MÁSCARAS // POR: NAB

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NaB
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Re: Máscaras // Por: NaB

Mensaje por NaB » Jue 19 Ene 2017 13:58

Veintiuno: Máscara de anestesia

El siguiente mes por un lado fue un infierno, me sentía como si tuviera resaca todo el tiempo, vomitaba a cada rato y mientras Yulia me sujetaba el cabello y me sostenía entre sus brazos yo sentía que la vida se me iba por el retrete, por el otro inesperadamente comenzamos a formar un gran equipo entre los tres.
Escuché la puerta cerrarse mientras que por milésima vez vaciaba el contenido de mi estomago. Al escucharme Yulia corrió al baño para auxiliarme.
-Tranquila, ya pasará- me decía mientras acariciaba mi espalda.
-Llegas temprano- le dije en el descanso que tuve entre una arcada y otra.
-Le pedí a Johna que me cubriera en la última clase- aclaró mientras trataba de limpiar mi cara con papel higiénico.
-Estoy hecha un desastre.
-Estas hermosa, ven tomemos una ducha.
Sin esperar a que respondiera ella abrió la regadera y comenzó a quitarse la ropa. Me lavé los dientes para quitar cualquier rastro de vómito, me desnudé y me uní a ella bajo el chorro de agua.
-Esto es fantástico- declaré mientras ella masajeaba mi espalda.
-Tú eres fantástica.
Esa era mejor parte de todo eso, un par de caricias y explotaba la bomba de hormonas. La acorralé contra la pared y comencé a besarla con ansias.
-Me encantas- dijo entre suspiros cuando mis besos se trasladaron hasta su cuello.
-Y tu a mí, te necesito, necesito que me hagas tuya.
Sus manos recorrían mi cuerpo mientras yo seguía chupando y mordiendo cualquier parte de su piel al alcance de mi boca.
-Amor, no quiero hacerle daño.
-No lo harás- dije tratando de empujar su mano hacia abajo. –De verdad te necesito dentro de mí, ahora.
Sus dedos comenzaron a hacer pequeños círculos alrededor de mi manojo de nervios, pero necesitaba más, lo necesitaba más fuerte. Traté de hacérselo saber mordiendo su labio inferior y cuando ella soltó un gemido lleno de placer cambié de opinión y me escurrí entre sus brazos para quedar arrodillada frente a ella. Tomé una de sus piernas y la puse encima de mi hombro mientras acercaba mi boca hasta su intimidad. Separé sus labios con una mano y con la lengua comencé a recorrer sus pliegues.
-Lena.
Siempre que decía mi nombre entre gemidos me encantaba, me llenaba de satisfacción. Con una mano me sujetó del cabello acercándome más a su sexo mientras que la otra se aferró a la pared para no perder el equilibrio. Hice círculos con la punta de mi lengua y cuando ella movió su cadera la introduje hasta donde me fue posible. Su humedad se mezclaba con el agua que escurría por su cuerpo diluyendo su sabor. Le impedí que se moviera aferrándome a su cintura, deslicé la lengua hasta su clítoris donde retomé el movimiento circular y con mi dedo índice y medio volví a penetrarla.
-¡Oh, mi amor!.
Ella aprovechó que la había soltado y movió su cadera al ritmo en que la envestía hasta que comencé a acelerar. Adentro. Afuera. Profundo. Las paredes de su vagina aprisionaron mis dedos indicándome que estaba cerca del precipicio.
-Quiero que te vengas en mi boca- le dije y volví con mi tarea de complacerla.
No tardó mucho, gimió con mayor profundidad, dejó caer su cabeza hacia atrás mientras el resto de su cuerpo convulsionaba en olas de placer. Mis labios se llenaron con su esencia y con la lengua traté de limpiar cualquier rastro de su orgasmo.
-Te amo- declaré mientras esperaba que ella regresara a tener el control de su cuerpo.
Estaba impaciente por sentirla, por que me hiciera sentir bien con sus caricias, por tocar el cielo con mis manos mientras ella me trasladaba hasta allá con las suyas.
