ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

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Fiona
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Fiona » Sab 20 Abr 2013 17:28

.dwarf.
Lucha por Tus sueños!! no dejes que nadie te los quite...

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crazyforkatina
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Re: Estocolmo II

Mensaje por crazyforkatina » Dom 21 Abr 2013 23:33

Hola, chicos.
Antes que nada, perdón por tardarme tanto en subir continuación, es que me costó mucho llegar al final de ésta historia, me dolieron hasta los huesos :(
En segundo lugar, iba a subirla desde ayer, pero tuve algunos problemas con internet y pues ya no pude :(
En fin, espero que les guste.

Si me lo permiten, les recomiendo que al final del Fan fic escuchen la siguiente canción, (díganme si no está como para que tanto Ximena como Yulia se la dedicaran a Lena: http://www.youtube.com/watch?v=vQfwJCzKLwQ" onclick="window.open(this.href);return false; ) mi novia me hizo la observación de que prácticamente traduce la historia. Lloren mil como yo cuando lo terminé T_T
¡Gracias por leer!


Capítulo 10 (Final)
Por más esfuerzo que hacía en tratar de controlar su respiración para encontrar algo de calma, eso le resultaba imposible. Tenía en el pecho aquella sensación de vacío, de castigo, de dolor. Nunca pensó que pudiera llegar a sentirse así, con tanto miedo, con tanta culpa, con tantas ganas de salir corriendo y simplemente no hacer lo que se suponía necesario. Miró por última vez aquel paisaje de cielo, afuera de la ventana de su palacio; se había comprado un paraíso y se había encargarlo de poner todos los elementos que le hicieran el lugar perfecto para envejecer al lado de quien había elegido como compañera desde el día en que la vio por primera vez. Musitó un poco algunas frases que ni ella misma comprendía, tratando de hacerlas creíbles al momento en que las tuviera que decir. Una lágrima se encontraba al borde de sus ojos claros y no había consuelo que la pudiera retener. Miró la fotografía del día en que se casó con Lena y recordó con un estremecimiento en cada poro de su piel lo hermosa que se veía cuando pronunció que sí, quería ser su esposa. Que sí quería pertenecerle hasta que la muerte los separara. Un nudo le invadió el estómago. Quería detenerse, poseer un poder que le diera la oportunidad de cambiar todo, de irse, de simplemente abandonar todos los planes y ser ella misma quien se la llevara al fin del mundo, a un lugar donde nadie nunca pudiera encontrarlas, a un sitio en donde nada de los errores tuviera importancia, pero se dio cuenta de que no era posible; irse significaba dejar la fundación y algo tan noble como todas las intenciones que tenían al respecto de ella en manos de personas como las que habían hecho a Lena pasar un infierno del cuál había logrado salir por mera suerte. Además, estaban todas las demás cosas: su familia, el caos que se había desatado, Kajsa y su padre, las personas que trabajaban en la fundación, incluso ella misma y Lena. Sabía que el hecho de que la pelirroja se fuera podría no significar tanto para las personas que las tenían en la mira, pero notar que ella escapaba sí podría significar un verdadero problema. La solución momentánea, por muy dolorosa que fuera, era que Lena huyera y se pusiera a salvo, el problema era que la pelirroja no la dejaría ahí, sabiendo los problemas en los que estaba metida: en su mirada se notaba a cada segundo la determinación de estar con ella pese a cualquier dificultad, y eso no era posible: no la iba a permitir ponerse en una situación aún más comprometida. Estaba consciente de que contarle al respecto era darle ella misma una condena de muerte, pues Lena, como lo había prometido ante un juez, no la dejaría sola ni en la salud ni en la enfermedad, ni en lo bueno ni en lo malo. Era una tristeza muy grande y verdadera que tuviera que hacer las cosas de ese modo, pero la vida no le dejaba otra alternativa; la única forma de proteger a la persona que tanto amaba, era haciéndole un daño tan grande como el que se había prometido a sí misma que nunca le haría. La paradoja era ponerla a salvo lastimándola.
Sus ojos se encontraban envueltos en humedad y su corazón mismo hecho pedazos, pero ya no había vuelta atrás; debía de resolver las cosas y no había manera de que esto no dañara a nadie. Sintió un estremecimiento muy grande dentro de su pecho. Sabía que nunca iba a estar preparada para afrontar con todo el valor y la madurez que aquello suponía, pero no había tiempo para volver atrás, para corregir los errores o para siquiera pensar en que todo podía ser diferente; no había escape, no había alternativa: tenía que hacerlo por mucho que le rompiera la cara.
Esperaba a la pelirroja, quien se encontraba aún en la bañera y pensaba en las cientos de cosas que debía hacer para tratar de borrar ese día de su memoria. Unos minutos transcurrieron, y Lena salió con el aire sensual que siempre se había encontrado en su cabello rizado completamente mojado. La sonrisa más amplia se dibujaba en su rostro y Ximena sintió envidia por un momento: ella no se encontraba con todo el dolor y la preocupación que habitaban su ser en ese instante. También se sintió arrepentida, atrapada en la decisión que tomó en determinado momento, decisión que cambiaría para siempre el rumbo de sus vidas.
- L: No sabes qué bien me cayó el baño, estaba haciendo mucho calor, ¿no crees?- le dijo mirándola, mientras la sacaba de su ensimismamiento.
- X: Sí…- respondió apenas pudiendo sostenerle la mirada.
- L: ¿Sucede algo?- preguntó, notando de inmediato que las cosas no estaban bien. Luego le dio un beso que pretendía corto, pero que Ximena no pudo evitar alargar, queriendo conservarlo en su mente. Sin tener idea de cómo es que sucedió, sus ojos goteaban como una auténtica cascada y ella misma había caído en los brazos de Lena, inerme, sin fuerzas, con la voluntad derritiéndose entre sus manos. De pronto fue una niña con mucho miedo, con ganas de mandar todo al diablo, con la inseguridad de qué era lo que iba a pasar, y nada de la certeza que debía asegurarle que todo iba a salir bien. Se quedó en ese abrazo involuntario perdida, con la cobardía invadiéndole y luego simplemente se dejó consolar, trató de aspirar todo el aroma dulce de Lena, recordar qué se sentía, cómo invadía cada parte de sí, como podía curar hasta las heridas más profundas.
- X: Perdóname- pidió una y otra vez, con el llanto impidiéndole claridad a sus súplicas- Por favor, tienes que perdonarme- comentó logrando por fin decir una frase relativamente larga. No se atrevía a mirarla a los ojos, pues cada vez que lo hacía se sentía caer en un abismo de felicidad el cual ya no se creía merecer.
- L: ¿Qué tengo que perdonarte, Xime?... Tranquila, ¿qué sucede?...
- X: No puedo estar tranquila…- dijo- No después de todo…Después de… De lo que te hice.- culminó con dificultad. La pelirroja la miró con severidad y comenzó a acariciarle el cabello.
- L: ¿Qué “me hiciste”, tontita?... Sólo que te refieras a hacerme muy feliz y demostrarme que la vida al final te recompensa con cosas buenas… Tranquila- le pidió besándole la frente, aunque ya sentía que algo muy malo estaba a punto de suceder.
- X: No comprendes- dijo mientras se estremecía con ese contacto.- Lena, ya no soporto más, debo decirte una cosa.- le indicó.
- L: ¿Qué sucede?- preguntó ya un poco asustada por el tono que Ximena utilizó.
- X: Lena… Sólo quiero que sepas que nunca fue mi intención hacerte daño- comenzó sin dejar de llorar, pero con la voz un tanto más firme.
- L: Me estás asustando, Ximena. Me está dando miedo lo que me dices, por favor explícame ya que está sucediendo.
- X: Lena… Por favor, perdóname por lo que te voy a decir. Yo nunca quise hacerte daño, nunca quise lastimarte, simplemente fue algo que sucedió.- le dijo tratando de que sus palabras sonaran convincentes. No podía dejar que la duda le echara a perder todo el plan en ese momento.
- L: Dime de una buena vez que está sucediendo.
- X: Ya no soporto estar así. Debo decirte la verdad…
- L: Dime, ya…- pidió un tanto desesperada.
- X: Te engañé- dijo apenas en un susurro, sintiendo cómo su propia alma era lastimada con éstas palabras. Se hizo un silencio que pareció eterno, y Lena se despegó poco a poco del contacto que mantenían, mientras sus ojos desorbitados mostraban la sorpresa que acababa de recibir.
- L: ¿Qué estás diciendo?- interrogó con incredulidad.
- X: Que te engañé. Tuve una aventura con otra persona-respondió sin atreverse a mirarla a los ojos. La pelirroja se alejó lo más que pudo de ella y sintió como en su garganta se juntaban todos los sentimientos que lentamente comenzaban a matarla. Algo invisible le taladró el pecho, provocándole un dolor para el que no estaba preparada.
- L: No estés bromeando con esto- le dijo finalmente con dificultad.
- X: No es una broma- aseguró avergonzada mirando hacia el suelo.
- L: Lo que me estás diciendo no puede ser verdad. No sé qué sea lo que pretendas, pero no te creo una sola palabra. Te conozco, sé la persona que eres, sé que no serías capaz de lastimarme así…- dijo rápidamente sin darle crédito a las palabras que recién había escuchado.
- X: Lena, por favor… Yo te lo estoy diciendo porque creo que lo menos que mereces es saberlo y porque ya no soporto más. Yo… Te engañé.-musitó de una forma verdaderamente triste.
- L: ¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué?... ¿La conozco?...
- X: No tiene importancia.- aseguró.
- L: Claro que sí la tiene- respondió. Trató de mantener la calma, siguiendo en un estado de incredulidad, de sorpresa. Por más que se repetía las palabras de Ximena, no alcanzaba a creer que eran ciertas, definitivamente ni en la peor de sus pesadillas creyó que podía llegar a sentir tanto dolor provocado por aquella mujer que únicamente había sabido darle felicidad.
- X: Es Kajsa. Comenzó el día de la boda- aseguró mientras su corazón se encontraba cada vez más pulverizado.
- L: ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te casaste conmigo? Era más fácil si ese día simplemente me decías que no querías estar conmigo y te ibas, ¿para qué concluiste la ceremonia?...- preguntó ya llorando abiertamente.
- X: Perdóname, Lena. No quise que las cosas salieran así, pensé que solamente había pasado porque estaba nerviosa, porque no encontraba manera de hallar tranquilidad, pero ya me di cuenta de que no es así…
- L: ¿Y entonces cómo es?... Yo entiendo que a veces las cosas se salen de control, y sé que quizás cometemos errores, que hacemos cosas que preferiríamos evitar, pero… Ximena, sé lo que sientes por mí y estoy segura de que vamos a superar esto, no tienes porque sentirte tan mal… Si lo queremos, podemos dejarlo atrás, podemos…
- X: Es que no me has entendido- la interrumpió soltándose del abrazo que recién habían vuelto a formar. Sabía que algo así podía suceder y ya estaba preparada para enfrentarlo.
- L: Sí te entiendo- confesó con algo de pesar, recordando silenciosamente que en un par de ocasiones ella misma vivió la situación, perdiéndose en los azules ojos de Yulia.- Pero sé que son obstáculos que podemos librar, porque lo importante es lo que sentimos la una por la otra. Eso es todo lo que tenemos y…
- X: Lena, ese es precisamente el problema; yo… Yo ya no quiero estar contigo.- soltó tratando de ser firme, pero su voz se quebró al instante.
- L: ¿No quieres estar conmigo?- preguntó incrédula.
- X: No. Yo ya no siento nada por ti. Ya no deseo continuar a tu lado porque ya no hay los mismos sentimientos que había hace tiempo. Ya no me estremezco cuando me miras… Ya no…- no pudo continuar, pues el llanto le invadió por completo.
- L: Vete- pidió con cierta calma.
- X: Perdóname, Lena. Sé que en éste momento no lo vas a ver de esa manera, pero es lo mejor que podemos hacer.
- L: Sal de la habitación, por favor- volvió a pedir, ya con menos calma. Ximena la obedeció y la pelirroja se quedó allí dentro, sin saber cómo poder acomodar en su mente todas las cosas que volaban sin sentido. Casi recurre a la idea de pellizcarse para verificar no estar en medio de una de las peores pesadillas. Se sentó en la cama y puso sus manos sobre la cabeza, respirando con dificultad. Lloraba de la misma forma en que jamás recordaba haberlo hecho, ni cuando era niña, ni cuando fue secuestrada, ni cuando Yulia logró romperle el corazón de igual manera… Yulia…
