ESTOCOLMO II // POR: CRAZYFORKATINA

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TheOneWhoDoesntDream
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Re: Estocolmo II

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Jue 28 Mar 2013 10:17

continua!!
En fin, el amor si existe y viene en forma de pizza.

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Pocholera
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Pocholera » Jue 28 Mar 2013 21:27

Conti!!!!!!!!!

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kaliro19
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Re: Estocolmo II

Mensaje por kaliro19 » Sab 30 Mar 2013 04:20

D: ¿Y la conti de ayer?
Quien se entrega por completo, jamás regresa entero.


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crazyforkatina
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Re: Estocolmo II

Mensaje por crazyforkatina » Jue 04 Abr 2013 10:17

Lo siento, chicas y chicos, estaba algo ocupada y no me había dado tiempo de continuar...
Les dejo éste capítulo, es el antepenúltimo :)

Ojalá que les guste. Nos vemos pronto con el final :3
Capítulo 9.


El corazón le latía de la misma furiosa manera en que la sangre le recorría las venas. Se encontraba conmocionada, a pesar de que en algún momento fue capaz de ocultar tan bien toda la guerra interna de sus sentimientos. De haber sido un poco más vulnerable, el llanto se hubiera apoderado de ella sin que nada se pudiera evitar. Caminó con el paso intranquilo de siempre, vigilando los movimientos hasta de su propia sombra, hasta que llegó a su automóvil. Con algo de dificultad, logró entrar y encender el motor, para luego poner a todo volumen algo de música estruendosa. Sentía dentro de ella una tormenta, una avalancha de todas las cosas que no se atrevería a decir o a expresar, que le atropellaban sin piedad cada parte de su interior. Pensó un poco en la situación y se dio cuenta de que de alguna manera se lo merecía por todo lo que no había sido capaz de hacer, por todas las veces en que prefirió que fuera el miedo el que dominara su vida. Quizás esa situación era un castigo que debía soportar con la misma fuerza y decisión con las que alguna vez optó por elegir el camino que le pareció mejor. La fortaleza que en otras circunstancias hubiera mostrado y sentido, en ese momento sólo era una utopía o quizás un viejo recuerdo. Le dolía como pocas veces le había dolido algo, pero finalmente se hizo consciente de que no podía hacer nada para cambiar las cosas, de que aquello era por completo inevitable. Hasta cierto punto le alegró que todo sucediera así, que tuviera que quedarse atada de manos mientras el amor de su vida se unía oficialmente a otra persona; de que las caricias que ahora solamente eran un recuerdo lejano y ya casi borrado, pertenecían a alguien que ni siquiera podía llegar a odiar porque fue quien trajo luz al oscuro panorama que le esperaba.
Sólo deseaba que todo, a fin de cuentas, saliera lo mejor posible. Sabía que dentro de todo lo planeado, siempre debía de haber un factor sorpresa o algo que la hiciera salir de balance, pero ¿qué más daba? Aquello era un desastre de cualquier forma y ya para ese momento no había manera en que se pudiera resolver sin que más de un corazón terminara completamente roto.
Luego de conducir unos minutos en círculos y sin saber cuál era el rumbo que quería tomar, simplemente se dirigió a casa, no sin antes pasar al supermercado y comprar una botella de whisky y cigarrillos. Una vez que llegó al apartamento, se encerró en su habitación y mientras escuchaba un poco de la radio local, miró la botella que recién había comprado. Pensó en que una posible solución para sanar todo aquel dolor que le invadía era tomarla gota a gota, pero se dio cuenta del gran retroceso que eso le implicaría; ella era una mujer nueva en todos los sentidos, y ya no estaba dispuesta a escapar por puertas falsas. Sonrió con ironía. Se preguntó por un momento si realmente tenía caso pretender que ahora las cosas podían ser distintas respecto a todo lo que le había sucedido desde que era una niña. Le vio muy poco caso a ser diferente si no tenía con quien compartirlo, si no había nadie en el mundo que le pudiera decir: “Estoy orgullosa de ti”, pero ¿volver atrás? Jamás. Ahora todo podía ser distinto, al menos dentro de lo que estuviera en sus manos. Tomó la botella y la colocó en la mesa donde esporádicamente habitaban libros, y la mayoría de las veces, discos desgastados y apuntes de las melodías que ya no podía interpretar, por su mano que, aunque aún le era completamente funcional, no le respondía como lo hiciera hace unos años, sobre las teclas frías de su piano.
Pensó en todo lo que se había modificado en su existencia desde el día en el que se dejó perder en los grises ojos de la pelirroja, todas las barreras que rompió, todos los demonios que enfrentó. Se sentía orgullosa de ello. Sin embargo, también estaba avergonzada: nada de lo que había hecho valía la pena, pues la única persona con la que le interesaba compartirlo, había unido su vida a alguien más, a alguien que le merecía, que le hacía feliz: que había tomado la decisión de buscar su bienestar sin que nada más interesara.
Recordó por un momento los viejos tiempos. No extrañaba eso, era cierto. No echaba de menos la recurrente sensación de adrenalina, la culpa, el miedo de ser descubierta. No anhelaba aquellas noches en que los gritos ahogados de sus víctimas retumbaban en la habitación al lado de donde ella misma dormía. No deseaba repetir aquellas noches en las que sus manos sangraban luego de haberle dado una golpiza a alguien, pero sin embargo, por un minuto pasó por su mente el pensamiento de que eso no le causaba tanto dolor como saber que la única vez que sintió algo bueno por alguien esto ya no era correspondido y todo buscado y merecido por ella misma. Sólo quería dejar atrás que el resplandor rojo que significó Lena, ahora alumbraría otras mañanas, aunque le contrariaba la idea de que eso sería lo mejor que le podía desear. Prefería cien veces verla feliz con alguien, que con ella, pero en una situación de constante peligro. Lo único que tenía más que claro era que deseaba profundamente la felicidad de Lena, y le frustraba mucho pensar que, estando a su lado o no, ella no era capaz de proporcionársela totalmente. Luego de haber pasado sumergida en sus pensamientos durante unos minutos, escuchó la puerta de su habitación abrirse lentamente, con algo de respeto.