-Tu turno- dijo empujándome hasta que cambiamos lugares.
El timbre comenzó a sonar cuando Yulia apenas se había arrodillado enfrente de mí y yo maldije en voz alta.
-No estamos- grité y traté de retomar lo que estábamos haciendo, pero ella se alejó y se puso de pie.
-Es Iván.
-Que espere.
-Amor, quedamos de ir juntos.
-Aún tenemos tiempo.
-No, ya no tenemos tiempo, pero te lo recompensaré. Vamos.
Me dio un beso en los labios y cerró la regadera dejándome frustrada sexualmente. Quería mucho a Iván, pero en ese momento lo odié por que no podía ser más inoportuno.
Ella se envolvió en una toalla y salió a abrirle mientras yo me vestía. Cuando salí a saludarlo apenas me acerqué a él las nauseas regresaron.
-¿Qué te pusiste?- le pregunté con cara de horror al percibir aquel aroma, sin siquiera decir un hola.
-¿Qué?.
-Hueles espantoso.
-Es la colonia de siempre- dijo él, desconcertado por mi reacción.
Yulia estalló en carcajadas e Iván contraatacó su burla.
-Antes te encantaba.
-Antes. Ahora no lo soporto. Báñate, no pienso ir contigo a ningún lado si hueles así.
Yulia lejos de molestarse lo tomó de la mano y lo arrastró hasta el baño.
-Vamos, te llevaré una toalla.
-No pienso…
-Créeme, no quieres discutir con ella- dijo señalándome.
Ese ultrasonido era especial porque podríamos conocer el genero del bebé, pero justo antes de llegar acordamos que lo dejaríamos en suspenso hasta el día del parto, bueno en realidad yo lo acordé y a ellos no les quedó otra más que aceptar.
Y así se me pasó el tiempo como arena entre los dedos, 24 semanas de embarazo y entre antojos a las tres de la madrugada y horas y horas de sexo con mi novia, por fin se me notaba que tenía un bebé adentro creciendo fuerte y sano. Cada vez que pensaba que no podía estas más grande me equivocaba y la bascula se burlaba de mí anunciándome que había ganado otro kilogramo de peso. Marishka se encargó de mantener el suministro de aceite para la piel con el propósito de que no me quedaran estrías después de que mi abdomen se estirara al grado de pensar que en cualquier momento explotaría. Aún con el aceite y todas las cremas que mi madre me llevaba, una mañana al mirarme al espejo descubrí una enorme línea roja en mi estómago. Me deprimí, no volvería a ser la misma, mi cuerpo estaba cambiando y ya no había vuelta atrás. ¿Y si ya no le gustaba a Yulia?, pensaba una y otra vez.
-¿Mi amor?- me llamó Yulia desde la habitación.
Me envolví de inmediato en la toalla para evitar que me viera y corrí a poner el pestillo de la puerta.
-¿Lena?- volvió a llamarme tocando la puerta.
-¿Sí?
-Ya esta el desayuno listo.
-No tengo hambre, desayuna tú.
-¿Puedo pasar?- preguntó con calma.
-No, estoy desnuda.
Ella comenzó a reír.
-Mi amor, te he visto desnuda unas diez mil veces.
-Me voy a bañar- respondí de inmediato buscando un pretexto para que ella no entrara.
-¿Puedo bañarme contigo?.
-No, no voy a tardar.
-¿Todo esta bien?- preguntó esta vez con un toque mas serio en la voz.
-Sí.
-¿Puedes abrir la puerta?.
-No Yulia, por favor desayuna tú- respondí esta vez con más firmeza de la que realmente pretendía.
-De acuerdo.