Se levantó a prisa y colocó el primer juego de ropa interior que encontró, para también buscar algo para vestir el resto de su cuerpo. Cepilló su cabello mirándose al espejo, dándose un poco de lástima, pensando en que había sido muy ingenuo siquiera imaginar en que la posibilidad de ser feliz se hiciera finalmente real para ella. Sin una gota de maquillaje, salió finalmente del cuarto de baño. Se colocó una chamarra que medio le combinaba con el resto de su ropa y, tomando únicamente su teléfono celular y las llaves de su auto, salió a prisa de la habitación.
- X: ¿A dónde irás?- preguntó mientras se secaba unas lágrimas del rostro. Había permanecido fuera de la habitación con el fin de hablar un poco más sobre aquello.
- L: Lo que haga a partir de éste momento es únicamente asunto mío. No sé cuando venga por mis cosas y no sé si quiero verte cuando eso suceda. Te avisaré después, sólo como cortesía.- dijo de forma fría, aunque en sus ojos quedaban los estragos del llanto.
- X: Lena, no tiene porqué terminar así.
- L: No, no tendría por qué, pero así lo elegiste tú. Con tu permiso- indicó para zafarse de lo que pretendía ser un abrazo. Ximena se quitó, con toda el alma doliéndole.
La pelirroja caminó a paso veloz por aquel apartamento en el que pensó que pasaría el resto de su vida, mientras el llanto continuaba apoderándose de ella. Bajó por el ascensor y finalmente se dirigió hacia donde los automóviles eran almacenados. Apenas y logró encender el suyo, salió a prisa del conjunto y manejó por algunas calles, en un estado que no conocía. Cuando se pasó una luz roja y casi atropellaba a una mujer, decidió que conducir de esa forma no era la mejor de las ideas, por lo que se detuvo cerca de un parque y buscó una banca en la cual pudiera simplemente sentarse y tratar de comprender las cosas. Una vez ubicada ahí, miró a las parejas que pasaban y se lamentó de ya no tener esa suerte. Miró también, a un par de niños rubios que jugaban mientras su mamá los observaba verdaderamente fascinada; sintió cómo todos los sueños de encontrarse así con un pequeño Ödger ahora no eran más que anhelos que nunca se cumplirían . Suspiró por todas las cosas que nunca volverían a parecer fáciles de cumplir. Notó como sus manos temblaban. Se sentía completamente decepcionada; nada de aquello había tenido sentido, ni siquiera era necesario. Nunca había creído tanto en alguien como lo había hecho con Ximena. Nunca le había parecido más sincera sonrisa alguna, nunca se había sentido tan reconfortada con un abrazo, nunca había deseado tantas veces en una sola noche ser dueña de algún cuerpo. Era tanto dolor que ya ni siquiera lo podía llegar a comprender. ¿En qué momento todo cambió de forma tan drástica? No pudo notar algún cambio en las miradas ni en las actitudes. No había nada sospechoso en el comportamiento de esa mujer, ¿cómo carajos se iba a dar cuenta de que todo se había ido al demonio?... Pasó sin que se pudiera evitar, como agua entre sus dedos. ¿En qué había fallado?... La traición que le parecía aún más grave es que fuera el mismo día de su boda… ¿Por qué no simplemente canceló todo y dejó del lado el teatro de que quería hacerla feliz?... Se sintió la más grande de las tontas. ¿Por qué no lo notó ella misma, para siquiera ahorrarse la vergüenza de decirle a Ximena que deseaba darle otra oportunidad?...
Metió la mano en la bolsa derecha de sus jeans y sacó su teléfono móvil. En ese momento no podía pensar con claridad, pero sentía que debía hablar con alguien. Sus colegas eran simplemente eso y realmente nunca había tenido amigos como para recurrir en alguna situación parecida. Otro golpe bajo; había dejado todo del lado porque Ximena era todo lo que quería para su vida. Nada le hacía falta si tenía su abrazo para comenzar cada mañana. “Grave error” pensó para luego simplemente aceptar con dolor aquello de que las amistades se deben conservar porque no sabes cuándo el amor te va a partir en dos y te hará quedar completamente solo.
Luego de reflexionarlo por unos minutos, finalmente se animó a marcar aquel número que jamás se habría imaginado utilizar, aún cuando lo pasó de una hoja de papel hasta su teléfono celular. Le sorprendió la rapidez con que fue respondido y la voz del otro lado de la línea conversó con ella como si en realidad hubiera estado esperando su llamado.
- L: Perdón que te llame… ¿Podemos vernos?...- pidió aún sin la certeza de que estuviera haciendo fuera lo correcto o por lo menos pudiera servirle de algo. La voz del otro lado de la línea aceptó inmediatamente y luego terminaron la llamada, no sin antes acordar los detalles de dónde se verían. La pelirroja continuó llorando durante algunos minutos, pero finalmente logró tranquilizarse. Un hombre que se encontraba cerca rompió la distancia hasta llegar a ella y le ofreció un pañuelo desechable de los que tenía cerrados en un paquete. La pelirroja lo recibió y secó las lágrimas que ya se habían expandido por todo su rostro.
- Me llamo Tom. ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?-preguntó amablemente mientras le entregaba una sonrisa por demás encantadora. Su cabello rubio resplandeció un tanto raro con el sol.
- L: No, gracias… No hay nada que me pueda ayudar en éste momento, pero tu intención es buena- respondió apenas mirándolo.
- T: ¿Qué te ha puesto así?... No está bien que alguien como tú esté llorando de esa forma.
- L: Ya sabes, cosas más, cosas menos…- dijo sin darle importancia.
- T: Espero que no sea un hombre por el que estás así. No valemos la pena.- aseguró sentándose junto a ella.
- L: Afortunadamente no es por un hombre, sino por una mujer- dijo con calma- Aunque en cuanto a los hombres, tampoco puedes generalizar, seguramente habrá alguno que sí valga todo.- completó al notar la mirada verde sorprendida de aquel joven.
- T: Bueno, creo que tratándose de una mujer es un asunto un tanto más serio- aseguró.- Dímelo a mí, que ya llevo tres divorcios y apenas tengo 35 años- dijo medio apenado.
- L: Ya llegará la persona indicada.- trató de consolarle.
- T: La persona indicada estuvo a mi lado durante un tiempo. Cometió muchos errores, me lastimó mucho, pero ¿sabes?... Nadie es perfecto. A veces tenemos que equivocarnos para darnos cuenta de lo que tenemos. A veces simplemente tenemos que vencer el miedo y aprender a perdonar, pero de la forma auténtica que es necesario, no simplemente con palabras, sino con acciones. A veces la persona perfecta no es aquella con la que vivimos sólo cosas buenas, ni con la que sentimos que podemos hacerlo todo, porque la vida es caprichosa y de vez en cuando nos dice que NO, aunque todo esté pintando que será un afortunado SÍ. Tenemos que aprender que lo perfecto no siempre es real y que lo imperfecto, a veces, puede ser lo más auténtico.
- L: Tienes razón- dijo algo conmovida por la manera en que los ojos de aquel hombre se habían llenado de lágrimas.
- T: Yo sé que es así, pero lamentablemente lo supe muy tarde.
- L: ¿Ya no puedes hacer nada al respecto?...
- T: No. La mujer de la que te estoy hablando fue mi primera esposa. Teníamos apenas 20 años cuando decidimos casarnos y ella cometió errores, pero no fue la única; yo también los cometí al no saber perdonarle. Luego de ella, conocí a mi segunda esposa: era la mujer perfecta para todo lo que yo quise alguna vez en la vida, pero lo cierto es que no llenaba por completo mis expectativas: siempre hubo un fantasma…
- L: ¿Tu primer mujer?- preguntó.
- T: No. Mi incapacidad de perdonar, que al mismo tiempo limitó mi crecimiento. No eché a perder las cosas porque pensara en mi primera esposa, sino porque no había aprendido realmente nada de lo que fue estar con ella. Hasta hoy puedo decir que pensaré siempre que es el amor de mi vida, aunque nuestras circunstancias no hayan sido las mejores en el momento en que debían serlo. Pero, ¿sabes qué?...
- L: ¿Qué?...
- T: Que si ella me diera una sola oportunidad, mandaría al diablo todo: el miedo de que me falle, el miedo a ser feliz con alguien que en su momento me lastimó. Sólo me importaría que la vida, entre sus caprichos y sus maneras tan raras de hacer las cosas, me la podría poner nuevamente en el camino.
- L: ¿Y por qué no la buscas tú?...
- T: No es posible. Ella falleció el año pasado, por cáncer. Me buscó para pedirme que la perdonara, me dijo que nada importaba ya, porque yo era la persona con la que ella quería terminar su vida. No fui capaz de aceptarlo. Dios… Si ella estuviera aquí, todo sería diferente. Al menos si hubiera tratado una vez más…- dijo ya con un par de lágrimas en el rostro.
- L: Tranquilo…- dijo sonriendo ante la ironía de que fue él quien inicialmente se acercó para darle “consuelo”.
- T: Sí… Sólo me nació venir hasta aquí y hablar contigo. Sé que a veces pasan cosas que no comprendemos del todo, pero aunque no lo creas la vida y nuestras decisiones siempre se encaminan hacia algo bueno, por mucho que nos equivoquemos o que los planes no salgan de la forma en la que deberían de salir… Entonces, si tú tienes a una persona, no importa lo que suceda: perdona sus errores y agradece sus aciertos. Toma en cuenta todo lo que siente por ti, pero sobre todo, aprende a mirar lo que tú sientes por ella.- le dijo finalmente sonriéndole. La pelirroja se llenó de cierta paz con esas palabras, a pesar de que el dolor seguía siendo grande. Se detuvo un momento a pensar: quizás perdonar verdaderamente era lo que le iba a dar la auténtica felicidad. El hombre se levantó de su lado y comenzó a caminar hacia un rumbo que no tenía completamente claro, perdiéndose por fin de su vista, con todas las palabras dichas ya analizadas por Lena.
Miró hacia el suelo por unos momentos, tratando de comprender las palabras que aquel hombre acababa de decirle; quizás tenía razón. El perdón había llegado solamente en cierta forma, como una manera de no torturarse ella misma, pero, ¿qué tanto podía hablarse de perdón si no se podía hablar de amor?... Quizás era un buen momento para considerar seriamente dar una segunda oportunidad. Unos minutos transcurrieron, mientras Lena trataba de tranquilizarse un poco más; ya no deseaba estar así. Luego de estar completamente ensimismada, el olor peculiar y agradable de Yulia llenó el entorno. No sabía cómo, después de tanto tiempo, le era tan sencillo reconocerlo.
No hizo falta decirle palabra alguna de momento. La pelirroja se dejó envolver por el abrazo que jamás pensó volver a desear tanto. Se sentía completamente segura, con un consuelo tan grande que casi pudo jurar que el tiempo no había transcurrido desde aquella noche en que se animó a entregarse a ella por completo. Unos segundos transcurrieron en silencio, mientras Yulia le besaba sin parar la frente y le acariciaba el cabello con fin de tranquilizarla por completo.
- Y: Tranquila- susurraba sin parar mientras se llenaba de todo el amor de cada caricia con aquella piel pecosa que tanto extrañaba. La pelirroja seguía hundida en el vientre plano de “La Loba”,llenándose los poros con su perfume. Una vez que logró tener algo de calma, secó por completo sus lágrimas, miró hacia arriba de ella, donde se encontraba un auténtico cielo mirándola, profundamente, con todo el amor que nunca se habían atrevido a afrontar a pesar de haberlo sentido hasta en el rincón más recóndito de sus cuerpos y de sus almas.
- L: Perdón que te haya llamado… Yo no sabía a quién recurrir, lo siento…
- Y: Aquí estaré siempre que lo necesites. ¿Qué pasa?...- preguntó sentándose junto a ella.
- L: No importa qué pasa… Sólo quería sentirme bien y aunque no lo quiera, tú logras eso en mí.- aseguró.
- Y: Hey, ese comentario no fue muy amable- medio bromeó frunciendo el ceño. Lena sonrió aún en medio de su tristeza.
- L: No quise decir eso- aseguró rápidamente.
- Y: Sólo bromeo- dijo para tranquilizarla. - ¿Quieres que nos quedemos aquí o prefieres que vayamos a tomar un café?...