- A: ¿Todo bien, Yulia?- preguntó entonces desde el marco de la puerta, pues siempre había tenido la precaución de seguir al pie de la letra la regla de oro que había impuesto La Loba acerca de que su cuarto siempre debía permanecer cerrado (al menos en su presencia, ya que en algunas ocasiones, cuando Yulia no se encontraba, Anya se había tomado la libertad de entrar y revisar hasta por debajo de la cama, buscando pistas y rastros que le pudiera apoyar para cumplir su plan inicial).
- Y: Sí… Pasa, pasa- dijo luego de poder reaccionar. Anya se sorprendió un poco, y aunque dudó un momento, luego entró tosiendo un poco por el humo de los cigarrillos que fumó a la par de sus razonamientos, que se había encerrado. De inmediato se dirigió hacia la ventana y la abrió, pues comenzó a toser. Yulia ni siquiera la miró.
- A: ¿Estás segura que estás bien? Estuve llamándote al móvil y toqué el timbre varias veces, porque olvidé mis llaves.- le dijo con dificultad por el volumen de la música. Luego se acercó al estéreo de donde provenía tal “escándalo” y bajó el volumen.
- Y: Todo de maravilla- dijo con ironía, un tono que Anya no le conocía hasta ese momento.
- A: ¿Pasa algo?...
- Y: Pasa de todo, pero no tiene importancia- aseguró aún sin mirarla. La mujer miró inconscientemente hacia la botella recargada en la mesa - ¿Quieres un trago?- ofreció sinceramente.
- A: No, muchas gracias. Yulia, ¿puedo ayudarte en algo?... Te ves… Mal.
- Y: Si tienes alguna fórmula que sirva para olvidar, sí puedes ayudarme.- medio bromeó.
- A: Lamentablemente no cuento con eso, sin embargo podemos platicar todo lo que desees y todo lo que necesites, para eso estoy.- le dijo con sinceridad. Yulia la miró profundamente y sonrió ante la ironía de que alguien quisiera escucharla, pues jamás había existido esa persona para ella. Muchas veces se imaginó lo dulce que sería tener un amigo, alguien en quien confiar, alguien que ayudara a sanar, a comprender, pero jamás tuvo esa fortuna. Iván era lo más parecido a ello, pero hasta cierto punto, él le había fallado también y ella, ni recordarlo.
- Y: No quiero aburrirte con problemas- se limitó a responder luego de analizarlo durante algunos segundos.
- A: Te aseguro que no será de esa forma- comentó.- No te has dado cuenta, pero he intentado muchas veces romper la barrera que nos está separando. He intentado, como no tienes idea, conocerte, estar cerca de ti, que veas que puedes depositar tu confianza en mi persona- dijo con toda la sinceridad que la culpa le permitió, sorprendiendo ligeramente a Yulia. Giró la vista para atraparla con ella, y luego contempló su belleza: el físico de aquella mujer era espectacular, sumado a la confianza que emanaba en cada paso, a la sutileza con que hacía cada movimiento y, en contraste, a la fortaleza que indicaba su carácter.
- Y: ¿Recuerdas que alguna vez te conté que vine hasta aquí con el fin de recuperar al amor de mi vida?- preguntó como diciéndolo al aire.
- A: Sí- se limitó a responder sintiendo un escalofrío dentro de ella. Por un lado, se sentía la peor de las mentirosas, pero no podía actuar de manera que la delatara. Se acercó hasta ella y colocó toda su atención en las palabras que provenían de aquella boca que tanto deseaba, en aquel anhelo que le ponía en guerra todos los sentidos.
- Y: Cada vez me siento peor con esto. Hoy la volví a ver, y aunque estoy segura de que en algún momento volveremos a estar juntas, ruego porque no tenga que ser así. Eso me confunde.
- A: No te estoy comprendiendo. ¿No deseas estar con ella?...
- Y: Sí, pero no bajo las condiciones en que, de ser necesario, tendríamos que estar. No puedo decirte mucho al respecto, es un asunto un tanto grave, pero… Sólo sé que me encuentro muy contrariada. Estoy luchando contra tantas cosas que siento mi cabeza explotar. Enloqueceré si no me resuelvo y si todo esto no se soluciona pronto. Estoy cansada, cansada de luchar contra lo que siento, cansada de anhelar, de saber que nada cambiará sin que tenga una consecuencia jodidamente grave para ambas.
- A: Comprendo… ¿Y por qué no luchas por lo que deseas?...
- Y: Lo estoy haciendo. Lo hago cada día. Enfrento a mis demonios, a mis dudas, y me repito que pase lo que pase, lo único que necesito es que ella esté bien, que esté a salvo, a salvo de todo, de mí, del dolor, de las malas circunstancias, de los errores. Pero, ¿cómo lograrlo? No es sencillo, ¿sabes?... A veces siento que quiero mandar todo al diablo y regresar a Moscú, a continuar con mi vida sin importarme lo que pase con los demás, que deseo que se las arreglen solos…
- A: ¿Y por qué no lo haces?...

