONTRA MUJER//POR: DEMIAN STARK

Mensaje por DerujKum » Mié 29 May 2013 12:54

Continúa :)
*-*-*DerujKum*-*-*

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