- L: En realidad no tengo ánimos. ¿Podemos sólo quedarnos aquí?...- pidió. Yulia asintió y con sutileza hizo que la pelirroja recargara su cabello en ella. Miraban juntas, sin decir palabra, como la mañana se iba muriendo lentamente. El sol pegaba en sus caras, pero no era agresivo. Yulia sentía el calor entre sus dedos, que jugaban con el cabello de Lena. No le hacía falta nada en ese momento. Por instantes su boca se llenó con el sabor amargo de saber que aquello significaba mucho dolor para Lena, pero lo cierto era que de cualquier modo, ninguna de las dos tenía la culpa de las circunstancias en las cuáles se encontraban. “Sólo disfruta de esto” se repetía constantemente, sin poder contener todos los suspiros arrancados por el olor fresco de Lena, por el rostro de belleza melancólica, por la dicha de volver a tenerla entre sus brazos, el sitio de donde nunca debió escaparse.
- Y: Quizás en éste momento no quieres contarme nada-comenzó rompiendo el silencio en el que habían caído durante algunos minutos- pero sólo quiero que sepas que no hace falta. No me importan tus razones, tus motivos, qué es lo que te orilló a por fin llamarme. Sólo me importas tú y sólo me importa estar contigo- dijo de la manera más dulce en que jamás en su vida hubiera podido siquiera pensar algo. Lena suspiró ante éste declaración y luego simplemente sonrió con tristeza, recordando que Ximena constantemente le decía cosas parecidas… Cosas que en ese momento sólo eran mentiras, dichas con quién sabe qué fines.
- L: No quiero que te confundas. No es mi intención hacerte daño, incluso he pensado que llamarte no fue lo más sensato ni lo más justo para ti. Perdón por ser tan egoísta…
- Y: No digas eso- le pidió sellando sus labios con la delicadeza de su dedo de pianista.- Estoy aquí porque deseo estarlo, porque solamente estaba esperando una oportunidad para venir a tu lado. No sé que está sucediendo-mintió sin que la pelirroja lo notara- pero sé que quiero estar contigo para ayudarte a dejarlo atrás. Hemos superado tantas cosas que ya nada me parece imposible. Quizás sí, estés lejos de mí y yo tampoco luché por permanecer cerca, pero de todo lo que siento, no ha muerto nada. Sigue viviendo en mí, haciéndome cada día una nueva oportunidad para que crezca. Te sigo amando, Lena…- le dijo mirándola a los ojos. Su mirada estaba húmeda, de emoción, de tristeza, de culpa, de amor.
- L: Yo sólo quiero que todo esté bien…- musitó.
- Y: Yo sólo quiero hacerte feliz-respondió- Permíteme hacerlo, Lena. Déjame estar junto a ti.
- L: Yulia… Han pasado muchas cosas. Sabes que no sería sincera contigo si te digo que todo sigue intacto, sabes qué ha sucedido conmigo, con Ximena… ¿Quieres que esté contigo así?... Yo no p…- no pudo terminar la frase. Yulia se acercó hasta ella y la besó de manera profunda. Dentro de ambas se encendió algo nuevo, algo que nunca habían sentido cuando sus labios entraban en contacto. Era como si toda la tristeza de pronto se convirtiera en paz. Se estremecieron, mientras el beso continuaba. Las manos de Yulia se quedaron inmóviles por un momento, contrario a la pasión que bajo otras circunstancias las hubiera hecho deslizarse, buscando la sanación en el placer que aquel cuerpo le causaba. Cuando pudo reaccionar, acarició el rostro de Lena lentamente, pretendiendo la memoria táctil, por si en algún momento se daba cuenta de que estar con ella únicamente podía ser un deseo. Se separó lentamente de ella. La miró: era magnífica. No pudo más que soltar una sonrisa sincera, tranquilizadora. Ahora estaban ellas dos.
- Y: Puedes hacer lo que quieras en éste momento. Hagamos una locura.- pidió mientras sonreía.
- L: ¿Qué locura?...
- Y: Vámonos. No lo hicimos hace años porque el miedo fue más fuerte que muchas cosas. No quiero que esto vuelva a suceder. Sólo quiero estar contigo…
- L: Yulia, no podemos…
- Y: Sí podemos. Sé que en éste momento no tienes claro nada, pero yo sí; quiero estar contigo y quiero que te atrevas a vivir conmigo todo lo que se nos negó en su momento. Vete conmigo, por favor.- pidió tomándola de la mano.
- L: Yulia…
- Y: Por favor… Tengo el lugar idóneo, donde nadie nos conoce, donde podemos empezar de cero, hacer todas las cosas que nunca hicimos. Tengo para ti un sitio donde se puede llegar y borrar de la memoria todo lo que nos duele, lo que alguna vez nos hizo pedazos. Por favor, sólo dame la oportunidad de hacerte feliz, de demostrarte todo lo que siento por ti… Sólo anímate, Lena, te puedo jurar que jamás te vas a arrepentir…
- L: ¿Y si no estoy lista, Yulia?... No quiero lastimarte. Estoy saliendo de algo que me resultó muy doloroso… No quiero contagiarte de eso.
- Y: No lo harás. Para mí no hay felicidad mayor que estar contigo. Escapémonos… Nos lo debemos…- aseguró mirándola de esa manera profunda que a pesar de los años, podía seguir estremeciéndola sin piedad. Lena reflexionó por unos momentos; aquello era un escape, ¿qué tan bien estaba simplemente huir? ¿No se quedaría a luchar por Ximena, por compartir su casa, por comenzar las mañanas a su lado?... Ximena había decidido cambiar todo eso por alguien más. Estaba claro que ya no le interesaba que fuera ella quien comenzara todos los días a su lado. Ximena había preferido dejar de lado todos los momentos buenos, todas las dichas, todos los besos, sólo por probar una piel que muy probablemente ni siquiera sería suya por demasiado tiempo. Le dolía el análisis de la situación, pero era algo necesario. No dudó más: si Ximena había decidido caer tan bajo como para vender lo que tenían (lo bueno y lo malo) por unas cuantas caricias, ¿por qué no iba ella a buscar su propia felicidad al lado de alguien que le había demostrado que aún al paso de los años, deseaba estar con ella?...
- L: No quiero herirte…
- Y: Lo harás sólo quedándote aquí, no permitiéndome estar contigo ahora que tuve la dicha de encontrarte de nuevo. Vámonos, Lena.- pidió con toda la sinceridad de su corazón, mientras éste se encogía en la espera agónica de la incertidumbre. Pasaron unos segundos.
- L: Me iré contigo- respondió finalmente mientras la miraba a los ojos. La felicidad llegó como nunca hasta el pecho de Yulia, que sintió como todo su ser se invadía de un sentimiento tan grande que por poco le hacía explotar. Acercándose hasta Lena, la hizo levantarse y la cargó en señal de felicidad. Lena sonrió, aún pensando si en realidad había hecho lo correcto, pero luego supo que no había nada que perder: aún seguía latiendo en ella, aunque quizás no como antes, un cúmulo de sentimientos que le provocaba aquella azul mirada.
- Y: ¿Podemos irnos hoy mismo?...- preguntó haciendo su jugada. Ya tenía casi en las manos la victoria respecto a que se escaparan y aunque era arriesgado hacer la propuesta, el tiempo se estaba agotando y no había otra opción más que apresurar las cosas, que iban a resultar igualmente dolorosas de cualquier manera.
- L: Sí- respondió para sorpresa de ambas. Sólo deseaba irse lejos. Sabía perfectamente que aquello era un escape pero en el instante era parte de lo que necesitaba.
- Y: ¡Perfecto!- respondió más que contenta.
- L: Quizás lo que te voy a pedir sea un poco raro, pero… ¿Podrías llevarme a donde vivía para recoger algunas de mis cosas?... Sólo iré por mis papeles, no hace falta más.- dijo sin mencionar siquiera el nombre de Ximena.
- Y: Claro que sí. Después pasamos por las mías, ¿te parece?...
- L: Sí…- se limitó a responder.
- Pues… Vamos hacia el auto, ¿está bien?... Tú me indicas cómo llegar y todo listo.
- Está bien, Yulia…- dijo comenzando a caminar. La Loba la jaló del brazo con suavidad, logrando darle otro beso al cual no hicieron falta palabras. La tomó de la mano como siempre quiso hacerlo y comenzaron a caminar juntas, hombro a hombro, como si nunca hubieran dejado de pertenecerse. Luego de unos pasos, llegaron hasta el auto de Yulia, quien cortésmente abrió la puerta para permitirle el paso. Pasaron unos minutos conduciendo, mientras seguía las indicaciones de la pelirroja. Cuando finalmente llegaron fue muy evidente, por la ostentosidad de la zona en la que se encontraban. A pesar de que Yulia ya se imaginaba que el “palacio” de Lena era algo por el estilo, verlo ahí, frente a ella, la derrumbó por unos segundos: ¿cuándo podría darle algo mínimamente parecido?...
- Y: ¿Quieres que te acompañe hasta tu departamento?...
- L: No hace falta… No quiero incomodarte, además creo que necesito hablar algunas cosas- comentó. Nuevamente omitió el nombre de Ximena, pero ambas sabían perfectamente a qué se refería.
- Y: Bueno… Cualquier cosa que necesites me llamas al celular por favor, ¿está bien?...
. L: Sí, Yulia, gracias.-comentó una vez que ya estaban dentro, y con el auto prácticamente estacionado. Lena descendió del vehículo y comenzó a caminar, aunque realmente no sentía tener la fuerza necesaria para hacerlo. Presionó el botón del piso en donde tantas cosas quiso vivir y finalmente llegó hasta su departamento. Le dolía el pecho por la sensación de cuando tienes que decir tantas cosas que al final te quedas sin palabras. Logró abrir la puerta a pesar de que las manos le temblaban.
Ximena aún pensaba si había hecho lo correcto. En algún punto sabía que no se encontraría una manera menos dolorosa de hacer las cosas, pero no podía lidiar con la sensación de estar lastimando de aquella forma a la mujer que tan feliz la había hecho con su mera existencia.
Como casi nunca hacía, tomó un par de copas de whisky, llorando como también pocas veces. Luego de unos minutos en completo silencio, ya extrañando todas las cosas que les hubiera correspondido vivir, y con el pecho vacío , trató de tranquilizarse, haciéndose a la idea de que todo estaba realizado ya, y de que finalmente no había otra salida: si quería a Lena completamente a salvo, tenía que ser lejos, muy lejos de ella. Tomó una ducha para tratar de relajarse, pero no lo logró. Miró su teléfono móvil, y quiso por mucho tiempo marcar el número de la pelirroja y explicarle todo, pero se lo prohibió. Finalmente, marcó uno de sus números frecuentes y pidió a gritos ser rescatada. Después de unos veinte minutos, Kajsa llegó hasta su casa, apurada, apenada, sabiendo que la situación era completamente horrible y dolorosa para Ximena, con la intención de brindarle su amistad aunque pretendiera (y quizás nunca dejara de pretender) tener algo más con aquella mujer maravillosa. En cuanto entró por el umbral, Ximena se lanzó a sus brazos, con la fragilidad que nunca se había visto en ella. Lloró sin parar durante algunos minutos, arropada con aquella chica que aunque la deseaba, la respetaba mucho y en el poco tiempo que tuvieron de conocerse, llegó a quererla como solo se puede querer a un amigo. “Tranquila”- repetía Kajsa sin cesar, besándole la mejilla constantemente. Ximena abrió los ojos, aún con lo hinchados que se encontraban y miró directamente los de Kajsa. Supo que podía contar con ella y agradeció eso. El momento era mágico, hasta que la puerta se abrió lentamente, dejando a las mujeres en una incómoda situación, igual que en la que se encontraba Lena, quien desde el marco de la puerta miraba todo.
Con gran enojo, pasó rápidamente hacia la habitación. Ximena fue tras ella, tratando de explicar algo que ni para ella misma estaba claro, sólo siguió el impulso de protegerla, de decirle que todo estaba bien, que lo que acababa de ver no era lo que se estaba imaginando. Ya a un paso de la habitación, la pelirroja cerró la puerta con llave para que nadie pudiera entrar. Sintió sus ojos goteando sin parar.
- X: Lena, por favor, ábreme, tenemos que hablar.
- L: No hay nada que hablar, Ximena. Está claro que no tienes ni un poco de decencia.
- X: Lena, por favor, déjame que te diga todo…
- L: No es necesario- respondió mientras sacaba una maleta del lugar que les habían asignado y comenzaba a guardar algo de ropa, artículos personales, la fiel computadora que utilizaba para escribir y claro, sus papeles. Lo único que tenía claro era que en ese momento deseaba salir del lugar.
- X: Por favor…
- L: Ya te dije que no- dijo por último, comenzando a ordenar sus cosas mientras seguía llorando, aunque silenciosamente, invadida por las más horribles sensaciones. Aquello parecía una auténtica pesadilla. Luego de unos minutos, tomó su teléfono móvil y marcó el número de Yulia, quien casi al instante subió hasta el sitio guiada por las palabras de la pelirroja y se acomodó en la sala, donde Kajsa la miraba sin saber exactamente qué decirse, con la complicidad necesaria, pero la misma tristeza de que las cosas tuvieran que ser así. Pasaron minutos que se hicieron eternos, hasta que finalmente Lena salió, llevándose todo lo necesario en un par de maletas.
- X: ¿A dónde irás?...
