TÚ HAS ESCONDIDO LA LUZ EN ALGUNA PARTE // POR: TSVIDERSJA VSELODOVICH

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Tsvidersja Vselodovich
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TÚ HAS ESCONDIDO LA LUZ EN ALGUNA PARTE // POR: TSVIDERSJA VSELODOVICH

Mensaje por Tsvidersja Vselodovich » Mar 02 May 2017 02:21

"Tú has escondido la luz en alguna parte"
Por: Tsvidersja Vselodovich


Nota: No había escrito fanfics hace mucho tiempo. Espero sea de su agrado.

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La habitación anegada de azul, lamiendo las paredes como un cielo en rebeldía, el efecto alucinante del letrero del bar frente al edificio de departamentos.

Oscuridad de media noche, el silencio de aquellos días que la ciudad pareciera haberse desmontado, cual escenario en uno de tantos retrocesos, quién si no aquel espacio tan suyo, que de tan propio le ahuyentó los signos de una vida distinta con menos pausas, con más palabras.

Por qué llegó así? Cambió el sentido de las preguntas, al ya haberse expuesto las respuestas.

Elena apagó la última luz encendida en la mesilla de su habitación. Hacía un mes que la realidad había trepado por sus rizos y se había plantado en sus ojos, encontrando buena anfitriona a la aparentemente eterna, desde hacía 5 años, triste mirada grisacea.

Los recuerdos ya pesaban décadas, y la sorpresa del paso del tiempo llegó casi al mismo tiempo que la resignación. Se acercaba de nuevo, con pasos amenazantes, otro cumpleaños que no festejaría entre sábanas, menos aún sumergida en otro cielo rebelde, el de esos ojos que miraría hasta morir, mismos que hoy lejos pareciera habían quitado su más grande propósito.

¿Qué pasó?

Se preguntaría otra vez, sintiendo la ajenidad volcarse sobre sus ojos, revolverse entre sus visceras y descubrir un vacío. Esta vez era cierto que se iba, no quiso confirmarlo después de los 10 mensajes sin respuesta, nada le dijeron las caricias torpes como un baile olvidado en pocos meses. Se fue así, más que su cuerpo fue la sonrisa secreta, se fueron las charlas al atardecer, y los pasos presurosos de un infante buscando saltar muy alto.

¿Cómo así?

La rutina de su parte más obsesiva, en la oscuridad que no juzga, repasando las posibles causas de una decisión que no fue suya, pero que en efecto alteraría la vida que conocía.

Con Julia hizo todo lo que nunca creyó podría, desde su adolescencia, hasta ya terminada su segunda decada. No había momento que no tuviera grabada su sonrisa, su mirada distraida, desafiante, de bien sabida dueña de su vida desde el primer momento que sus manos se entrelazaron.

Todo se fue como se presentó desde el primer día.

La fama inmediata, la aceptación de todo el mundo, el fin de las presentaciones, el comienzo de una vida de matrimonio civil, la llegada de Victoria a sus vidas. Con la disolución de T. A. T. U. vinieron tiempos difíciles.

Julia.- "Para tí todo será más sencillo, aún tienes voz, siempre has sido más talentosa"

Recordar sus palabras le traía la respuesta a todos los acertijos que nunca debieron existir. Sus débiles pilares para sostener la ilusión de que algo repentino le había arrancado una porción de su vida.

Lena cerró los ojos, como cada vez que se estrellaba contra sus carencias más profundas, todas abreviadas en el nombre de Volkova. Por arte de magia en el espeso limbo de sus pensamientos se dibujaba en luz naranja un mechon de cabello esparcido en la almohada, la linea media de un torso menudo, un lunar habitando el costado en uno de sus senos, dos orificios exquisitos al final de la espalda con la medida exacta de sus indices al tomarla por el talle.