Por su voz supe que estaba dolida, y de inmediato me arrepentí, pero en cuanto volví a desnudarme frente al espejo decidí que evitaría a toda costa que me viera desnuda. Mis pechos estaban más grandes y hasta daba la impresión de que se escurrían por mi tórax, mis caderas habían crecido considerablemente al igual que mi trasero, y esa línea, esa línea no tardaría en cicatrizar marcándome de por vida. No lucía para nada atractiva, de hecho al contrario, mi aspecto daba asco. El cabello todo revuelto, tenía ojeras porque la noche previa no podía acomodarme de ningún lado y apenas había conciliado el sueño tuve que pararme para orinar; y si me agachaba, mi cuello se doblaba dejando una gran cantidad de piel debajo de mi cara. Me estaba convirtiendo en un monstruo. El timbre del departamento sonó y me apresuré a vestirme. Iván aparecía todos los días y siempre me llevaba un presente: flores, artículos y ropa para el bebé, pero ese día al idiota se le ocurrió llevar cupcakes.
En cuanto entré a la cocina Yulia me miró desconcertada. Le había mentido y de inmediato me sentí estúpida por no haberme mojado ni siquiera la cara para fingir un poco.
-Hola- me saludó Iván con alegría. –Te traje cupcakes- dijo estirando una charola de plástico con al menos una docena de ellos en su interior.
-¡Bueno, ustedes me quieren engordar más de lo que ya estoy!- grité con desesperación mirando el desayuno consistente en una cantidad exagerada de tocino y huevos, pero lo único que podía ver era grasa y más grasa que se acumularía en mi cuerpo.
Tomé la charola y se la arrojé directo a la cara. Yulia abrió los ojos con sorpresa y yo corrí a encerrarme en la habitación. Estaba enfadada con ellos, no me entendían, nadie me entendía, ya no era la misma, y estaba desesperándome.
-¿Mi amor?- me llamó Yulia con cautela, abrió la puerta lentamente y se asomó para verificar si era seguro entrar a la habitación.
-Mi vida, ¿estas bien?.
-No, por favor déjame sola.
-No puedo.
Se acercó lentamente hasta sentarse a mi lado.
-No puedo dejarte sola, te amo, ¿recuerdas?.
Las lágrimas escurrían por mis mejillas empapándome toda.
-¿Qué sucede?.
No respondí, simplemente dejé que me abrazara y me desmoroné entre sus brazos. Estaba aterrada, no sabía si sería una buena madre, no sabía hasta que grado cambiaría mi cuerpo, no sabía si podía llegar a ser la misma de antes. Habían tantas cosas que quería hacer con Yulia, viajar, conocer muchos lugares del mundo, salir de fiesta, emborracharnos juntas hasta altas horas de la madrugada, tener sexo por todo el departamento una y otra vez, y ninguno de esos planes se cumpliría. Ahora teníamos la responsabilidad de un hijo. ¿Y si le sucedía algo? ¿y si se me caía, o se enfermaba?, ¿Qué sabía yo de cómo cuidar a un bebé?. Nada. No tenía ni la mas mínima idea. Y lo peor de todo es que la estaba arrastrando a ella a tomar esa responsabilidad, cuando ella no tenía la culpa de nada.
Yulia me abrazó con fuerza y comenzó a mecerme con delicadeza.
-Aquí estoy, aquí estoy- repitió varias veces para que no lo dudara.
Pero esa era la otra cosa que me aterraba, que ella en algún punto decidiera que no era lo que quería, que decidiera marcharse. Ella misma me dijo que teníamos mucho tiempo para nosotras antes de pensar en tener familia, tenía planes para nosotras y yo los había interrumpido. Estaba en todo su derecho de rechazarme, después de todo yo no era la persona de la que se había enamorado, esa chica sexy y segura de si misma que conquistaba al mundo con su sonrisa; sólo quedaban pedazos de una mujer aterrada.
-Me vas a dejar…- Dije bajito exponiendo mis temores.
Ella me sujetó con más fuerza y sonrió.
-Nunca, nunca te dejaré mi amor.
-Deberías.
-No, sería una idiota si siquiera lo pensara. Nunca voy a dejarte.
-Pero Yul, tu no quieres esto.