- L: Como ya te lo había dicho, Ximena, no te interesa. Toma- le dijo dándole las llaves del departamento- Dudo que en algún momento las vuelva a utilizar- completó con cierta indiferencia que le rompió el pedazo pequeño de corazón que le quedaba a Ximena ya para ese momento. La mujer las tomó entre sus manos, sintiendo el roce de las de Lena.
- X: Espero que algún día entiendas todo lo que está pasando- dijo con tristeza.
- L: No lo esperes, porque no sucederá. No lo entiendo, aún no lo creo, y sinceramente no creo que me sea sencillo simplemente hacer como si nada hubiera sucedido. Deseo que te vaya muy bien, Ximena- dijo sinceramente- Espero que no cometas el mismo error con ella- completó refiriéndose a Kajsa. Ximena agachó la cabeza, incapaz de decir palabra alguna o siquiera sostenerle la mirada.
- X: Gracias por todo…- dijo mientras sentía un nudo en la garganta que poco faltó para que le imposibilitara hablar.
- L: No sé porqué lo arruinaste…- comentó, con el llanto en la cara- Pero supongo que tendrás tus razones. Gracias a ti por hacerme creer, al menos por un tiempo, que no eras igual al resto de las personas.- añadió tristemente.
Lena comenzó a caminar hacia la sala, donde Kajsa y Yulia se miraban con incomodidad. En cuanto la mujer de ojos azules la miró, se acercó hasta ella para ayudarla con las maletas. La pelirroja echó una última mirada al apartamento, invadida por melancolía, por tristeza, por la más profunda decepción. Aquel, que había sido el sitio donde quería envejecer, se había convertido en un lugar del cual quería escapar lo antes posible, pues ya casi no podía respirar ese aire en que se habían convertido promesas que nunca se cumplirían. Todas las palabras, todas las miradas, todas las atenciones en ese momento eran espinas que se clavaban en su piel. Nada había sido cierto. Miró a Kajsa, lucía muy bien ese día y eso le dolió un tanto más: sus ojos, su cuerpo, su manera de mirar… Aquella mujer era completamente hermosa… Y una cínica. ¿Cómo se había atrevido a ir hasta ahí? ¿Por qué?... Sabía que no valía la pena el enojo, pero no podía evitarlo. La fulminó con la mirada, mientras ella solamente agachaba la vista, apenada por la situación. La pelirroja salió con apuro por la puerta y desde ahí miró a Ximena, quien parecía completamente tranquila, imperturbable, como si nada estuviera sucediendo. Pero la pelirroja la conocía, por lo que la miró con detalle. Sus ojos lucían tan tristes como nunca, culpables, melancólicos… Sólo quiso lanzarse a sus brazos y derretirse como lo hacía cada vez que establecían algún contacto, pero las palabras de la sueca aún le dolían: ya no sentía nada por ella. Se despidió agitando la mano y tomó una de las maletas, para comenzar a caminar. Yulia se quedó un poco, mientras Ximena la miraba.
- X: Por favor, cuídala.- le pidió mientras comenzaba a caer el llanto.
- Y: Lo haré- aseguró dándole un apretón de manos y una ligera palmada en la espalda.
- X: Todo está listo. ¿Recuerdas todos los detalles que te di?...- preguntó en el mismo tono bajo que había utilizado antes.
- Y: Todo bien, Ximena.
- X: Estamos en contacto, será pronto, espero.- indicó.
- Y: Sí… Que estés bien. Hasta luego- le dijo a Kajsa y luego salió para seguir a Lena, con la otra maleta en las manos. La pelirroja la esperó un poco lejos de la puerta, y en cuanto la tuvo a su lado, la sujetó de la mano. Ximena sintió como todo el mundo se le iba abajo en ese instante. Se sentía completamente deshecha, pero por otro lado estaba segura de que era lo mejor que podían hacer, la única alternativa. En cuanto las mujeres se perdieron de vista, Kajsa se levantó y cerró la puerta, para luego regresar y abrazarla, consolándola por todo lo que sentía. Ximena se limitó a quedarse ahí, llorando como una niña, aunque era una mujer completa y fuerte, admirada, respetable, íntegra. Sonrió con tristeza. Nada le servía si no estaba Lena con ella.
Yulia y Lena caminaron hacia el elevador, y en cuanto entraron ahí, las fuerzas que Lena había sacado quien sabe de dónde, desaparecieron y la hicieron caer a los brazos de la otra. Lloró sin parar hasta que llegaron a la planta baja, mientras Yulia simplemente la sostenía, sintiendo como propio todo el dolor que reflejaban sus ojos azules. Le lastimaba verla así de mal. Una vez que estuvieron abajo, la soltó repentinamente y comenzó de nuevo a caminar, hasta que llegaron al estacionamiento. Yulia condujo en silencio hacia el departamento en el que vivía, sabiendo que no había palabras que le pudieran servir en ese instante. Una vez fuera de aquel edificio, estacionó el automóvil.
- Y: Perdona que no te invite a pasar, es que tengo todo hecho un desastre-medio bromeó.
- L: No te preocupes.
- Y: Muy bien, no me tardo.-comentó aliviada de que Lena no quisiera entrar al departamento, pues seguramente Anya y Piers seguirían ahí. Caminó hasta su departamento y en efecto, ahí se encontraban aún. Anya seguía encerrada en el sitio donde Yulia la dejó, pero ya no estaba amarrada. Tomó su maleta mientras le lanzaba una mirada fulminante.
- A: Sólo quiero que sepas que no soy peligrosa. Olvidaré todo esto. – comentó.
- Y: Eso me parece bien, porque ahora que estoy con Lena soy capaz de todo. Incluso si ese todo implica venir y matarte con mis propias manos si te atreves a hacer algo que le afecte.-sentenció. Nada se reflejaba en ese momento de la mujer que se estaba derrumbando con lentitud. La rubia asintió con algo de temor, mientras imaginaba las miles de manera en las que pudiera llevarse a cabo esa amenaza. La Loba caminó hasta la sala, donde Piers conservaba la mirada apacible de siempre.
- P: No te preocupes. Confía en Ximena y confía en mí, Anya no va a decir nada, la vigilaré muy de cerca-aseguró.
- Y: Gracias. Sabes que no podemos arriesgarnos a nada.
- P: Lo sé. Tú sólo preocúpate por cuidar a Lena.
- Y: Lo haré.
- P: Hija…- le llamó de manera cariñosa, mientras la miraba con la profundidad de su mirada.- Tienes que saber que no va a ser nada fácil. Hay muchas heridas abiertas y muchas cosas que sanar, que perdonar. A veces las decisiones de vida son más que las de muerte…Aprende de todo esto que ha sucedido, comprende que las cosas tienen que ser así y que no hay más que hacerle que enfrentarlas poniendo todo el empeño en que salgan bien. Yulia… Eres una mujer de admirarse. Todos tenemos un pasado que nos va a perseguir siempre, pero no todos contamos con la valentía de que el presente, y más aún, el futuro, sean mejores que lo que hemos sido… Sólo recuerda que tú puedes hacerlo.- completó mientras le daba un abrazo fraternal. La Loba correspondió el gesto, haciéndose consciente de que durante ese tiempo había nacido en ella alguna especie de cariño que nunca imaginó.
- Y: Espero tener fuerzas para soportarlo- dijo separándose.
- P: Las tienes, Yulia. La vida nos ha preparado para soportar muchas cosas. Recuerda que es cuestión de lobos-completó sonriéndole. Yulia también sonrió y posteriormente tomó la maleta en donde ya llevaba todas las cosas que le eran necesarias para el viaje, que no se componían más que de sus papeles, la computadora de Anya (la cual pensaba llevarse para no darle oportunidad alguna de que pudiera hacer algo) y efectivo, al igual que la tarjeta de crédito que Ximena le había ayudado a obtener y que de hecho pagaba ella misma. Dentro de la maleta también se encontraba un sobre en color negro, que contenía algo muy importante. Se despidió del hombre dándole un último apretón de manos y finalmente se reunió con la pelirroja, quien únicamente se dedicaba a mirar por la ventanilla, probablemente con la cabeza inundada en pensamientos.
- Y: Listo…- anunció subiendo al auto y comenzando a arrancarlo, luego de dejar la maleta en la cajuela, donde también reposaban las que había tomado Lena.
- L: ¿Estamos haciendo bien al irnos?...- preguntó.
- Y: Ya lo creo que sí. No te vas a arrepentir, Lena. Las cosas serán completamente distintas.- aseguró.
- L: Confío en ti- dijo sinceramente. La Loba se acercó hasta ella y le dio un beso corto en los labios. La pelirroja se estremeció por el contacto, y también por la extrañeza de que no fueran los labios de Ximena los que se fundieran en su boca. Yulia notó la sensación, por lo que sin decir nada, se separó lentamente y luego de colocar algo de música, comenzó a manejar hasta el aeropuerto. Una vez que llegaron, fue como si vivieran en un viaje al pasado; las dos estaban escapando, tenían cada poro de la piel lleno de miedo, no sabían qué les estaba esperando, venían de un proceso de completo dolor… Era tan parecido al día en que huían de Moscú que les estremecía de una forma bastante peculiar. Pero ahora las cosas eran diferentes: aún a pesar de las dudas, se sentían fuertes, se sentían conscientes, sabían que nada les podía salir mal.
Bajaron del automóvil y tomadas de la mano entraron al aeropuerto. A pesar de que Lena insistió en ser ella quien liquidara el precio de los boletos del avión, Yulia no lo permitió, por lo cual fue ella quien los compró. Regresó hasta donde se encontraba la pelirroja, y en silencio se sentó a su lado, solamente contemplando la belleza que le daba la melancolía sentida. Luego de unos minutos comenzó a explicarle.
- Y: Salimos en 40 minutos.
- L: ¿A dónde iremos?...
- Y: ¿Prefieres que te diga o quieres la sorpresa?...
- L: Sorpréndeme- respondió sonriendo.
- Y: ¿Quieres que compremos algo de comer?...
- L: No tengo hambre…
- Y: Pero debes comer. Es más, regreso en unos minutos. No te muevas de aquí- pidió entonces mientras se levantaba. Lena asintió y la vio perderse entre la gente. Al paso de unos minutos regresó con un par de malteadas y dos raciones de pay de nuez. – Aunque sea esto… Llegando allá comemos bien.- completó para comenzar a darle pedazos pequeños en la boca. Lena sonrió ante la ocurrencia. Pasaron el resto del tiempo ahí, en silencio, pensando en todas las cosas que pudieron hacer, en todo lo que iban a realizar juntas a partir de ese instante… En todo lo que pudieron dejar atrás y también en todo lo que se avecinaba. Tenían retos personales muy complicados, batallas en cuanto a sus sentimientos, crecimiento personal… Debían de encontrar la manera de hacer soportable la idea de que aunque hubiera algo que aún las unía, ya no se comparaba con la fuerza incontenible de la primera vez en que soñaron estar juntas.
Cuando fue preciso, llevaron sus maletas para que las subieran al avión y finalmente abordaron. La pelirroja no escuchó el destino de origen, solamente se encontraba ensimismaba, atrapada en los pensamientos que no tenían un orden. Sentía tantas cosas que ninguna le quedaba clara por completo.
Una vez arriba del avión, miró por la ventanilla. Las nubes poco a poco iban quedando debajo de ella, cubriendo una ciudad donde las historias fueron múltiples; un sitio que la llenó por igual cantidad de alegría que de tristeza. Sonrió melancólicamente, sabiendo que nunca iba a poder olvidarse de todo lo vivido ahí. Recordó la manera en que Ximena la miró por vez primera, y también la última vez que sus miradas se cruzaron. Sabía que no iba a poder perdonar tan fácilmente todo lo que sucedió, pero le reconfortaba pensar en que las cosas iban a mejorar, que iba a conseguir, como lo había dicho Ximena, entender porqué todo se había dado de esa manera. Se despidió de los recuerdos buenos, de todas las noches eternas, de las caricias que le estremecerían por mucho tiempo. Se despidió de la sensación de poderlo todo, de sentirse protegida, de saber que encontró a un ángel mismo, mezclado entre los humanos… Alguien que era completamente suya…Era… Se estremeció por el dolor. Ya no valía la pena pensar en eso, ahora lo importante era comenzar desde cero. Giró la vista para poder encontrarse con Yulia, quien la miraba intensamente, como solo ella podía hacerlo. Sabían las dos que las cosas iban a complicarse mucho, pero también tenían la certeza de que podrían superarlo. Se acercó hasta ella, sin decir palabra y le dio un beso en la mejilla, haciéndole ver que había una oportunidad aunque sea mínima, de volver a sentir todo el amor que nació en Moscú y que en ese momento, pretendía volver a nacer sobrevolando Estocolmo.
FIN.
Nunca volveré a encontrar inspiración en tus ojos grises. Ya ni siquiera puedo imaginarme quien eres.
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Re: Estocolmo II