- Y: Es una cuestión de honor, y aunque no lo quiera, de amor.- dijo para luego suspirar abiertamente. Anya la miró: todo lo que se había ideado acerca de ella se fue esfumando con el paso del tiempo en que convivían, a pesar de lo hermética que era Yulia, pero al notar eso, sólo pudo comprobar que dentro de aquella chica de ojos azules se encontraban cosas insospechadas, misteriosas.
- A: Deseo que estés bien, que tengas bien claro que es lo que harás. No se puede estar luchando contra los sentimientos siempre, ¿sabes?... Llega un momento en el que nos cansamos, en el que debemos de mandar al carajo lo que nos hace daño y nos animamos a ver más allá de los problemas que tenemos. Debe de llegar un momento en el que definamos lo que sentimos y lo comparemos con lo que queremos.
- Y: Ese es justamente el problema: tengo perfectamente claro lo que siento, y también lo que quiero, por eso me lastima tanto. Es como si…- dijo haciendo el gesto que siempre presentaba cuando se encontraba analizando las palabras que estaba a punto de decir. – Es como si en tus manos y únicamente en tus manos estuviera colgando una vida que está en peligro, y sepas que debes de hacer lo posible porque nada le suceda, pero al mismo tiempo eso te mate lentamente.
- A: ¿Qué tan grave es lo que sucede? ¿Estás utilizando metáforas o literalmente la persona que amas está en peligro de muerte?... Yo sé que no tenemos mucho tiempo de conocernos, sé que eres una persona que respeta la privacidad de otros y que eso supone que esperas que sea recíproco, pero me angustia mucho pensar en que esto te hace daño. ¿De qué se trata, Yulia? ¿Qué es lo que verdaderamente te trajo hasta aquí? ¿Por qué la obsesión con el ejercicio, con tu fuerza, con estar al cien por ciento?...
- Y: Te diré algo que nadie debe saber, ¿está bien?...
- A: Sí- respondió realmente interesada, conteniendo la excitación que le causaba. Aún sin palabra alguna de Yulia, sabía que eso estaba relacionado con el asunto que la guió inicialmente hasta ahí. Supo que después de esa plática comprendería cuál era el lazo que la unía con Lena, con Ximena, y aunque ya tenía una idea, nada había como confirmarlo con sus propias palabras.
- Y: Prométeme que no le dirás a nadie, y que no me juzgarás, pese a lo que te cuente.
- A: No soy alguien para juzgarte, Yulia. Puedes decirme lo que desees.
- Y: Hace unos años hice cosas de las que no me siento orgullosa y que tampoco te relataré. En una de ellas, conocí a una mujer que llegó a cambiarme la vida, a obligarme sin siquiera pedirlo a darle un giro de 180 grados a mi existencia. Supe desde la primera vez que nos vimos directamente a los ojos que ella era la persona con la que quería hacer todo lo que nunca me había atrevido. Quise cambiar, quise renunciar a mi vida, comenzar desde cero y simplemente dedicarme a quererla, a estar cerca de ella. Ella se encontraba en la misma situación, lo podía sentir en todas las cosas que hacíamos juntas… Un día tuvimos la oportunidad de escapar, de dejar todo el pasado en el sitio que le correspondía y simplemente dedicarnos a planear el futuro y disfrutar del presente que teníamos, que aunque no era perfecto, mejoraría. ¿Sabes qué hice en ese momento?- preguntó con tristeza.
- A: ¿Qué?...- dijo esperando a que completara la historia.
- Y: No me arriesgué. Fui presa de un miedo que, si bien no era irracional, resultaba bastante ridículo en comparación a toda la historia que había tenido con ésta chica. Simplemente preferí refugiarme en la idea de que nada era real, de que sus palabras no eran ciertas, de que ella solamente estaba jugando conmigo, de que en realidad no me amaba como me lo juró, como en ese momento no pude ver, me lo decían sus ojos. Y simplemente la dejé irse, pidiéndole se olvidara de todo, que me dejara de mentir. Ella lloró, me pidió que reflexionara, que comenzara de nuevo. Ella me pidió que pensara las cosas, pero en ese momento mi orgullo era más importante que las cosas buenas, que sus lágrimas y que el que yo suponía como un falso amor. Ella simplemente se fue, Anya.
- A: ¿Y por qué no la seguiste? ¿Cuánto tiempo duró tu certeza de que ella jugó contigo?...
- Y: Eso es lo más irónico. Supe desde que miré los aviones despegar que me había equivocado, que era la más grande de las idiotas, pero no tuve manera de comunicarme. Obviamente no pude detener el avión, y pensar en alcanzarla fue la opción más ridícula, porque ni siquiera sabía a dónde se dirigía. Era demasiado tarde. La vida, sin embargo, tiene cierta manía de manipular todo, ¿sabes?... Un tiempo después ella me llamó, supongo que para pedir perdón, para saber cómo estaba o simplemente para cerrar un ciclo. Ahora fui yo quien lloró, quien pidió una oportunidad, quien juró que mi amor era verdadero… Y ella no quiso aceptarlo. Ya se encontraba con alguien, estaba completamente feliz y yo ya no cabía en su mundo, sólo necesitaba hacer las paces con su pasado, y yo pertenecía a él. Lo respeté, pagué mis consecuencias y simplemente me resigné a nunca volverla a ver… Pero eso no pasó. El destino otra vez nos puso en los caminos, circunstancias más, circunstancias menos. Ella sigue feliz, ¿sabes?... Tiene una mirada completamente enamorada, pero ya no me pertenece a mi, sino a una mujer maravillosa…
- A: ¿Por qué te haces daño? Si sabes que no te corresponde…
- Y. Porque las cosas no son tan sencillas. Te pediré total discreción al respecto, ¿está bien?
- A: Claro, ¿qué sucede?...
- Y: Vine a Moscú porque me contactó la actual pareja de ésta mujer. Se metió en un problema y la vida de su amor y del mío está en peligro. Es por eso que cuido mi físico, que me preparo todas las mañanas, que tengo estos lujos. Soy la persona que debe de darle protección en caso de ser necesario.- dijo luego de dudarlo durante algunos segundos. Anya la miró realmente sorprendida. Esa revelación le dio toda la facilidad como para unir las piezas en su cabeza. Por primera vez, desde que se involucró en el asunto, todo tuvo sentido: Yulia no se lo dijo claramente, pero todo era muy obvio; Lena había sido una de sus víctimas, por alguna razón se enamoraron y ella no tuvo el valor de escapar. Ahora hasta la conversación que tuvo con Bengisson y con Alina parecía coherente. Ximena la había buscado para que protegiera a la pelirroja, por eso tenía tanto interés en que La Loba fuera declarada inocente; sabía, dentro de todo, que ella era la única persona con la Lena que se encontraría completamente segura. Tuvieron sentido tantas cosas que se preocupó que esto se reflejara en su rostro.
- A: Creo que comprendo- dijo finalmente, sin salir de su asombro. – Quieres luchar por ella, pero eso implicaría que ya está en un peligro muy grande. Por eso, aunque desees compartir todo con ésta mujer, desearías no hacerlo, al menos bajo las circunstancias en que tendría que ser…- dijo analítica.
- Y: Así es. Por eso me encuentro tan mal. Debo luchar por ella, pero esto implica que ella sigue en peligro. Es… Forzar las cosas, ¿me explico?...
- A: Sí, comprendo.
- Y: ¿Sabes de esto, Anya? ¿Sabes lo que se siente querer a alguien que nunca sentirá lo mismo por ti? ¿Sabes cuánto duele estar siempre detrás de alguien que ya no te ama o que ni siquiera estar de que alguna vez lo hizo? ¿Sabes lo que es desear hacer feliz a alguien que no te incluye en esos planes?...
- A: Sí, sí sé lo que es eso- comentó en un ágil movimiento de su mente, que se apoyó con el latido de su corazón. Necesitaba enfrentar todos sus demonios también: el odio que sintió por Yulia al conocerla, la necesidad de venganza de la sangre inocente de Alina, la sed de justicia, el deseo de cumplir sus ideales, la sensación de incomodidad de estarle fallando a su hermana. Todo eso luchaba directamente con su palpitación aumentando a cada segundo, con la lucha interna de desear sanar todo el dolor de aquella chica de ojos azules, con la incandescencia en sus dedos y en su piel aquella primera noche que pasó en el mismo departamento,. Sentía curiosidad por saber todo lo que se ocultaba tras la mirada felina de aquella fiera que en ese momento era el más inocente cordero. Sintió un nudo en su pecho: tenía las mismas ganas de hundirla que de desnudarla. No supo como pasó, no supo si fue la compañía siempre callada de La Loba, o la frialdad en su mirada de hielo. No supo si fue el descubrimiento de que detrás de todo, había una Yulia dispuesta a ayudarla, a darle asilo en su propia casa, una Yulia llena de bondad, no de arrepentimiento ni de culpas. Sintió contrariedad: las mismas manos dulces que en alguna ocasión le prepararon el desayuno, eran capaces de golpear sin piedad a alguien con tal de recibir dinero. Su interior temblaba de tal manera que le asustaba en demasía. Ya no podía soportar más aquel sentimiento. Sus manos temblaban por golpearla lo mismo que sus labios temblaban por besarla y la otra mujer parecía ni siquiera notarlo. Ya alguna vez se había animado a tratar de acercarse a ella de manera física, como en un inicio lo planeó, como un método de dominación, pero en ese momento no quedaba rastro de aquello: con el paso del tiempo, de la rara convivencia y con su olor cada que salía de la ducha, aquello era más deseo que cualquier cosa. En algún punto de su revelación, hubiera podido jurar, incluso, que se había enamorado profundamente de ella.
Yulia la miró sin comprender su respuesta, como tratando de analizarla. Le pareció encontrar ternura en aquella mirada y por un momento se remontó al pasado, enfrentando el hecho de que fueron los ojos grises de Lena los primeros en mirarla así. Se sintió frágil, inerme ante los recuerdos. Se sintió como si por primera vez, necesitara un consuelo tan grande que le hiciera olvidarse de todos y todo.
En ese momento no hubo una palabra más. Los brazos de Anya se abrieron casi en automático, diciéndole que todo, al menos por instantes, iba a estar bien. Sus ojos establecieron un contacto que pareció casi mágico y no hubo forma de que esa conexión recién establecida se rompiera hasta el momento en que fue necesario. Anya se acercó completamente. Sus labios tenían claro que el objetivo eran los de Yulia. Al momento en que el contacto comenzó, fue un poco tímido, pero bastaron un par de segundos para que una flama invisible se convirtiera en invencible. En ese momento los deseos de hacía mucho tiempo se cristalizaron, y se hicieron tan palpables como las caricias que comenzaron a surgir. Yulia cerró los ojos, aferrándose a no pensar más. No iba a permitir que ningún recuerdo inadecuado le nublara en panorama en ese momento que necesitaba sanación. Estaba consciente de que el bienestar sólo iba a ser efímero, pero no importaba en absoluto, pues además, se había acumulado en ella cierto deseo ante los encantos juveniles y feroces de Anya. Sin poder controlarse, las manos de ambas comenzaron con una danza tan mágica que parecía haber sido ensayada antes. Yulia la jaló con fuerza hacia su cuerpo, ya notoriamente agitada, y pudo sentir como el cuerpo de la rubia se estremecía con cada contacto. La ropa era un impedimento para consumir aquella pasión que se hubiera podido notar desde la luna, por lo que comenzó a volar mientras la excitación subía cada vez más. En un ágil movimiento, Yulia logró acariciarle la entrepierna al tiempo en que se perdía en su cuello. Los dedos de Alina erizaban la espalda de La Loba, con caricias alternadas, tiernas y salvajes a la vez. Era inevitable estremecerse ante ese contacto. Por un momento olvidaron todo lo que las rodeaba, las circunstancias, los recuerdos, los motivos… Anya parecía en ese momento una víctima, sin fuerza, sin control, pero de un momento a otro las circunstancias cambiaron completamente. Con un poco más de decisión, comenzó a besar desesperadamente a Yulia, mientras la jalaba con rudeza y la ayudaba a levantarse de la posición en la que se encontraba. Sin darle oportunidad de pensar en absolutamente nada, la acompañó a la cama y la tumbó en ella, comenzando a despojarle el pantalón para encontrarse así con sus piernas fuertes, torneadas y en las que no se notaba tanto los estragos del sol. Apenas le dio tiempo de contemplar esa belleza, pues la urgencia le traicionó y comenzó a besarlas sin control, guiándose sólo por sus deseos. Justo cuando iba acercándose a la entrepierna de Yulia, ésta la tomó con algo de brusquedad y sin aparente esfuerzo, simplemente las cambió de posición para ser ella quien tuviera el control. Se entregó como pocas veces, sólo necesitaba olvidar, concentrarse en todas las sensaciones agradables. Exploró su cuello durante unos minutos sin poder salir de ahí, de ese olor fresco, de esa piel nueva que sanaba de alguna manera, y de vez en cuando le dio mordiscos suaves que provocaron más de un estremecimiento en ambas. En cuanto le fue evidente que ya era el momento de actuar por completo, bajó un poco el pantalón de Anya y buscó con sus manos su entrepierna; una vez localizada, adentró un par de dedos en ella y comenzó con los movimientos que, a raíz de las distintas veces que había estado con una mujer, resultaban experimentados y completamente irresistibles para la rubia, quien suspiraba y de vez en cuando soltaba gemidos fuertes, mientras aumentaba o variaba de alguna manera la velocidad de ellos. Luego de varios minutos siguiendo con aquella secuencia, la rubia cayó como plomo en la cama de Yulia, quien sólo respiraba de forma agitada, sintiendo la reciente humedad en sus dedos. Se acercó hasta ella y como un gesto de “amabilidad” le dio un beso en la mejilla. La rubia la miró de forma desconcertada.
- Y: ¿Sucede algo?- preguntó Yulia mientras miraba hacia otra parte, para luego acostarse junto a ella, pero sin algún tipo de contacto.
- A: No es nada- mintió mientras trataba de recuperar la cordura luego de aquello, aunque en realidad todo alrededor giraba sin control alguno.- Esto fue mejor de lo que siempre me imaginé- aseguró entonces, mientras sonreía ampliamente. – Llevo mucho tiempo deseándolo- mencionó por fin, en un grave error de su inconsciente.
- Y: ¿Mucho?- preguntó algo extrañada.
- A: Desde que te conozco- trató de componer, lográndolo sólo en apariencia.
- Y: ¿Quieres cenar algo?- preguntó con cortesía, sin que se le pudiera ocurrir algo más para decir. La rubia la miró de esa manera indescifrable que comenzaba a ser familiar en esa tarde-noche.
- A: No significó nada para ti, ¿cierto?- preguntó entonces, con los ojos un poco húmedos.
- Y: Lo siento, creo que he sido muy clara contigo. Discúlpame si lo que pasó te ofendió de alguna manera o te dio una mala señal, no era mi intención.
- A: No es eso- le respondió ya limpiándose una lágrima.- Lo que sucede es que para mí si significa muchas cosas. No sé cómo pasó, pero en éste tiempo me enamoré como una estúpida de ti. Sé que no me correspondes y sé también que las cosas entre nosotras no son de la manera en que podrían ser porque hay una gran sombra aquí, atrapándonos, impidiendo que veamos quiénes somos…
- Y: Yo te hablé de mis sentimientos y créeme que mi intención no fue ofenderte.- le aseguró mirándola a los ojos.
- A: Lo sé. Sé perfectamente que por mí nunca sentirás lo mismo que sientes por Lena- murmuró. Cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo, ya era demasiado tarde, pues los sentidos siempre alertas de “La Loba” percibieron perfectamente aquel error.
-Y: ¿Qué dijiste?- preguntó únicamente como reacción.
- A: Que por mí nunca sentirás lo que sientes por ella.- comentó tratando de no hacer evidente su nerviosismo.
- Y: A mí no me engañas. Sabes perfectamente que no fue eso lo que dijiste. Yo jamás mencioné un solo nombre, ¿cómo es que lo sabes?- le preguntó mirándola tan profundamente que la hizo titubear en su respuesta.
- A: Supuse que era ella, alguna vez la mencionaste…
- Y: No es verdad. Nunca te había comentado nada al respecto y mucho menos me atrevería a decir su nombre. ¿Cómo lo sabes?- preguntó realmente inquieta.
- A: Te lo puedo explicar, Yulia, por favor…
- Y: Calla- le ordenó, para luego acercarse a ella. Su mente de cazador le indicó que estaba metida en un gran aprieto, y aunque no conocía los detalles de ésta reciente revelación, supo que debía de actuar. Anya la miró. Sabía que en ese momento estaba perdida, que todo lo que había planeado probablemente terminara por un error de segundos. Tuvo algo de miedo; Yulia era una persona diferente, pero en el fondo sabía que nunca se cambia por completo. Antes de que pudiera decir una sola palabra más, sintió como “La Loba” se iba sobre ella, logrando con facilidad absoluta sostenerla en la cama.
- A: Suéltame por favor.
- Y: No. Me vas a explicar qué está sucediendo aquí. ¿Quién eres?- preguntó mientras imprimía más fuerza en su movimiento. La mujer rubia soltó un leve alarido mientras Yulia sólo la miraba con algo de furia.
- A: Me conoces, soy Anya Stroud, soy periodista, vine a estudiar aquí, nos conocimos hace tiempo en el aeropuerto, eso es todo.
- Y: No es verdad. Sabes cosas que no deberías saber. Dime, ¿me has estado siguiendo? ¿Me espías?- preguntó con cólera, cada vez más fuera de sí.
- A: Yulia, no… Si me dejas explicarte, te diré todo, pero por favor no me hagas daño.
- Y: ¿Por qué crees que te haría daño?- interrogó con una sonrisa de ironía en el rostro.
- A: Yulia…
- Y: Dime todo, será peor si lo investigo yo misma- advirtió.
- A: Necesito que me dejes explicarte…
- Y: Te escucho- musitó sin soltarla ni reducir la fuerza de sus movimientos.
- A: Yo… No… Perdón, yo…- comenzó, pero el llanto se apoderó de ella. Tenía demasiado miedo como para ser capaz de sostener una conversación. En otras circunstancias hubiera sido valiente, pero en ese momento simplemente era una mujer sin fuerzas que tenía terror de lo que fuera a suceder, y además todo lo de la noche anterior le había calmado a tal grado la sed de Yulia que no deseaba perderlo…
- Y: Veo que no hablarás- dijo mientras la soltaba por un momento. Anya se relajó un poco, pero esa sensación de bienestar se esfumó rápidamente, pues en un movimiento ágil, Yulia la levantó con facilidad y la tumbó con fuerza en la cama. Fue hacia un mueble que contenía varias cosas, separado por varios niveles con los más diversos artefactos; en uno había documentos, en otro fotografías, uno más contenía guías para defensa personal y en el último, como si quisiera jamás necesitarlo, se encontraba una pistola, una soga y diferentes artículos con utilidad dañina. Éste último cajón se encontraba bajo llave y ésta colgaba sobre un collar en el cuello de Yulia. La sacó lentamente y luego lo abrió, sacando la pistola y la soga. Anya miraba en silencio, con curiosidad, las acciones medidas de Yulia, quien luego de tomar la soga, se acercó lentamente a ella y tomándola con fuerza de las manos, la amarró a manera de que no pudiera moverse. En un principio la rubia trató de resistirse, pero su fuerza no se comparaba con la de La Loba; era tan inútil que mejor optó por desistir.
- A: Por favor no me lastimes- pidió ya como una última opción.
- Y: Cállate y no se te vaya a ocurrir hacer un solo movimiento en falso. Te lo advierto; no estoy jugando, ¿entiendes?...
- A: ¿Qué harás?...
- Y: Vuelvo- se limitó a decir para después salir hacia el pasillo y caminar hasta la habitación de la rubia. Comenzó a buscar en el mueble que tenía, pero sólo encontró algo de su ropa. Encendió la computadora personal que suponía tenía toda la información, pero ésta no funcionó de momento, ya que se encontraba bloqueada por una contraseña que, por supuesto, no estaba a alcance de Yulia. Un poco frustrada, comenzó a buscar por toda la habitación, ignorando los gritos suplicantes de Anya, quien trataba de zafarse aunque tenía la certeza de que no podría hacerlo. La Loba, con su instinto siempre alerta, buscó en el fondo de la maleta que se encontraba debajo de la cama, y ahí encontró algo que no estaba segura de desear haber visto. En un folder color amarillo que estaba sellado casi por completo, se encontraba su nombre inscrito con tinta negra. Luchó un poco y luego lo abrió procurando no romper nada del contenido. Finalmente se encontró con algo que le paralizó por un momento: había hojas, muchas hojas, parecidas a un informe acerca de su persona. La primera hoja que leyó no eran más que suposiciones sin sentido. Su nombre, el de Iván, el de Alina y el de Bengisson se encontraban subrayados con tinta roja, haciendo notar su importancia. Había una fotografía suya, tomada desde lejos, del día que sucedieron las cosas con Alina y con Bengisson. Luego de eso, todo parecía centrarse en ella. Encontró más fotografías, en muchos ángulos de los posibles y en diferentes situaciones. Comenzó a leer mientras sus ojos goteaban lentamente, encontrándose con un informe.