-Si lo quiero mi amor, lo quiero.- Dijo levantando mi rostro para poder verme a los ojos -Quiero una familia contigo, quiero pelear contigo cuando no estemos de acuerdo, quiero desvelarme cuando nuestro bebé lloré por las noches, quiero que sigas levantándome en la madrugada porque se te antojó algo, quiero que me grites cuando estas desesperada y que me agarres de almohada por la noche. Te amo Lena, ¿no lo entiendes?, no puedo dejarte, no puedo alejarme de ti. Te amo, con todo mi corazón, y amo a este bebé, porque es parte de ti.
Me aferré a ella y seguí llorando hasta que me cansé. Ella salió para decirle a Iván que todo estaba bien y después regresó para acurrucarse conmigo y quedarnos así el resto del día. Ni siquiera intentó tocarme, y yo agradecí que no lo hiciera, no quería que me viera, no quería causarle asco. Antes de mi ataque de depresión Yulia había intentado mantener mis necesidades sexuales a raya con sexo oral, diciendo que era más seguro para el bebé, trataba de cuidarme y yo lo entendía y hasta lo disfrutaba, realmente mi novia era muy buena con la lengua. Pero, poco a poco comenzó a notar mi rechazo. Cuando íbamos a la cama yo me apresuraba a ponerme la pijama en el baño o dándole la espalda, cuando me bañaba no dejaba de asegurar la puerta con el pestillo, y cada vez que su mano se colaba por debajo de mi blusa la retiraba de inmediato. Sin embargo ella no decía nada, y solo me rodeaba con sus brazos tratando de hacerme sentir segura.
Mis hormonas estaban hechas un desastre, un momento estaba llorando como Magdalena y al siguiente tenía un ataque de risa por alguna bobada.
Yulia e Iván comenzaron a remodelar el departamento, dejando el estudio de Yul libre para que quedara como la habitación del bebé.
-Amarillo- dijo Iván.
-Blanco- debatió Yulia –es un color neutro y podemos pintar otras cosas encima.
-Podemos poner nubes en las paredes- dijo él por fin estando de acuerdo con mi novia.
-Y estrellas en el techo, quedará fantástico ¿tú que piensas amor?- me preguntó con una sonrisa en sus labios.
-Me agrada.
Iván fue por la pintura mientras nosotras terminábamos de guardar los libros en cajas, cuando regresó nos ayudo a sacarlas para dejar la habitación totalmente desnuda y lista para pintarla.
-¿Dónde pondrán todo eso?- preguntó él sacando la última caja y dejándola en la sala.
-Pondré un librero detrás del sofá- respondió Yulia.
-Pero quitará espacio.
-Lo sé, pero no puedo llevarlos a casa de mis padres, los necesito a la mano.
-Pues deberías pensar en comprar una casa, este departamento es muy pequeño, de hecho la habitación del bebé es muy pequeña, no cabrá todo lo que necesita.
-¿De qué hablas?- preguntó ella a la defensiva.
-De la cuna, el moisés, una cómoda, un bebé necesita muchas cosas.
-Eso lo sé, pero no puedo permitirme comprar una casa en este momento, esto es lo único que tengo para ofrecerle.- Respondió con pena pero firme.
-Pero yo sí, puedo comprar una casa, y después…
-No, no necesitamos de tu ayuda. Lena es mi novia, y vive conmigo…
-Ya lo sé, no tienes que repetírmelo…
La paz y la tranquilidad de la que disfrutaba de pronto se vieron frustradas por la disputa de “machos” que mantenía mi novia con el papá de mi hijo.
-No te metas en eso.
-Pero también es mi hijo y quiero darle lo mejor.
-Ya te dije que no, no necesitamos tu limosna, en cuanto pueda YO les daré la casa que se merecen.
-¡Eres imposible!.
-¡YA CALLENSE LOS DOS!- interrumpí la discusión gritando más fuerte que ellos. –Si van a pelear como gorilas prefiero no escucharlos.