Mensaje por crazyforkatina » Dom 21 Abr 2013 23:33

Epílogo.
El blanco de la arena quemaba sus pies. Caminaba lentamente, con aquella piel blanca que lucía con un rubor permanente desde el primer día que pisaron ese suelo. La vida era completamente tranquila en aquel lugar, y con el tiempo que ya había transcurrido, poco a poco se había habituado al clima, que era tan diferente a todos los que estaba acostumbrada. El paisaje le regalaba una vista maravillosa en ese momento: el mar parecía casi transparente y el sol para ese instante se estaba ya ocultando, combinando de manera perfecta con el rojo de su cabello. Todo lucía con la tranquilidad de siempre, incluso los sonidos habituales de aquel sitio le daban calma cada vez que se sentía presionada por alguna cuestión.
Sus actividades habían cambiado mucho desde el primer día que pisó aquel suelo: Phang Nga, en Tailandia, le había abierto las puertas a un paraíso terrenal en el cual se había acomodado una vida bastante tranquila, lejos de absolutamente todo. La espuma del mar iba haciéndose nada, al igual que la marea. Un viento que le refrescó el rostro recién había terminado y en ese momento, con la ropa suave que utilizaba para la meditación en uno de los templos budistas que solía visitar, se encontraba ligeramente mojada por la brisa que alcanzaba a escaparse del mar.
Unos niños jugaban con algo de arena, mientras su padre vigilaba desde lejos que no se le perdieran y entonces ella recordó que Yulia siempre bromeaba diciéndole que cuando tuvieran a su primer hijo, iba a ir a dejarlo a la escuela incluso hasta que estuviera en la Universidad, a punto de titularse.
Las cosas iban mucho mejor que hacía unos meses; ya casi no sentía el dolor de la traición de Ximena, y por el contrario, se había dejado envolver por la ternura con que Yulia le demostraba cada día el amor que sentía por ella. A veces se sentía con un poco de culpa, consciente de que ya no sentía el mismo estremecer de hacía años cada vez que la tocaba, pero de inmediato se borraba, al mirar su sonrisa sincera, causada por alguna situación simple. Los ojos azules de La Loba se llenaban de ternura en cada gesto que tenía con ella; cada vez que le preparaba el desayuno, cada vez que se desvelaban leyendo y escuchando todos los libros posibles. Su vida era tranquila, pues no se sentía con el estrés de escribir, de pagar la cuenta, de vestir ropa que le hiciera demostrar el estatus que tenía en la sociedad. Había decidido tomarse un descanso de todas las cosas que se le convirtieron en rutina cuando habitaba Estocolmo, incluida la escritura y la labor social que en algún momento realizó. Se enfocó en ella misma, en encontrar la felicidad que la vida parecía empeñada en arrebatarle cada vez que le fuera posible. Una tarde mientras paseaba por la playa, conoció a un curioso grupo de personas que se hallaban ahí realizando una especie de “ejercicio de relajación” delante del mar. Se acercó con algo de curiosidad y fue invitada. Luego de esa tarde, todo cambió para ella: todo lo que con la psicología le resultaba tan sistemático, se convirtió en una extensa gama de posibilidades acerca de cómo encontrar la verdadera paz. Sabía que no podía pedir más de lo que tenía en ese momento: había alguien que le amaba, y por quien sentía también algo muy bello. Con el tiempo aprendió que el pasado debía permanecer en su sitio y luego de mucho esfuerzo consiguió olvidar la decepción que en cierto punto le causó lo que sucedió con Ximena. Todas las mañanas se despertaba con la idea de que ese día iba a ser el mejor de su vida: comía todos los platillos exóticos que le mostraban los habitantes nativos de la isla, leía los libros que podía comprar en un mercado de artículos extranjeros e incluso había aprendido un poco del idioma natal. Por las tardes a veces salía junto a Yulia a nadar, o simplemente a caminar por alguno de los sitios que cada vez le resultaban más mágicos. Cuando llegaba la noche, se dejaba envolver por el calor, por la ternura y la pasión que La Loba tenía dispuesta sólo para ella. Agradecía tener la oportunidad de vivir muchas de las cosas que planeó desde el día que se decidieron a escapar de Moscú. Encontraba fuego en esa mirada que igualmente reflejaba ternura. ¡No podía esperar nada más! Toda la felicidad posible se encontraba detrás de las paredes frágiles de la gran choza que comenzaron rentando y que posteriormente se hizo su propiedad.
Era cierto que en algunas ocasiones Ximena lograba colarse en sus pensamientos, tanto con dolor como con alegría. Era inevitable tener recuerdos, suspirar por todo lo que no pudieron hacer juntas, recordar las palabras dichas mientras se miraban a los ojos y hasta imaginar cómo podría ser su vida en caso de seguir con ella, pero lo cierto era que después de mucho tiempo de intentarlo incansablemente, Yulia nuevamente poseía la gran parte de su atención y ya lograba arrancarle sonrisas sinceras, haciéndole sentir todo el amor que había para ella.
En ese crepúsculo su corazón se encontraba profundamente sensible, posiblemente perceptible a algo que estaba por suceder. Luego de caminar durante un largo tiempo por la playa, se encaminó hacia lo que ya era su hogar, y se recostó en el sofá, abatida por el dolor de cabeza que estaba sintiendo. “Debe ser por el ejercicio de hoy”- pensó luego de recordar que en la dinámica budista utilizó en exceso su memoria, quizás forzando a su cerebro. Yulia no se encontraba en casa, por lo que simplemente escuchó algo de música y se decidió a esperarla en la sala rústica que adornaba la estancia de su hogar. Cerró los ojos y, alejándose de todo pensamiento, simplemente se quedó dormida en una incómoda posición.