Yulia Volkova
Hoy comienza éste trabajo de investigación. No puedo describir con palabras todos los sentimientos que tengo en éste momento. Mis ojos acaban de ser testigos de algo que no le deseo vivir a alguien: una mujer se mató ante mí y un hombre fue torturado, seguramente abandonado a su suerte para que muriera solo. El monstruo que provocó esto es una chica joven, con gran parte de la vida por delante. Sus ojos azules muestran el frío que en su alma se encuentra. Por el momento lo más prudente será vigilar desde lejos; ella es una persona sencilla de distinguir, de recordar y de seguir. Trabaja en la estación de policía, probablemente para encubrir sus fechorías. Parece tener encanto, carisma, y esto confirma la teoría de que los peores monstruos son también los seres de mejores modales.
Lo que hoy vi no se quedará así, como si jamás hubiera pasado. Probablemente me encuentro ante uno de los casos más escalofriantes que podré conocer en mi carrera de periodismo, pero al mismo tiempo, se trata de justicia, de hacer las cosas que corresponden sólo por el placer de que son lo correcto. A partir de éste momento me consideraré una sombra de Yulia, de todo lo que se oculta en ésta historia, y, sin importar lo que suceda, dedicaré todas mis energías para que ésta “persona” pague por las cosas que ha hecho”