Elegía a esa otra en estos instantes. Del catalogo de gestos y caricias tomó aquellos que le hacían sentir que Julia era más suya y los vistió con las últimas palabras que no dejaban cabida a ninguna duda. “Cántame de nuevo la canción, sólo para mí”, susurraba Julia a medio extasis aferrada a su cuello, con sus piernas aprisionando la mano derecha de la pelirroja, la voz más dulce con “Zachem ya” en su oído
Oculta en el hueco entre su cuello y su barbilla pensó vivir cien años, hasta que tres lustros la arrebataron con las expectativas que a una mujer rusa se le imponen. Jamás lo habría imaginado. Julia siempre le recriminó su angustia de hija de familia tradicional, su prisa por completar el resto de deberes, si bien no podía cumplir con el de la heterosexualidad.

“Parvis es muy dulce, me invitó a la mezquita. Puedes cuidar este fin de semana a Vika?”

La historia de amor se disolvió poco a poco.

“Tú no sabes lo difícil que es criarla! El último disco fue una burla! T. A. T. U. se acabó, qué vas a hacer?”
Un camión grande seguido de una limusina se llevó su vida aquella tarde. Incapaz de mover cualquier objeto, dejó el departamento igual que su existencia: abandonado, lleno de huecos.

El viento entró violento por la ventana abierta de lo que fuese antes la habitación de Victoria, suspiró dejando que el eco llenara el espacio inmenso. No había más juguetes tirados en el piso, ni vestidos diminutos colgando del armario. Sólo la sensación de otra época más luminosa pendía de la orilla de una mecedora.

Lena sonrió con los ojos cubiertos de unas lágrimas incipientes. Esta vez no era por Julia, o por Vika, era por ella misma. Hacía cuatro años que todo se despidió, que la casa misma le sacudió por los hombros suplicando entender que no volverían.

El florero recién colocado en la mesa parecía hablarle: “No vendrán a decirte cuán bellas son las flores, nunca sabrás si las cortinas nuevas les gustarán”.

“Samir es el nombre que la ex cantante Julia Volkova y su actual pareja Parviz Yasinov eligieron para su primer hijo” repitió como eco en su mente, el sonido de la televisión en la noticia que miró por casualidad hacía medio año.

Recordó uno de tantos juegos de su adolescencia. Julia subiendo al tren en el último momento, divertida del rostro de Lena distraída. Cuántas veces el juego se trasladó a sus pesadillas más recientes, quedándose sola en la estación viendo a Julia marcharse en un tren del cual no sabía el destino.

(Nuevo mensaje)

Lena tomó el móvil, un frío le congeló la espalda en cuanto vio un número desconocido seguido de las palabras más ansiadas y al mismo tiempo inesperadas: “Estás en casa?”

“Julia…” repitió la pelirroja paladeando cada letra de su nombre, con la cabeza dando vueltas, temblando tanto que se esforzó en no castañear los dientes.

Sin encender las luces salió al pórtico del departamento. Una camioneta de lujo estacionada al frente dejó ver a través de los cristales el rostro de una indecisa Julia Volkova observando a Lena.

Se acercó a ella sin atreverse a levantar la mirada. Lena disimulando el temblor en sus manos le cedió el paso al departamento.

Julia.- Te han cortado la electricidad?
Lena.- No, estaba por irme a la cama, ya es algo tarde.
Julia.- Tarde para todo?

Elena se quedó en silencio observándola. Siguió con la vista el movimiento de las manos de Julia al posarse sobre la mesa, aún con las luces apagadas, bañada de luz cetrina ahora ella, como el resto de la estancia. Una parte de ella seguía sin creer que al cabo de cuatro años estuviera ahí de frente, con miles de cosas que decir y al mismo tiempo el temor de mover el músculo más mínimo y desvanecer la imagen.