******
Caminaba por las calles de Estocolmo, cerca del restaurante que visitaba más frecuentemente durante su estadía en aquel sitio. Iba a prisa, como si el tiempo mismo se le agotara y ya no tuviera oportunidad de cumplir con lo que sea que tenía que hacer. Tenía una mirada de alegría como nunca había recordado y en sus manos reposaba una orquídea en una caja de cristal que tenía bordes de oro. Se sentía tan dichosa que pudo jurar que en lugar de caminar, volaba sutilmente, separada del suelo, como si un par de manos invisibles la sostuvieran y le hicieran menos pesado el tránsito. Luego de caminar durante algunos minutos, llegó al lugar de la cita. El atardecer estaba hermoso durante esa tarde y todo lo que sucedía parecía estar en perfecta armonía; los niños jugaban, las aves volaban presumiendo de su libertad, el sol ya se estaba ocultando y las nubes despejadas dejaban ver el azul más hermoso: el del cielo. Se apresuró a caminar hasta el parque donde supuso encontrarla, con el pecho invadido en felicidad, en plenitud. Era como si nunca en toda su vida sus sentidos hubieran estado tan despiertos.
La miró entonces: su cabello había crecido un poco más y lucía quebrado, con las olas traviesas que a veces se mostraban cuando no le daba tiempo de alaciarlo. Lucía como siempre, indefinido: oscuro para ser rubio, pero demasiado claro para ser castaño. Su piel blanca resplandecía de una manera rara que combinaba con el naranja de la tarde y la postura que tenía determinaba que se encontraba esperando. Se acercó sutilmente, rompiendo un poco la distancia y cuando estuvo a punto de llegar para avisarle que había llegado, no pudo más que quedarse paralizada: otra mujer, de belleza realmente extraordinaria, le ganó en su carrera: se lanzó a los brazos de Ximena, quien la recibió cargándola para luego darle un beso prolongado en los labios. Juntas dieron vueltas, mientras sonreían y hacían notar la plenitud que sentían en ese momento que sus corazones se encontraban tan cerca. Su corazón se rompió al igual que el cristal en que la orquídea se encontraba, para que luego ella misma cayera de bruces en el suelo. Las aves que se encontraban cerca, volaron despavoridas por el sonido que acababa de irrumpir la tranquilidad casi armónica del lugar. Aquel alboroto hizo que Ximena y Kajsa, quien había dejado al descubierto su rostro en el momento preciso, giraran la vista hacia donde estaba la pelirroja. Una vez que se concentraron en ella, murmuraron algo y luego se carcajearon abiertamente, hasta quedar al borde de las lágrimas. Lena pedía que pararan, que no continuaran con aquel cruel acto, pero entre más rogaba, resonaba con más fuerza la risa de ambas. Yulia llegaba tras ella, casi al instante, como siempre, y la ayudaba a levantarse, pero lejos de que esto sucediera, caía junto a ella, en una escena que seguramente lucía igualmente triste que patética. Ximena echó una última mirada y junto a Kajsa, comenzaron a caminar tomadas de la mano hacia un rumbo desconocido.
- ¡Ximena!- gritó desesperada la pelirroja. La mujer volteó y le sonrió, para posteriormente simplemente negar con la cabeza.- ¡Por favor regresa!- pidió ya desesperada. Repitió incansablemente el nombre de aquella mujer, quien después de unas ocasiones simplemente la ignoró y siguió con su camino, abrazando de manera protectora a la otra chica. La pelirroja sólo lloraba, mientras Yulia trataba de tranquilizarla. El nombre de Ximena s repetía constantemente, pero no había respuesta alguna.

****
- Y: ¡Lena!- gritó de manera desesperada mientras trataba de sostenerla- ¡Lena por favor! ¡Despierta!- pidió para luego tocarle la frente con una de sus manos de pianista. La pelirroja ardía en fiebre, y sudaba de una manera considerable, mientras musitaba cosas incomprensibles- Lena, ¿qué te pasó? ¿Por qué estás así?- preguntó con verdadera desesperación. Ya ofuscada por la situación, le dio una pequeña bofetada que finalmente la hizo despertar. Sus ojos grises se abrieron lentamente, para encontrarse con los de Yulia, mirándola con absoluta preocupación. Su cabeza le dolía más que en el momento en que se recostó, y pudo notar que el dolor se extendió al resto de su cuerpo, pues se le dificultaba un poco moverse. Como pudo, trató de incorporarse aunque sin éxito.
- L: ¿Qué sucedió?- preguntó un poco desconcertada aún por el sueño que recién había tenido. Todo fue tan real que casi podía sentir todavía el dolor de ver a Ximena “marchándose” con Kajsa.
- Y: No sé, salí a Phuket para traer algo especial para cenar, y cuando volví estabas diciendo cosas sin sentido, y sudando de ésta manera. ¿Comiste algo que te hiciera daño?...
- L: No creo, comí en el centro budista y ya estoy acostumbrada a lo que preparan ahí- balbuceó mientras caía como costal en el sofá.
- Y: ¿Qué te duele?...
- L: Sólo me duele un poco la cabeza y tengo mucho frío…
- Y: Te dije que debías cuidarte el resfriado que comenzó ayer, Lena… Acompáñame, tienes que bañarte, hay que bajarte esa fiebre.- comentó mientras la apoyaba para levantarse.
- L: No hace falta, estoy bien, sólo quiero dormir…
- Y: No- respondió terminantemente- Acompáñame por favor- pidió levantándola. Con la fuerza que tenía le pareció que estaba levantando una pluma. La pelirroja aceptó ya resignada y se dirigieron hacia la habitación que compartían. Yulia puso a llenar la preciosa bañera artesanal que tenían junto a la regadera y luego de unos minutos, ayudó a la pelirroja a desvestirse e ingresar finalmente. Al pasar de los minutos, Lena lucía más respuesta, aunque su semblante se notaba un tanto sombrío. Aquel sueño aún estaba presente y le demostraba que no había superado del todo el episodio que le habían significado los ojos claros de Ximena.
- L: Yulia…- comenzó, queriéndole contar su sueño.
- Y: ¿Qué pasa, hermosa?- preguntó en el tono de dulzura que había aprendido a desarrollar para dirigirse a Lena.
- L: No, nada…- dijo arrepintiéndose y sabiendo que el silencio era una buena opción en ese momento.
- Y: Bueno…- dijo extrañada- Iré a prepararte algo de cenar… No tardes, ya luces un poco mejor pero quisiera que durmiéramos temprano. También iré por tu medicina para el resfriado. Sigo insistiendo en que sería mejor ver a un médico, pero sé que por más que te diga no lo harás.
- L: Sí, gracias…- se limitó a responder mientras miraba con ternura los gestos protectores de la otra mujer. Una vez que la perdió de vista, la pelirroja se sumergió por un momento en el agua ya casi fría de la “tina”. Salió después de unos segundos, cuando sintió que sus pulmones no podrían resistir más. Sonrió con tristeza y posteriormente salió del mueble para finalmente vestirse con la ropa que Yulia le había dejado lista al lado, en un perchero que siempre utilizaban para ese fin. Caminó unos pasos hasta la sala. No tenía ánimos de nada, pero tampoco deseaba dormir. Lo único que necesitaba era sentirse bien… Llegó hasta donde se encontraba Yulia y sonrió al notar que ella leía un libro que recién había adquirido: le dio gusto pensar que de alguna forma fue ella quien le compartió ese hábito de vida. En cuanto Yulia notó la presencia de la pelirroja, se levantó rápidamente y dejó el libro en la mesilla que se encontraba frente a ella.
- Y: Siéntate- indicó en una dulce orden, señalando hacia el sofá. Lena obedeció. La otra mujer se dirigió a la cocina y llegó con una charola que contenía un vaso de café con leche, un pan seco que vendían en un expendio cercano y un par de pastillas que le ayudarían a pasar mejor la noche. Le dio las medicinas, y aunque no hacía falta, también la ayudó a comer y tomar su café, llenando de ternura el panorama, mientras la pelirroja se sentía como un pequeño gato dejándose mimar. Una vez que terminó su “cena”, se recargó en Yulia, quien puso un documental que Lena le regaló en su cumpleaños y que abordaba el tema del ejército soviético y todo lo relacionado con las guerras mundiales. Como era de esperarse y por efecto de las medicinas, la pecosa se quedó dormida sobre el regazo de la otra mujer, que aunque era la vigésima vez que veía aquella película, seguía maravillándose igual que el primer día. Luego de un par de horas, la levantó con sutileza y casi sin que lo sintiera, la llevó a la cama, donde finalmente la cubrió y la contempló durante unos minutos: ¡qué suerte tenía de estar con ella! Ahora el pasado sólo parecía la peor de las pesadillas… Era verdad que no jugó limpio del todo, pero ¿qué más daba?... Sabía que su felicidad estaba ahí, juntas. Sin importar nada… Nada… Miró inconscientemente hacia el archivero donde se guardaban las cosas importantes, como pidiéndole que por siempre resguardara su “secreto”. Se recostó junto a Lena y la abrazó lo más fuerte que le permitió su deseo de no despertarla. Se sintió un poco culpable, pero luego pensó que a veces era necesario ser un poco egoísta…

Los rayos del sol, tan espectaculares en las playas, se colaban por la ventana de cortinas de manta, mientras un viento muy suave se iba inmiscuyendo por el mismo sitio. Lena abrió los ojos, al sentir el frío de la ausencia que recién había dejado el cuerpo pequeño de Yulia. Se estiró lo más posible mientras un bostezo traicionero se dibujaba en su rostro y luego se levantó aún medio dormida para dirigirse a la sala. Nadie había en la casa y eran aproximadamente las 11 de la mañana. En lugar de encontrarse a Yulia, leyendo como últimamente lo hacía, sólo había una nota en la mesa de centro.

“Amor:
Aunque no lo quieras, fui a comprar más medicina y de paso veré si el médico pudiera visitarnos el día de hoy. También pasaré al mercado a comprar algunos de los remedios más “tradicionales” que nos han enseñado los nativos. Te dejo el desayuno preparado en la cocina, espero no tardarme demasiado, salí de casa casi a las 10:50 am. Por favor, desayuna bien.”- lucía en una hoja blanca, con la mala caligrafía de Yulia, y acompañado de una sonrisa dibujada. Imitó al papel, sonriendo. Yulia sin duda era una mujer maravillosa, terca, pero maravillosa. Justo estaba pensando en tomarse un baño, cuando el timbre sonó. Extrañada, se dirigió como rayo a la puerta, para encontrarse con un señor de aspecto duro, que la miraba con algo de ansiedad.

- L: ¿En qué lo puedo ayudar?- preguntó en un inglés fluido. El hombre la miró y luego de indicarle que no le comprendía por completo, comenzaron una conversación en su idioma común.
- Buenos días. Perdone que la moleste, pero estamos haciendo un trabajo de remodelación de los postes de luz y pasamos casa por casa para que nos regalen la autorización para realizarlo. ¿Es usted la propietaria de la casa o únicamente está rentando?- preguntó algo confundido.
- L: No soy yo, pero lo es mi pareja. Si gusta puedo buscar los papeles para firmar la autorización, porque en éste momento no se encuentra.
- Se lo agradecería- dijo con simpleza- Debemos comenzar a trabajar lo antes posible.- añadió, acalorado.- Volveré en 10 minutos, mientras veré si su vecino ya nos puede autorizar.
- L: Claro que sí, adelante.- le respondió. El hombre se marchó de aquel umbral y posteriormente caminó perdiéndose de vista. La pelirroja entró nuevamente a la casa y comenzó a pensar en dónde podrían estar los documentos de la propiedad, casi arrepintiéndose de haber ofrecido aquello, pues era Yulia quien se encargaba regularmente de todas esas cuestiones. Buscó entre los libros que se hallaban en el mueble especial, pero no había nada ahí. Luego buscó en el archivero de la sala, para solamente encontrarse con algunas revistas y documentales, al igual que más libros. Luego de unos segundos más de pensar, se dirigió hasta la habitación y abrió el archivero que se guardaba ahí. Nunca se había animado a revisarlo, porque notaba que Yulia tenía cierto recelo sobre él, pero en ese momento consideró necesario buscar ahí, por lo que respetuosamente lo abrió. Se encontró algunos papeles, pero se extrañó al notar que uno en especial contenía el nombre de Ximena. Completamente estremecida, comenzó a revisar más, inundada por la curiosidad. Pudo encontrarse algunas cuentas de renta, de gas y de todos los servicios de una propiedad, al igual que las mismas escrituras, también a nombre de los Ödger. Encontró algunas transferencias bancarias de alguna cuenta de Estocolmo que mensualmente depositaba una gran cantidad hacia una cuenta en Tailandia, pero estos depósitos aparecían intactos, juntando un total enorme, como si nunca se hubiera tocado un solo centavo. Ya verdaderamente extrañada, comenzó a buscar sin ataduras, hasta que se encontró con un sobre en color amarillo, tamaño “carta”. Lo abrió y pudo encontrarse con dos sobres más pequeños, uno en color negro y el otro en color azul marino. Realmente contrariada, abrió uno de ellos, que iba dirigido a ella, con un bello sello postal de Suecia y que contenía como remitente la dirección de su antiguo domicilio en Estocolmo. Lo abrió sólo para encontrarse con algo que jamás se imaginó: con la caligrafía delicada de Ximena, se encontraban muchas palabras que, luego de pensarlo durante algunos minutos, comenzó a leer ya sin poder detener la curiosidad y extrañeza que aquella situación le causaba.