Yulia dejó de leer. Le bastó poco para comprender de qué se trataba la situación. Se sintió en medio de una encrucijada; seguramente, al haber sido seguida hasta ahí y para ese momento se encontraba por completo en las manos de Anya.
Comenzó a buscar más información, algo que pudiera confirmarle lo que tanto temía, y lo encontró casi al final de esas hojas. Había imágenes de ella, durante los entrenamientos. En algunas se alcanzaba a distinguir a Piers, en la actitud siempre recta y respetuosa que mantenía. Otras de las fotografías eran de los paseos nocturnos que de vez en cuando tenía. En un par más, se encontraban ella y Ximena, mirándose con el silencio respetuoso y la cordialidad forzada que les daba su complicidad. Al último, muy para su pesar, había fotografías de muchas de las actividades de Lena, quien lucía completamente ignorante de que estaba siendo perseguida. Sintió toda la sangre de sus venas revivir, como si antes hubiera estado dormida y ahora simplemente se encontraba despertando. Notó como todos los informes finales estaban más relacionados con la pelirroja que con ella misma. Buscó un poco más: el nombre de Lena aparecía por todas partes y había decenas de notas escritas donde se reflejaban preguntas y a la vez se notaban frases como “ella es el centro”, “ella es el vínculo” “conexión casi comprobada” “probable cómplice”.
Luego de comprobar todo lo relacionado con Lena, notó que había también algunas páginas con informes sobre Ximena: no sabía como, pero había registros hasta de cuando estaba estudiando, de la posición de su familia, de los contactos que tenía, de los negocios en los cuales había invertido. Para su desgracia, igualmente se encontraban muchos de los detalles de la fundación “Padruga”: Anya tenía perfectamente claro quiénes eran los socios, las personas, los colaboradores… La última pieza, y la que hasta una noche anterior no conocía fue la misma que Yulia puso en sus manos al contarle que Lena estaba en peligro: era la pelirroja quien tenía sociedad con los traficantes de personas. Sintió su corazón acelerarse por completo, como si todo se viniera abajo sin que pudiera meter las manos.
Tomó el informe entre sus manos y se dirigió velozmente hacia su cuarto. Anya la miraba suplicante, pidiéndole una sola oportunidad. Yulia comenzó a caminar de un lado para otro, parecía que en cualquier momento se crearía una zanja en el piso.

- A: Si me permites te puedo explicar todo.- dijo con la esperanza de que éstas palabras sirvieran de algo.
- Y: Quiero que te calles. Soy un “monstruo” ¿no?... ¿No te da miedo que te mate igual que lo hice con Bengisson?- preguntó entonces con ironía. La rubia se quedó pasmada: estaba descubierta.
- A: Puedo explicarte, Yulia…
- Y: No tienes que explicarme nada. Te voy a decir una sola cosa, Anya: a mí no me importa qué pienses de mi persona. No me interesa en lo más mínimo si sigues creyendo que soy un monstruo, una criminal o una persona detestable: lo soy. No me importa que me hayas seguido, que te hayas aprovechado de mí, ni que me hayas engañado: estoy acostumbrada a que las personas me fallen. Ya no me sorprende la mierda que somos los humanos, pero ¿sabes qué?... Hay alguien a quien amo, y le amo tanto que no permitiré que nadie le haga daño. Y ese “nadie” te incluye a ti- le dijo mientras la señalaba con la pistola que tenía ya en las manos.
- A: Si me vas a matar, hazlo ya. Sólo quiero que sepas que no represento peligro para ti- dijo comenzando a llorar. – Contigo me pasó algo que nunca me había pasado y no quiero hacerte daño- aseguró.
- Y: ¿Qué te pasó?
- A: Lo sabes perfectamente, creo que es obvio y que no hace falta que lo diga… Me enamoré de ti.- Yulia respondió con una sonora carcajada.
- Y: Sabes quién soy y todas las cosas que he hecho. ¿Sabes qué pienso?... Que me estás utilizando y que lo de ayer fue una manera muy cobarde de tratar de obtener no sé que cosas. Te metiste en un grave problema, Anya.
- A: Lo sé, pero no me interesa. Sólo quiero que me dejes explicarte que no deseo hacerte daño ni a ti ni a Lena.
- Y: Ni siquiera te atrevas a mencionar su nombre- le dijo verdaderamente molesta.- Verás, Anya. No te conozco, no tengo idea de quién eres ni de qué quieres, pero lo cierto es que no puedo arriesgarme a que se te ocurra hacer algo. No voy a poner a Lena en peligro una vez más.
- A: ¿Y qué harás? ¿Vas a matarme? ¿Vas a hacerme lo mismo que le hiciste a Bengisson? ¿Vas a dejar que me muera aquí sola y herida? – preguntó con miedo.
- Y: Es probable.- le respondió a sangre fría.
- A: No has cambiado nada, ¿verdad?... No ha servido todo éste tiempo…
- Y: Cállate. No sé como te atreves a decirme algo después de lo que tú hiciste. ¿Cómo pudiste acostarte conmigo? ¿Para qué? ¿Para qué me pediste que confiara en ti?... ¡No eres mejor que yo! También tú estás jugando con cosas que no deberías… ¡Me viste la cara de tonta y te estás burlando de ello!- comenzó a decir. Sintió como una furia casi incontenible nació en ella en ese momento. Por un instante tuvo ganas de no tener conciencia, de no tener remordimiento; pensó en lo fácil que sería simplemente matarla y deshacerse de aquel cuerpo que una noche antes había sido suyo. No deseaba darle oportunidad de que dañara a Lena. No lo iba a permitir. Justo se acercaba con el arma de frente, apuntando entre los ojos, cuando el timbre de su celular la sacó de sus pensamientos. Extrañada, respondió, para encontrarse con la voz ronca de Piers.
- P: Necesito verte. Estoy justo afuera de tu departamento.
- Y: En un minuto te abro la puerta- indicó para luego colgar. Lanzó una mirada profunda hacia Anya.- No hagas tonterías. Creo que alguien te ha dado unos minutos más de vida- dijo amenazándola falsamente, aunque sin la certeza de que en efecto esto fuera verdad. La rubia suspiró profundamente, mientras seguía llorando. Yulia salió de la habitación. Se sentía tan vacía, tan furiosa… Se sentía como si el tiempo nunca hubiera pasado y ella fuera la delincuente que sin piedad hacía daño a lo que la amenazara.
Luego de abrir la puerta se encontró con Piers. El hombre la miraba con expresión profunda, casi parecía que también tenía conocimiento de lo que estaba sucediendo.