Me encerré en mi habitación no sin antes amenazar a Yulia con que no quería verla en un rato, de lo que me arrepentí un par de horas después y salí corriendo a buscarla. Ambos estaban dormidos en los sillones, llenos de pintura blanca.
-Mi amor- dije acariciando su cara para que despertara.
Ella se removió en su lugar y volví a moverla.
-Despierta- le pedí susurrando en su oído.
-Lena, ¿qué sucede?, ¿el bebé…
-Todo esta bien. Pero, no puedo dormir si no estas a mi lado- le dije acomodando su cabello.
-Ah, ya voy. Deja que me ponga la pijama- dijo levantándose aún medio dormida.
Tomé una de las cobijas del closet y se la coloqué encima a Iván quien dormía profundamente.
-Pintamos toda la habitación- mencionó Yulia cuando me descubrió arropándolo como si fuera un niño pequeño.
-Lo imaginé.
Fuimos a dormir, se acomodó a mi lado y sin que lo pidiera me abrazó como todas las noches.
-Te quiero mi amor- le dije dándome la vuelta para verla a los ojos.
Ella lucía cansada y luchaba con fuerza por no cerrar los ojos.
-Yo también te quiero, los quiero a ambos- respondió acariciando lo que quedaba de mi cintura.
La besé despacio en la mejilla tomándome el tiempo necesario para dibujar sus facciones con mis labios. No la merecía, era demasiado buena para alguien como yo. Llegué a su boca y tracé el contornos de sus labios con la lengua. Yulia abrió la boca dándome el espacio suficiente para entrar en ella, atrapó mi lengua entre sus labios y la chupó tranquilamente. De nuevo mis hormonas explotaron y comencé a desnudarla manteniendo el ritmo lento que estaba disfrutando. Me ayudó a quitarse la blusa y la prenda salió volando por encima de mi cabeza, sentí su piel y me estremecí con su contacto. Era increíble, cada vez que estaba con ella parecía como si fuera la primera. Yulia correspondió a mis caricias recorriendo con sus manos mi espalda por debajo de la pijama, bajó desde mis escápulas para después colarse debajo del pantalón y acariciar con devoción mis caderas. Quería estar encima de ella, quería estar entre sus piernas, pero la enorme panza en medio de nosotras no me lo permitía. Despacio desabotonó uno a unos los botones de la pijama, poniéndome nerviosa. Sujeté sus muñecas deteniéndola, y tratando de respirar con normalidad.
-No te voy a gustar- dije con pesar.
Ella sujetó mi rostro entre sus manos y me miró fijamente con ternura.
-Eso es imposible. No me gustas, me encantas Lena.
Sus dedos regresaron a los botones de la pijama y yo de nuevo negué con un movimiento de mi cabeza. Quería tocarla, quería sentirla, pero no quería que me viera.
-Déjame tocarte, por favor- suplicó para después volverme a besar.
El corazón se me encogió dentro del pecho, nunca había suplicado por que hiciéramos el amor y yo me sentí sumamente culpable por haber llegado hasta ese punto.
-Me encantas, de verdad me gusta tu cuerpo mi amor. Eres increíblemente hermosa.
Sus labios se dirigieron a mi cuello y temblé ante su contacto.
-No tienes idea de cómo me excitas. Siente.
Tomó mi mano y la metió por debajo de su pijama y su ropa interior. No estaba húmeda, estaba literalmente empapada. Era una estúpida por sentirme insegura.
-Te deseo, todo el tiempo, a todas horas, en todo momento. Si no te toco no es porque no quiera, si no porque no quiero atosigarte. Pero te deseo mi amor.
Abrió la chaqueta de par en par y se abrazó a mi tórax dejándome sentir plenamente su piel. Bajé uno de los tirantes de su sujetador y llené su hombro de besos húmedos. Su respiración se volvió pesada y la humedad apareció en medio de mis piernas. Sólo un par de palabras y Yulia desvanecía cualquier inseguridad que pudiera existir. Nos hincamos una frente a la otra y con la misma tranquilidad deslizó la chaqueta por mis hombros hasta que desapareció. Me besó el cuello y el nacimiento de mis pechos mientras desabrochaba el sujetador y yo me sostuve de sus hombros para mantener el equilibrio, estaba embriagada con sus caricias, y la cabeza no paraba de darme vueltas mientras buscaba a tientas el broche de su sostén.