“Lena:
Ha pasado mucho tiempo desde el día en que me puse en contacto contigo. Sólo quiero saber si estás bien… He pensado en ir a buscarte, pero no me he atrevido: quizás tu falta de respuesta me deba de indicar que ya no estás interesada en siquiera tener comunicación conmigo, pero… Por favor… Sólo quiero verificar que te encuentres bien, aunque ya no sientas nada por mí, aunque ya no desees saber de mi vida o que yo sepa de la tuya. Espero que por favor puedas responderme.
Tuya, siempre.

Ximena”
Repasó la carta un par de veces más, como si con esto fuera a encontrarle un tanto más de sentido a las palabras vistas, pero no lo logró. No sabía qué pensar ni qué sentir y comprendía mucho menos de lo que debería. Aún confundida, abrió con rapidez el otro sobre, que de hecho ya se mostraba abierto. Sacó una hoja en color casi amarillo, como si llevara mucho tiempo ahí guardada, y se encontró con otra carta, ésta era más extensa.

“Lena:
Sé que en éste momento no parece nada claro. Quiero que sepas que me encuentro en la misma situación. Durante mucho tiempo he luchado con todo lo que siento, con los sueños frustrados, con la manera en cómo se dieron las cosas. No hay día en que me deje de doler la distancia que se tuvo que interponer entre nosotras.
Han pasado cuatro meses desde el día en que las circunstancias me orillaron a actuar como una verdadera estúpida. Sé que podría pensarse que no tengo derecho de siquiera explicarte las cosas, pero la verdad es que me resulta muy necesario hacerlo, no solo porque quiero que limpies la imagen que seguro tienes de mí, sino porque sé que te ayudará a comprender muchas cosas de las cien que quizás rondan tu cabeza.
Lena, sé que todo lo que te voy a decir no será del todo sencillo, pero como ya te lo comenté, es completamente necesario. Comenzaré diciéndote que nunca pensé tener la fortuna de encontrarme con alguien como tú; llenas al cien por ciento las expectativas que tenía; eres una mujer mágica, misteriosa, tierna, segura, hermosa, fuerte, libre, inteligente, que sabe cómo enfrentar a la vida con la fiereza necesaria pero que al mismo tiempo, tiene la sutileza de las flores. Cuando te vi la primera vez tuve la certeza al instante de que deseaba que fueras la persona con la que quería envejecer. Te amé desde la primera mirada, te amé en la última y te amé cuando ya no fue mía. Ya dicho esto, necesito hacerte saber qué sucedió en realidad:
La fundación “Padruga” ¿recuerdas?... Quise darte la sorpresa de que fuera completamente tuya, pues siempre supe que tenías verdaderos sentimientos al respecto, que tus motivos eran tan auténticos que ibas a hacer lo mejor en cada una de las cosas, de las decisiones, de las acciones que tuvieran que ver con ella. Quizás te preguntes porqué te lo estoy comentando, pero créeme que tiene mucho que ver: coloqué todos los papeles y documentos a tu nombre, esto con el fin de que fueras tú quien tuviera completa libertad para todos los movimientos. Cometí un grave error.
Los socios que elegimos para la fundación son buenas personas, puedo asegurarlo… Pero había gente entre ellos, gente con otras intenciones. Lena, me engañaron… Había una red muy fuerte de trata de personas inmiscuidas en nuestro proyecto. Se atrevieron a ensuciar la pureza con que comenzamos esto, y se atrevieron a utilizarnos para las cosas más viles y crueles. Me siento la peor de las tontas por haber dejado que sucediera, pero lo cierto es que quizás era algo que no podía evitar, aunque tuviera los sentidos completamente alertas. Bien… Pues eso fue lo que me orilló a tratar de protegerte, de mandarte lejos, a donde nada pudiera sucederte. Yulia conocía perfectamente la situación: desde que yo supe lo que iba a suceder, traté de contactarla. Te confieso con verdadero pesar que aunque sí creo en ella, lo que me llevó a evitar que se fuera a la cárcel fue mi deseo de que, en determinadas circunstancias, fuera ella quien se quedara a tu lado, dándote toda la tranquilidad que yo obviamente ya no podía. Sé que esto puede llegar a ser muy complicado de asimilar, y que probablemente no te sirva de mucho, pero sólo deseo que te ayude a saber que no has hecho nada malo, ni tampoco nada mal; fueron mis tonterías las que te pusieron en ésta situación.
Probablemente en éste momento me estés odiando, pero créeme que tengo mis razones. Te hablé pocas veces de mamá, ¿recuerdas?... Siempre que sacabas el tema lo evadía de alguna forma, y tú, tan respetuosa como pocas personas saben serlo, me comprendías y simplemente comentabas alguna otra cosa. Hoy quiero contarte acerca de ella.
Mamá era una mujer muy bella, según lo que mi padre cuenta. Halagándonos a ambas, siempre dice que soy idéntica a ella, pero con el color de piel de los legendarios Ödger. También sé que era una mujer muy alegre. Hija de españoles, llegó hasta Suecia con sus padres por un problema que tuvieron con gente de su país. Creció en Estocolmo, junto con sus dos hermanos, y cuando estuvo en la Universidad, luego de haber adaptado su vida completamente a éstas costumbres, conoció a papá. Mantuvieron un noviazgo muy bello, según las palabras de mi padre, a quien le creo, pues siempre ha sido un caballero. Pensando en el futuro, ambos terminaron la Universidad y luego se casaron. Después de un año, nació mi hermano mayor. Pensaron que ya no tenían hijos, pero la vida los sorprendió con mi hermana. Luego de un par de años, cuando mi madre había renunciado por completo al trabajo y papá ya era el hombre de negocios que tú conociste, decidieron que mamá se debía un descanso y unas merecidas vacaciones, en compañía de sus dos hijos, así que lo hicieron de esa manera. Pasados tres meses, mamá se sintió “rara”, de esa manera en que ya anteriormente se había sentido. Fue al médico y él le dio la noticia: un nuevo bebé Ödger llegaría en 8 meses. Según las palabras de mi padre, mamá lloró de felicidad cuando se enteró, porque se encontraba en un momento en que podía disfrutar de plenitud y ya no tenía miedo. Cuidaron de ese pequeño bebé siempre que estuvo dentro de su vientre: constantemente se revisaba con el médico y tanto su familia como la de mi padre estaban al pendiente de sus necesidades. Por fin, luego de una larga espera, llegó el día en que ese bebé vería por primera vez la luz del día y podría iluminar la vida de mis padres, pero no fue así: algo salió mal con el parto, supongo que un error humano… Y mamá falleció. En los periódicos apareció la noticia: “Ximena Bonet De Ödger muere en el parto”, en alguna sección de “Sociedad”. Dice mi padre que en el momento en que se lo dijeron, entró rápidamente a la habitación y abrazó su cuerpo con fuerza, llorando ante la impotencia de ver ahí a la mujer de su vida, que no respiraba, que jamás volvería a mirarlo. No sabe cuánto tiempo pasó, pero después la enfermera entró conmigo en brazos. Lo primero que vio, según lo que me contó, fue mi nariz… ¡era idéntica a la de mi madre!... Me cargó con toda la ternura, mientras yo comenzaba a llorar, quizás ya siendo consciente de alguna forma de que no tendría la dicha de conocer a quien durante 9 meses me llevó dentro suyo, amándome aún sin conocerme. Papá me cuidó desde entonces. Me puso el nombre de mi madre porque insistía en que yo era lo más valioso que tenía, el único recuerdo de que él supo a ciencia cierta que los ángeles existen. Siempre estuvo dispuesto para mí, siempre tuvo una palabra, una felicitación. A veces él mismo me preparaba el desayuno y me llevaba a la escuela, peinada de la mejor forma que se le ocurría. Pero, ¿sabes, Lena?... Cuando era niña me preguntaba qué se sentiría que fuera mi mamá con la que pudiera platicar, la que asistiera a los festivales, la que llegada la noche, me cobijara y me cantara para que me pudiera dormir. Ya cuando fui adolescente, sentí una gran culpa: para que yo llegara al mundo, mi madre tuvo que irse. Nunca lo había pensado de esa forma, pero desde la primera vez que lo hice, incluso hasta el día de hoy, no puedo sacarme de la cabeza que yo logré un daño irreversible, que mi llegada al mundo y mi presencia en él, costaron la sangre inocente de una de las personas que más amo en la existencia, aunque nunca pude mirarla. Quizás no tenga sentido lo que esto diciendo, Lena, pero sólo quiero que comprendas que no soportaría que las cosas volvieran a suceder así: no quiero perderte, porque eres, desde que tengo memoria, desde lo más profundo de mi corazón y desde cada sueño cumplido y no, la persona que más he podido amar en toda mi existencia.
Lena, ¿Qué hice? ¿Por qué dejé que te fueras?... Quizás fue el miedo de que algo malo te pasara, de perderte de la misma forma en que lo hice con mi madre. Tuve terror de que estas personas cumplieran sus amenazas de hacerte daño. ¡Nunca me hubiera perdonado verte morir! ¿Entiendes ahora por qué tuve que mentirte?... Yo supe que si tú llegabas a conocer la verdad, querrías quedarte conmigo para afrontar todo juntas, ¡y no podía permitirlo! Eres y siempre serás el amor de mi vida, Lena. Eres lo que hace que cada mañana tenga sentido, que cada lucha sea por una buena causa, que cada sonrisa se dibuje en mi rostro. Estás presente en todo lo que hago y también en todo lo que siento. Eres la causa por la que creo en las personas, en los dioses, en la naturaleza. Te encuentro presente en cada aventura y eres palpable en cada anhelo. ¡Eres el ángel que los cielos me enviaron!...
Espero que lo que digo quede claro. Tuve que mentirte para que huyeras, Lena. Me duele todavía pensar en el dolor que pudieron causarte mis palabras, pero me reconforta saber que te dieron un impulso importante para irte y ponerte a salvo. Para ser más clara, y tratar de que entiendas algo que ni yo misma puedo entender, lo diré directamente: nunca, ni en cielo ni en infierno, podría querer tocar alguna piel que no sea la tuya. Soy adicta a tus suspiros, a tu manera de entregarte, al ritmo con el que tu respiración baila con mis caricias. Nunca desearía pertenecer a otro corazón, nunca encontraría en alguien más la pureza con la que sonríes, la bondad que te invade, la tranquilidad que reflejan tus ojos. ¡Nunca podría vender lo que teníamos!... Perdón por hacerte creer que sí. Nunca me cansaré de arrepentirme por mis acciones aunque tengo bien claro que fueron lo mejor.
No quiero romper el equilibrio que seguramente ya encontraste, pero me era necesario que supieras todo esto. Le he pedido a Yulia que te entregue ésta carta dos meses después de que te fuiste, porque pretendo que para éste momento las cosas ya estén arregladas por completo. Éste tiempo me será muy duro de vivir, pues tú eres el motor que me ayuda a respirar cada mañana, pero sé que comprenderás y sólo quiero que sepas que lo que sea que elijas, será lo mejor para mí.
Si estás interesada en siquiera verme, puedes decirme y yo llegaré hasta donde te encuentres. Si ya hallaste la paz y prefieres que quedemos como un simple recuerdo, igualmente lo respetaré, siempre deseando que seas muy feliz, con Yulia o sin ella. Sólo quiero saber algo de ti, ¿está bien?...