- P: Perdona que haya pasado sin avisar.
- Y: No hay inconveniente. ¿Qué deseas?...
- P: No sé. Sentí la necesidad de venir. ¿Está todo bien?... – preguntó ingresando al apartamento. Yulia sirvió un poco del vodka que conservaba cerca de la cocina en dos vasos y le dio uno.
- Y: No.- le respondió en tono seco.
- P: ¿Qué sucede? ¿Algo contigo? ¿Pasa algo con Ximena?...
- Y: Cometí una estupidez. Tengo en el cuarto amagada a la chica que te conté que vivía conmigo. Resulta que no era una extraña que conocí por casualidad, sino alguien que me conocía perfectamente y me siguió hasta aquí. Ella sabe todo lo que sucede. Te conoce, conoce a Ximena y lo mismo con Lena. Tiene en sus manos toda la información que tanto hemos estado cuidando.
- P: ¿Cuándo lo supiste?...
- Y: Hace un momento recién. Tenemos que hacer algo.
- P: ¿Y qué harás?- preguntó preocupado por el tono que utilizaba Yulia.
- Y: Deshacerme de ella. No tengo otra opción.- le dijo mientras tomaba de golpe todo el contenido de su trago. El hombre la miró con sus ojos claros más abiertos que de costumbre y luego la tomó del hombro derecho.
- P: Sabes que no puedes hacer eso. Tú ya no eres ese tipo de persona, tú ya no te puedes permitir solucionar las cosas así.
- Y: No sabemos qué hará ella con esa información. No sabemos qué quiere, es una persona capaz de muchas cosas ¡me siguió hasta aquí! Sabes que no es nuestro deber poner en peligro a Lena, sino evitarlo. ¿Qué pretendes que haga?...
- P: Lo correcto. Tú ya no eres esa mujer que mataba o que lastimaba por necesidad. Eres una Yulia diferente, no te orilles a hacer algo que no quieres.
- Y: Lo único que quiero es que Lena siga viva y poder estar a su lado.
- P: Entonces piensa si Lena quiere estar con la mujer que eres o con la mujer que fuiste, la que la lastimó y le destrozó la existencia- respondió con el mismo tono áspero que Yulia había utilizado. Ella sonrió con sarcasmo.
- Y: ¿Solo así?... ¿La dejo que se vaya como si su existencia no significara nada?...
- P: Tenemos que consultarlo con Ximena. Sabes que ella es quien debe indicarnos.
- Y: Al diablo Ximena- aseguró- Ella fue la que metió a Lena en éste lío, ¿qué va a saber de cómo resolverlo?- preguntó utilizando un tono que hacía muy evidente su molestia.
- P: Voy a consultarlo con Ximena- anunció, haciendo notar que ese argumento no le resultó válido. Se levantó y comenzó a marcar el móvil de Ximena- No hagas tonterías- le indicó a Yulia mientras salía del apartamento y hablaba con la sueca.
Yulia respiró tratando de encontrar una tranquilidad que sabía que no llegaría. Esperó durante unos minutos, mientras su mente viajaba entre cientos de pensamientos. Se sintió tonta, inerme, incapaz de hacer bien las cosas en ese momento que tanto miedo estaba sintiendo.. Luego de unos instantes que se hicieron eternos, Piers volvió y la miró con severidad.
- Y: ¿Qué te dijo?- preguntó con nerviosismo.
- P: Sabes la respuesta. Ximena es ese tipo de persona que, ante todo, hace lo correcto. No quiere que lastimes a Anya. Dice que lo soluciones de otra forma, pero que no la lastimes.
- Y: ¿Y qué otra forma?...
- P: Tienes que dejarla aquí. Me quedaré a custodiarla ésta noche, y después la dejaré en libertad. Estamos ganando tiempo y dejando nuestras manos limpias. Mañana mismo sales con Lena hacia el rumbo que elijas, tienes que pensarlo muy bien. Debes buscarla hoy mismo, Ximena no me dio muchos detalles, pero te mandó un recado…
- Y: ¿Cuál?
- P: Hoy le dirá a Lena todo lo que acordaron. Se encargará de que ella acepte tu propuesta y necesita que estés dispuesta a cualquier hora del día y de la noche. Debes tener todo listo, dijo Ximena que sabes a qué se refiere. Recomienda que te encuentres cerca de su casa.
- Y: ¿De verdad dejaremos en libertad a Anya?...
- P: No vamos a dejar que esto nos sobrepase. Tienes que irte con Lena, no importa qué suceda. De Anya me encargaré yo, pero no tiene porqué salir lastimado alguien.
- Y: No estoy de acuerdo, pero veo que no podré contra ti y contra Ximena. Iré a arreglar mi maleta y todo lo que necesitamos.- dijo dando la vuelta hacia su habitación. Ahí seguía Anya, pero no se atrevió a decirle una sola palabra.- Ojalá que tus motivos para hacer todo esto hayan sido nobles y buenos, y ojalá que pienses bien las cosas.- comentó finalmente mientras se dedicaba a guardar ropa y documentos. La rubia no respondió, paralizada por el miedo.
Luego de varios minutos, Yulia salió de la habitación y se instaló en la sala. Conectó su celular para tener batería suficiente ay poder atender a la llamada de la pelirroja o de Ximena y simplemente se dedicó a esperar ese momento en que la vida le volviera a romper el corazón a Lena.

CONTINUARÁ…


“The sun breaks through I see the beast inside of you. So not cool the heartache that you put me through ♫” – “The beast (So not cool)”, Lena Katina.
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Yarina » Jue 04 Abr 2013 15:49

Waaaaaaaaa!!!!!! >______________________<
continualo pronto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! >____________________<
Spoiler: ver
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Re: Estocolmo II

Mensaje por Pocholera » Jue 04 Abr 2013 21:18

Conti!!!!!!

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Re: Estocolmo II

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Vie 05 Abr 2013 00:00

continua!!!!
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Re: Estocolmo II

Mensaje por kaliro19 » Vie 05 Abr 2013 05:18

gkagrngra D:' contiiiiiiiiiiii
Quien se entrega por completo, jamás regresa entero.


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Re: Estocolmo II

Mensaje por Zurc » Vie 05 Abr 2013 15:43

Oh... Vaya! Continua!!!
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Re: Estocolmo II

Mensaje por crazyforkatina » Dom 07 Abr 2013 14:18

Les dejo el penúltimo capítulo. Es muy corto, pero antecede a un final que me está conmoviendo mucho...
Probablemente mañana o el Miércoles les dejo el Capítulo Final.
Nos vemos pronto.
Estoy triste porque termina...