Lena.- Es en serio que estás aquí?
Julia.- Perdóname. No vengo esperando olvides todo. Sólo que los recuerdos no me dejan.
Lena.- Acabas de tener un hijo… a su hijo…
Julia.- Sí, pero he tenido que evitar mencionar muchas cosas de mi pasado, olvidar partes importantes de mí. A costa de qué?
Lena.- Dijiste que debías ver por Vika, que nuestra relación no iba para nada bueno. Te cansaste de correr contra la marea, hoy eres toda una dama. La señora de Yasinov… Parece que veo orgullo en tu porte cuando recibes ese mote en la prensa…

Pero Julia no quiere seguir escuchando, se ha mordido los labios y el corazón al volver a ver esos rizos naranjas acariciar la ´tersa y blanca piel en los hombros de Lena.

Julia.- Las sombras siempre han hecho que resalten los angulos de tu rostro, parece que brillan tus mejillas, como bañadas de luna…

Dos pasos largos bloquean el paso de cualquier soplo que no sea su aliento invitando a los labios de Lena a unirse a un sinsentido. Deja el beso para después, sólo es su mirada recorriendo cada centímetro de las cejas castañas, sus dedos dibujando el contorno de su cuello y clavicula. Las lágrimas caen, lentas al inicio, desesperadas después.

Lena.- Cásate conmigo, huyamos de Rusia. No me importa lo que has hecho. Quédate…
Julia.- Perdóname, mucho tiempo creí que lo que sentí contigo era otra cosa menos amor. Me convencí hasta cierto punto. Lo siento ahora, sí te amo…

Lena sabe que si da más espacio a las palabras podría perder la visión que se presentó de pronto a su puerta. Al abrazar a Julia no hay pasión, es el contacto de una vida con el motor ahogado encendida al recordar el tacto de sus manos. No buscan nada bajo sus ropas, mil besos en el rostro abren la puerta de la habitación y se tumban en la cama, llorosas, con un dolor en el pecho que no se va pues este no es un reencuentro.

Julia.- Vika te extraña, pero no puedo volver. Me arrepiento tanto de muchas cosas que hice, no tengo cara para afrontar más perdidas. Ya hice una vida, Vika tiene un padre en Parviz…

Lena.- Y a qué veniste? A probarte que tu amor por mí no es más fuerte que lo que tienes ahora?

Julia.- No debí venir, tienes razón. Me da gusto saber que estás bien.

Lena.- Es en serio, Julia?

Julia.- No sé qué hacer. Es la verdad. No me perdonaría que Victoria pase por otro duelo ahora que en la escuela presume tanto que al fin tiene un padre

Lena.- A qué viniste?

Julia.- A despedirme de ti. Me convierto al Islam y doy por olvidado todo mi pasado. Moría de ganas de mirar tus ojos bellos por última vez, pero no así, me parte el corazón. No me pude resistir…

La morena se recargó en un codo y acarició el rostro de Lena, cerrando los ojos dio un largo beso en la frente. Aspiró por ultima vez el olor de sus rizos y apenas rozando sus labios en un beso se dispuso a marcharse.

Lena no abrió los ojos. Sólo quedó el mismo silencio, no hubo ruidos de auto al arrancar, ni tacones haciendo eco en la estancia. Fue el viento a través de la ventana quien cerró la puerta de forma estruendosa.

Otra noche reconstruyendo charlas que no pudieron ser, reviviendo su partida como si fuese reciente. A cada paso de la memoria se siente la angustia, como si ya habiendo leído el libro de su abandono, se preparase para llegar al nudo y desenlace de su historia solitaria.

“Tú has escondido la luz en otros ojos,
porque desde que ya no existes
nada de lo que está junto a mí amanece.”
Tercer poema de ausencia
Homero Aridjis

FIN
Time will prove everything...
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maipuflita
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Re: TÚ HAS ESCONDIDO LA LUZ EN ALGUNA PARTE // POR: TSVIDERSJA VSELODOVICH

Mensaje por maipuflita » Sab 20 May 2017 09:14

Qué triste, pero me gusta mucho cómo está escrito...

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