Ojalá que puedas perdonarme por todo, y ojalá que cuando leas éstas palabras no sea demasiado tarde para que sepas que nunca, ni cuando el mundo se termine, dejaré de amarte.

Ximena.”


La pelirroja dobló con cuidado la hoja recién leída. Casi desde el comienzo, sus ojos comenzaron a gotear de forma imparable, nublándole un tanto la claridad para leer. Todas las palabras, hasta la última, le habían taladrado el alma. Sintió dolor, sintió amor, sintió odio. Comprendía muchas cosas, pero entenderlo no lo hacía menos doloroso. Para Ximena había sido un sacrificio, y eso le causaba tristeza, impotencia. ¡Cuántas lágrimas había derramado por una mentira!... Sólo quiso tener a Ximena ahí mismo, para abrazarla y tratar de consolar todo el dolor que seguramente sentía. Sólo quería…
Yulia… ¿Por qué Yulia nunca le había mostrado esa carta?... ¡Hacía meses que debía de hacerlo!... Todo era confusión. Recordaba la sonrisa que Yulia le regalaba cada mañana; se veía tan sincera… Pensó en todas las formas que aquella mujer le hacía feliz, en todas las palabras, en todas las acciones, en la dulzura, en el amor que le profesaba con cada mirada y cada caricia… Y en lo que le había ocultado. Ocultar era similar a mentir… ¿Por qué las dos personas que más había amado le mentían a su antojo?... ¿Por qué le dolía tanto saberse tan amada y al mismo tiempo tan engañada?... Quizás su destino no era ser feliz, aunque día a día lo fuera. Quizás…
Tenía tantas cosas en qué pensar… Seguramente lo haría en cuanto pudiera, en cuanto las lágrimas dejaran de brotar de su mirada gris.




****

Bajó del automóvil con dificultad, rodeada de todas las cosas que había comprado. Aunque para cualquiera eso hubiera resultado un fastidio, para ella no era más que un privilegio. Luego de lograr bajar todas las bolsas con medicinas, hierbas de todo tipo y hasta algunos mariscos crudos para poder cocinárselos a Lena, entró a la casa que compartían, con un tanto de sudor en la frente y la piel completamente enrojecida por el esfuerzo. Dejó las bolsas sobre la mesa de centro de la sala. ¡Estaba tan contenta! Nunca había sentido tanta felicidad dentro de su pecho. Nada le faltaba en ese momento, pues al fin tenía a su lado a aquella que fue la única capaz de sacarla de la capa de hielo que la vida la había puesto. La deseaba lo mismo que la amaba, y ya no se imaginaba amanecer alguno sin que el cabello rojo de Lena fuera su primer visión, y la cintura perfectamente marcada, el primer contacto de sus manos y brazos.
Agradeció a la vida por tener esa dicha, aunque siempre tuvo algo de culpa por no haber hecho del todo una labor honesta. Aún sentía un dejo de “incomodidad”, sin embargo la callaba cada mañana con la voz de la pelirroja y cada noche con los suspiros entrecortados, con el sudor dulce, con el honor de saber que era ella quien estaba provocándole tanto placer, causado por tanto amor.
Caminó hasta la cocina y dejó las cosas que correspondían a ese sitio, para luego tomarse un gran vaso de agua.
- Y: ¡Llegué, Lena!- anunció con felicidad para luego comenzar a caminar hacia la habitación que compartían. Cuando abrió la puerta, sintió que su corazón se salía de su pecho: acomodadas en la cama, se encontraban todas las cosas que por tanto tiempo había ocultado: los estados de cuenta, los papeles oficiales y todo lo que las unía con Ximena. Buscó rápidamente: el sobre negro y el azul se encontraban vacíos, y las cartas que contenían, abiertas, acomodadas de tal manera que hacía evidente que ya habían sido leídas. El estómago se quedó con un vacío inmenso. Nerviosa completamente comenzó a buscar con la mirada las cosas de Lena; no había nada de su ropa fuera del sitio al que pertenecía y tampoco sus papeles habían sido extraídos. Tuvo miedo, demasiado. Quizás todo se había ido al diablo sin poderse evitar. Se sentó en la cama, mientras guardaba todo nuevamente. Lloraba un tanto: sabía que Lena estaba con ella, pero que ya no sentía lo mismo. Sabía que por más que había tratado de volverla a amar, su corazón seguía en Estocolmo, refugiado en unos ojos grises capaces de hacer cualquier sacrificio por mantener a salvo a la persona que amaban. Sabía que aunque ella también la amaba, nunca había tenido el valor para estar con ella, nunca había hecho lo posible por merecerla. Que cuando tuvo oportunidad de ser ella quien provocara la sonrisa de Lena, prefirió las lágrimas de ambas. Sabía que la vida a veces daba una segunda oportunidad, pero cuando el destino se encuentra forzado, tiende a resultar más doloroso.
Resignada, esperó en la sala, rogándole a todos los dioses recordados que Lena solamente estuviera dando un paseo en la playa, hábito en ella desde que llegaron a ese paraíso justo en esos minutos de angustia se había convertido en un infierno.
“Por favor, que regrese”- pensó sin cansancio durante unos minutos. Se secó el llanto y finalmente se entregó al destino, de quien todo el tiempo había sido un juguete, en un silencio que fue interrumpido por el sonido del timbre y el olor peculiar de Lena, que pudo haber llegado con el viento, o pudo no haberse ido, ya que también lo llevaba dentro suyo desde aquella primera noche en que le hizo el amor.


FIN.
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Yamdaz
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Yamdaz » Lun 22 Abr 2013 00:21

Queeeeeee?

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Re: Estocolmo II

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Lun 22 Abr 2013 00:55

No relajes, lo tiraste todo de un tiro y que final tan...excelente historia! se te agradece por compartirla .aplausos. .bye.
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Yarina » Lun 22 Abr 2013 02:45

Que cruel! Me hiciste llorar....fue increible la historia...me fascinoo!!T___________________T
Spoiler: ver
::Por ¡t.A.T.u! me corto las venas::

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Re: Estocolmo II

Mensaje por Fiona » Lun 22 Abr 2013 06:51

.fool. no entendí u.u Lena se fue y quien toco el timbre?? joder!!! u.u Lena volvió con Ximena?? .dwarf. hoy amanecí con la mente hueca
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Zurc » Lun 22 Abr 2013 14:28

Solo con la canción de Depeche Mode me "mataste" tienenes talento para hacer llorar con tus escritos .aplausos. .aplausos. . aplausos. fascinante historia
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por moka_katina » Mar 23 Abr 2013 00:14

aver aver ocea como?? se fue? se quedo? o que onda? scratch_one-s_head

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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por kaliro19 » Mar 23 Abr 2013 09:06

Era el señor que iba a buscar los papeles y Lena se fue a llamar a Ximena :yaoming:
Quien se entrega por completo, jamás regresa entero.


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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por crazyforkatina » Mar 23 Abr 2013 09:46

No saben cómo disfruto leer sus respuestas. La de Kaliro me mató de risa XD…
Pues verán, es algo complejo de explicar… Lena salió de la casa, haciendo evidente que leyó las cartas. ¿Para qué se lo harías evidente a una persona con la que ya no deseas estar? Simplemente te vas y ya. Por otro lado, ¿qué les dice la plática con “Tom”?... ¿No habla de perdón, de comprensión? Fue un impulso para que Lena decidiera irse con Yulia, dispuesta a empezar de cero, pero… ¿No le mintió Yulia?
Para mí, Yulia fue muy egoísta. Yo, de ser Lena, me habría ido inmediatamente a buscar a Ximena. Mintió, pero para protegerla. Yulia simplemente mintió, egoístamente, para que se quedara con ella.

Me gustaría saber, ¿qué hubieran hecho ustedes, en caso de ser Lena?

Para mí Ximena es el mejor personaje. Tiene la perfección de los ángeles y la imperfección de los humanos. Bah… Yo me enamoré de ella :(

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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por Cristina Kozlov » Jue 25 Abr 2013 07:57

Vaya! que final.. me gusto! aunque un final algo no muy comun..si fuera Lena creo que haria lo mismo..aunque me da tristeza Yulia..ella perdio la felicidad de nuevo.. give_rose
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por Zurc » Jue 25 Abr 2013 13:28

Creo En parte tienes razón y creo entender como se sintió Julia Pues el amor aveces nos hace egoístas y creo después de todo que sufrió Julia merecía un poco de felicidad aun aun que no era completa por sentía culpa y sabia que no duraría para siempre y Ximena es simplemente perfecta creo que hiciste que todos nos sintiéramos atraídas por ella pero igual mintió fue egoísta al saber que Lena se quedaría con ella a pesar de todo pero no le importo lo ella quería

Creo que yo por muy difícil que fuera me quedaría con ninguna de las dos

Creo que me extendí mucho
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por crazyforkatina » Jue 25 Abr 2013 13:39

Diste con el punto... Ambas actuaron conforme a lo que ellas mismas pensaban que era lo correcto, o lo que le haría un bien. Por eso la canción de Depeche Mode... La pusieron en un aprieto tratando de quererla.
Yo volvería locamente con Ximena XD.
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por Zurc » Jue 25 Abr 2013 13:52

Siempre he pensado que el amor es egoista. Tu novia dio en el blanco con esa canción le que da perfecta y es mi fovorita de Depeche Mode. Otra cancion que pienso le queda perfecto a lo que sintió Ximena es Hasta el Fin de Motel.
jeje Si que te enamoraste de ella :-D
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por crazyforkatina » Jue 25 Abr 2013 14:07

Sí, la verdad es que de hecho me resultaba muy complicado escribir porque Ximena se hizo más protagonista para mí que la misma Lena o Yulia.
Ximena tiene todas las virtudes de las que carecen las otras dos. ¿Me explico?... Es mi mujer perfecta...
Bueno, ya T_T jajaja.
Escucharé la canción de Motel, la verdad no la conozco :p
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por Zurc » Jue 25 Abr 2013 14:19

Si eso se noto mucho, la preferencia por Ximena, si entiendo lo que dices. Creo ella seria la mujer perfecta de muchas aunque creo que no existe alguien como ella. me resulta un poco... raro hablar de Ximena como se existiera jeje
te la recomiendo es muy buena
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por shizuka » Lun 29 Abr 2013 15:06

Me encanto.

El amor suele llegar a hacernos actuar como seres egoístas ¿Quien dice que lo daría todo por las persona que amas? ¿Pero quien realmente sacrificaría su propia felicidad por la del amor de tu vida? Pocos.


Para mi Lena debió volver con Ximena girl_cry2 girl_cry2 girl_cry2 LLore cuando se separaron y con esas cartas ahhh mejor dicho ahora tengo la nariz roja
Las palabras hieren por eso hazte inmune a los insultos gratuitos....



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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Mar 30 Abr 2013 00:09

Pues Ximena si daba para ser el personaje principal de la historia, es decir, tenia algo que la hacia querida, por lo menos por mi me hubiera gustado que las cosas hubieran sido algo diferente, al menos para variar la historia, pero bueno así son las cosas, pues solo pase a dejarte solo un pequeño comentario lol, te cuidas.
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Re: ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

Mensaje por Vero_Vinkatina » Lun 06 May 2013 15:03

Oyeeeee!!!!! Me has hecho llorar niña!!!!!! Termine de leeer este Fic hace mucho..... pero no habia podido conectarme como para poder felicitarte
La verdad que me encanto como fue que planteaste esta segunda parte de la historia.... me atrapaste por completoooooo mis felicitaciones y por favor sigue maravillandonos con tus historias :)




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