Capítulo 9.5

A pesar de que no podía caer en cuenta aún de la situación, supo que debía comenzar a actuar. No sería fácil para ella, pero a fin de cuentas todo eso eran consecuencias de acciones que, aunque no habían sido deliberadamente erróneas, había que afrontar sin importar los motivos, como bien se lo había enseñado su padre desde que era una niña.
Durante mucho tiempo había trabajado al respecto a cómo lidiar con las cosas que sabía, que sentía, que estaba viviendo. Nunca se imaginó llegar a estar en la posición que actualmente ocupaba, con la lucha entre sus valores, su ética y sus ideales. Nunca pensó que le causaría tanto conflicto proteger ante todo a alguien, aunque esto le implicara que la injusticia fuera la bandera con la cual lucharía.
Lena acababa de salir, notoriamente afectada por como se había dado la situación, pero finalmente la victoria ya había llegado hasta ellas. Se sabía una persona inteligente y capaz, y ese éxito reafirmaba que era capaz de conseguir todo lo que quería, pues tenía todas las armas necesarias y además una excelente manera de utilizarlas.
Respiró por un momento y luego se tomó un par de minutos para comenzar con aquella charla que sería incómoda pero que era completamente necesaria, pues finalmente, lo que expresaría ahí había sido inicialmente el motor que la movió para hacer todo lo que realizó durante ese tiempo. Miró con sus ojos claros a Yulia. Sabía que en algún momento tendría que enfrentarse a ella, pero nunca pensó que le costaría tanto esfuerzo. Sonrió amablemente y luego se acercó para estrecharle la mano nuevamente en señal de victoria.

- Y: ¿De qué quieres que hablemos?- preguntó por fin la mujer, mirándola directamente a los ojos. Nunca se andaba con rodeos y esa vez no iba a ser la excepción.
- X: Primero que nada, quiero felicitarte por esto. Tienes libertad y sé que la mereces por la manera en que has corregido tu camino; siempre creeré en la redención y más ahora que tengo delante de mí a un ejemplo claro de ella- comentó de manera sincera, sosteniendo la mirada.
- Y: Gracias. No hubiera podido lograrlo sin ti. Y ahora que no está Lena, quiero preguntarte algo, ¿puedo hacerlo? Es una duda de hace tiempo y sé que si me pediste hablar es precisamente porque me la resolverás.
- X: Dime cuál es tu duda- dijo francamente sorprendida por el nivel de astucia de aquella mujer que hasta hacía un tiempo era una completa desconocida.
- Y: ¿Cuál fue la verdadera razón por la que me apoyaste? Sé que crees en la redención, hasta cierto punto comprendo tu fascinación como abogada por un caso como el mío, estoy consciente de que el agradecimiento también es un buen impulso, pero… Sé que hay algo más. Sé que tuviste otro motivo para que todo saliera bien, la determinación que tenía tu mirada no reflejaba sólo que creías en mí, sino que necesitabas hacerlo. Dime, ¿necesitas que te ayude en algo?- preguntó directa. Ximena titubeó un momento, pues Yulia estaba adquiriendo cierto control sobre la situación.
- X: Sí, pero no quiero que me malentiendas. No busco de ti un beneficio personal y tampoco quiero que pienses que te apoyé solo porque necesitaba tu ayuda. Creo en la causa, también y sólo quiero que sepas que no estás obligada a apoyarme en lo que te pediré, solamente es una opción y comprenderé perfectamente si lo rechazas.
- Y: No te preocupes, Ximena, no te estoy reclamando. Sabes que será para mí un placer apoyarte, es lo menos que podría hacer después de la manera en la que tú me ayudaste. Me diste una segunda oportunidad y eso es algo invaluable. Dime qué necesitas y lo haré- soltó con la sinceridad que ya comenzaba a ser el eje de la conversación.
- X: Muy bien, pues gracias por ésta disposición. Te contaré de manera muy resumida, si al final de la conversación deseas apoyarme, después te daré los detalles correspondientes.
- Y: Sí. Dime entonces.
- X: Lena y yo tenemos muchos proyectos juntas, pero el más importante de ellos es una fundación para las niñas de la calle. La fundación lleva el nombre de “Padruga”. Resulta que mi familia tiene los medios suficientes como para haber realizado el proyecto únicamente con sus fondos, con algunas de las empresas de mi padre e incluso con algo de las ganancias que tiene un negocio mío, sin embargo no quise limitar el proyecto y con la ambición de ampliarlo y hacerlo más grande, para poder apoyar a más niñas, comencé a difundir la idea por si algunas otras personas o empresas estaban interesadas en apoyarnos. Para mi mala suerte, llegaron unas personas que me ofrecieron más apoyo del que esperaba y acepté la ayuda sin medir las consecuencias. Mi socio directo, al igual que su hija son personas buenas, pero desconocían que parte de su equipo no eran tan “buenas compañías”. Para resumir, nos metimos con gente de la peor calaña, que traficaban con personas- dijo para arrepentirse al instante, notando el gesto de incomodidad de Yulia.- Discúlpame, no quise ofenderte- pidió con sinceridad.
- Y: No te preocupes, sería el colmo que me ofendiera luego de todo lo que he hecho. Como dicen, “a lo hecho, pecho”- dijo resignada medio sonriendo.
- X: Muy bien… Pues… Entonces, nos metimos con la gente equivocada. He tratado por todos los medios de pensar en una solución que no signifique que alguien pierda; no me siento bien trabajando con ellos sabiendo la clase de cosas que hacen, sabiendo que utilizan algo tan puro y tan inocente como una fundación de apoyo para lavar dinero y seguir con la impunidad de sus crímenes. Por más que he analizado como salir bien librada de esto, no encuentro la manera. Sé que tengo los medios legales, pero no cuento con el tiempo suficiente. Temo que en cuanto se den cuenta de que estoy haciendo todo lo posible por librarme de ellos, nos harán daño. Kajsa, la hija del socio de mi padre, fue quien me comentó esto, ya que fue precisamente su padre quien descubrió toda la situación… Ellos están amenazados de muerte y me temo que eso me pondría en la misma circunstancia. Si se tratara de mí, no me atrevería a recurrir a ti, pero…
- Y: Pero…
- X: Cometí el grave error de poner a nombre de Lena todo lo relacionado con la fundación, por lo tanto es ella quien se encuentra en peligro.- dijo con verdadero dolor en sus palabras.
- Y: No entiendo cómo puedo yo ayudar en algo.- respondió tratando de ocultar la perturbación sentida.
- X: Tengo la certeza de que no quiero estar cerca de ellos, y podré hacer todo lo posible porque se vayan cuanto antes, pero sé que esto implica arriesgarnos. Escucha, Yulia… Quiero que me ayudes en lo siguiente: cuando llegue el momento en que las cosas se salgan de control, porque sé que puede pasar, deseo que te lleves a Lena lo más lejos posible. Quiero que vivan en una isla lejana, muy lejana, donde se pueda acceder muy difícilmente. Yo me encargaré de todos los gastos que esto conlleve, de la casa, de conseguir los pasajes, de tener en orden los documentos. Lo único que deseo que hagas es que la cuides y que la mantengas viva y a salvo.
- Y: Lo que me estás pidiendo es una locura. Tienes todo lo necesario como para poner a Lena bajo el resguardo de la misma CIA si lo deseas así, ¿por qué no lo haces?... No es que no desee apoyarte y no es que tema por lo que me pueda pasar, te estoy muy agradecida y créeme que no tendría inconveniente en realizarlo, pero Lena no me tolera cerca y tiene sus razones… ¿Cómo pretendes que ella acepte?...
- X: No sé cómo, pero tenemos que lograrlo. Entiende que no puedo poner a Lena en otras manos…
- Y: ¿Por qué?...
- X: Porque todas las demás personas pueden caer en la tentación de la corrupción, de la traición… Sé que tú nunca le harías daño a Lena y sé que darías tu vida por ella.
- Y: ¿Y cómo es que sabes eso?... – preguntó en un tono que buscó frialdad.
- X: Porque ya lo hiciste una vez y porque tienes el motivo más grande del mundo para protegerla.
- Y: ¿Qué motivo es, según tú?...
- X: Que la amas.- respondió entonces, a pesar de que su corazón le dolió profundamente con esas palabras.
- Y: Yo…
- X: Tranquila, no me tienes que explicar nada. Me doy cuenta de más cosas de las que digo, y créeme que sé perfectamente todo lo que sucede.
- Y: ¿No te molesta?...
- X: Claro que no. Conociste a Lena antes que yo. Ella nunca me dijo nada directamente, pero hay cosas que simplemente salen a la luz por su misma naturaleza. No sé que rastros queden en éste momento en Lena, pero sé que tú sigues sintiendo lo mismo por ella, se nota en la forma en la que la miras, supongo que yo lo hago de la misma manera- dijo con cierto romanticismo. La situación era muy rara y algo incómoda, pero supo que todas las cosas se debían de hablar así de directas pues era necesario que la verdad reinara aquella situación.
- Y: Ximena, claro que deseo apoyarte, pero no quiero poner a Lena en una situación complicada. Tú misma viste cómo lo único que ella tiene es cordialidad para mí, no creo que eso cambie en tan poco tiempo…
- X: No será en “tan poco tiempo”- interrumpió- No podemos acelerarnos a hacer las cosas, no sé aún cómo saldrá todo, no sé si podré lograr que éstas personas se larguen de la fundación y no sé tampoco si al final estaré lista para perder a Lena. Escucha, Yul… Sé que te lo que te estoy pidiendo no es justo para ti, y tampoco para Lena o para mí, pero en cierto momento será lo único que nos asegure que Lena estará bien si las cosas no salen como espero. No creas que para mí es muy sencillo pedirte que en caso de ser necesario vuelvas a enamorarla y te la lleves lejos a darle una felicidad que yo no puedo, pero prefiero pensar en eso que saber que Lena no está más en éste mundo, ¿me explico?... La amo tanto que preferiría perderla antes que arrancarle al mundo la dicha de su existencia- dijo prácticamente al borde de las lágrimas.
- Y: ¿Me estás pidiendo que en caso de ser necesario, la conquiste de nuevo y me la lleve?...
- X: No precisamente- respondió con cierta incomodidad.- Lo único que deseo es que la pongas a salvo, que le des argumentos lo suficientemente fuertes como para que ella escape contigo, pero no podemos planear nada porque no sabemos cómo se va a dar la situación. Lo que te estoy diciendo, Yulia, es que estaría dispuesta a perderla incluso si eso significa que tú has logrado volver a robarle el corazón.- comentó sintiendo cada una de esas palabras quemándole las cuerdas vocales. Le dolía pensar siquiera en esa posibilidad, pero se dio cuenta de que realmente no tenía muchas alternativas de las cuales elegir. Conocía perfectamente a Lena y supo que no habría manera de que ésta la dejara sabiendo la situación y conociendo las consecuencias.
- Y: Cuando menos déjame pensarlo, ¿está bien?... Lena es el amor de mi vida, Ximena. Es la única persona que conozco que sabe ver más allá, siempre nota lo positivo de las personas aunque éstas estén envueltas en oscuridad. Sabes del poder curativo de su sonrisa, de la magia que otorgan sus manos, de cuánto puede tranquilizar su voz… Entiendo lo que me estás pidiendo, porque sé que ustedes tienen un lazo muy especial, se les nota en la forma en la que se miran, en todo lo que se dirigen, en cómo hablan la una de la otra; yo ya no tengo esa magia con ella. Créeme que te comprendo, porque una vez también lo hice: preferí verla lejos de mí, pero a salvo… Sé que lo que me estás pidiendo es la mejor opción para ti en éste momento, pero yo necesito reflexionar si quiero ser el premio de consolación, si deseo estar con alguien que todo el tiempo estará pensando en otra persona… No sé si estoy lista para luchar una batalla que ya siento perdida, Ximena.
- X: Piénsalo, Yulia- le respondió algo conmovida por todas las palabras. – Yo sé que lo que te estoy pidiendo no es sencillo, pero me atrevo a hacerlo precisamente porque sé que tú comprendes de lo que estoy hablando. No quiero ser la persona que ponga a Lena en un peligro tan grande como perder la vida.
- Y: Estaremos en contacto. Tengo mucho que analizar y sé que tú también.
- X: Yulia… Por favor piensa bien las cosas. Tú y yo tendremos una guerra limpia, ¿bien? ¿Estás dispuesta?...
- Y: Lo pensaré.- se limitó a responder mientras su corazón se hacía más pequeño. Trató de encontrar el valor para luchar por algo que tenía perdido.
- X: Gracias. En caso de que aceptes, necesito que te encuentres a disposición a cualquier hora, cualquier día. Me encargaré de poner tus papeles en orden, todo lo legal se queda en mis manos. Buscaré un apartamento donde podrías vivir en caso de ser necesario y buscaré a un viejo amigo que nos puede apoyar en esto.
- Y: Me parece bien, pero recuerda que aún lo pensaré.
- X: Con eso basta en estos momentos.- respondió extendiéndole la mano. Yulia la apretó en señal de cordialidad y un brillo especial se dibujó en los ojos de ambas. Luego de éste gesto, Ximena se despidió cordialmente y comenzó a caminar hacia la salida del lugar. Luego regresó la vista- Créeme que esto me duele igual o más que a ti, pero a veces es necesario sacrificar para un bien mayor. Gracias, Yulia.- dijo finalmente y luego salió por aquella puerta, perdiéndose de la vista azul de Yulia.


CONTINUARÁ…

"Responde a mi nombre si te lo susurran, arranca de todo mi piel que es tan tuya, que arda mi cuerpo si no estás conmigo, amor... Olvídame tú, que yo no puedo. No voy a entender de amor sin ti. Olvídame tú, que yo no puedo dejar de quererte, por mucho que lo intente... ♫"- "Olvídame tú" - Miguel Bosé.
Nunca volveré a encontrar inspiración en tus ojos grises. Ya ni siquiera puedo imaginarme quien eres.
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Re: Estocolmo II

Mensaje por TheOneWhoDoesntDream » Dom 07 Abr 2013 17:01

aaa odio cuando dicen que ya llega el final, pero bueno continua!!!
En fin, el amor si existe y viene en forma de pizza.

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Re: Estocolmo II

Mensaje por Zurc » Dom 07 Abr 2013 19:42

Ya tan rápido va a terminar!! :-(
Te Quiero Apasionadamente... Y Te Quiero Apaciblemente... Puede Que El Amor Eterno Sea Eso, Esta Mezcla De Paz Y Fuego.

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Mensaje por -.Luna.- » Dom 07 Abr 2013 23:39

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaawwwwwwwww!!!!!!!!!!!!!!!! >w< mas mas mas!!! dash2 dash2 dash2

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Re: Estocolmo II

Mensaje por Yarina » Lun 08 Abr 2013 00:36

Conti!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Spoiler: ver
::Por ¡t.A.T.u! me corto las venas::

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Re: Estocolmo II

Mensaje por Pocholera » Lun 08 Abr 2013 20:47

Conti!!!!!

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Re: Estocolmo II

Mensaje por zaykatinavolkova » Mar 09 Abr 2013 11:35

aaaah, continua!!!
[offtopic]
Spoiler: ver
Y desde q t conoci t convertiste en la persona mas importante en mi vida
[/b]
[/offtopic] lastima q no sea correspondiada :(

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Re: Estocolmo II

Mensaje por TheLastWinner » Jue 11 Abr 2013 11:30

continua
I've been a Martyr for love
and I will die in the flames
as I draw my last breath
as I'm closing to death
I will call out your name.

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Re: Estocolmo II

Mensaje por Zurc » Jue 11 Abr 2013 18:35

Continua!!!
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Re: Estocolmo II

Mensaje por kaliro19 » Vie 12 Abr 2013 02:44

Contiiiiiiiiiiiii
Quien se entrega por completo, jamás regresa entero.


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moka_katina
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Re: Estocolmo II

Mensaje por moka_katina » Jue 18 Abr 2013 23:29

wooow me perdi de ciertas cosa, pero ya estoy al tanto!! :D muuyy bueno chica y el simpre hecho de pensar que se termina me pone triste :(

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