-Te amo- susurró empujándome para que quedara tendida en la cama. Me quitó el pantalón junto con la ropa interior, se colocó encima de mí, con los brazos soportando su peso para no hacerle daño a nuestro bebé, pero la sentía lejos y me frustró no poder sentirla por completo. Ella descifró mi rostro y sonrió.
-Ven aquí- dijo bajito dándome la mano para ayudarme a levantar.
Nos quedamos las dos de pie junto a la cama, no entendía lo que ella buscaba, pero la sonrisa en sus labios me daban la certeza de que ya tenía algo en mente.
-Da la vuelta- colocó sus manos en lo que quedaba de mi cintura y me empujó hacia un lado para que hiciera caso a sus indicaciones. Sus labios recorrieron mis hombros, mi espalda, la piel se me erizaba por ahí donde ella pasaba con sus besos húmedos, su lengua trazaba líneas y mi corazón saltaba lleno de alegría; eso era lo que necesitaba, lo que más quería, que me hiciera sentir amada. Me inclinó sobre la cama y separó mis piernas mientras seguía dejando besos por mis glúteos. Eso era el paraíso, me encantaba su forma de tocarme, de amarme.
-Tócame- le pedí con la voz rota por la decadencia y la pasión que me inspiraba.
Sus besos subieron de nuevo por mis espalda y su mano se coló entre mis piernas hasta la entrada de mi intimidad.
-Estas tan mojada- dijo con la misma voz que yo tenía momentos antes –Me vuelves loca.
Sus dedos se deslizaron con suavidad dentro de mí y mi espalda se arqueó por el placer de recibirla.
-Te amo, no tienes idea de cuanto te amo. –Declaré entre gemidos.
-Yo también mi amor.
Entraba y salía con facilidad, y pronto su ritmo se aceleró dejándome sin aliento. Su dedo pulgar se deslizó quedando entre mis glúteos y un gemido más sonoro salió de mis labios, no necesité decirle que la sensación me gustaba y ella comenzó a acariciar con pequeños círculos el esfínter que hasta entonces se había mantenido ajeno a sus caricias.
-Hazlo- le dije mientras notaba que ella se detenía un segundo.
Estaba tan lubricada que no necesitamos ayuda para que su dedo se deslizara dentro. La nueva sensación me volvió completamente loca, y pronto mis gemidos se volvieron aullidos llenos de placer. Pronuncié su nombre una y otra vez mientras ella seguía con dos dedos dentro de mi vagina y su pulgar dándome un placer desconocido hasta entonces.
El calor del orgasmo apareció por debajo de mi vientre y se extendió por cada fibra nerviosa de mi cuerpo. Sin poderlo detener solté un grito lleno de emociones y caí de lado en la cama rendida. Ella salió despacio y me ayudó a acomodarme entre las sábanas.
-Eso fue increíble.
-Lo sé- respondí con la poca voz que me quedaba.-Contigo siempre es increíble.
Yulia nos cubrió con el edredón y de nuevo se acomodó rodeándome con sus brazos.
-Me encantas, nunca dudes de ello. Eres hermosa mi amor.
Me dio un beso detrás del oído y yo sonreí, agradecida de que ella entendiera lo que sentía sin necesidad de explicárselo.
-Perdóname- dije con pesar unos minutos después. -Sé que estoy insoportable.
Yulia no respondió, cuando volteé a mirarla la encontré profundamente dormida y antes de estallar en un nuevo berrinche porque se durmió mientras le hablaba me mordí la lengua y volvía a abrazarme a ella. Ni yo me soportaba y esperaba que esa fase del embarazo terminara pronto.

Cumplí seis meses de embarazo y pensé que no podía estar más grande, mi abdomen estaba totalmente redondo, a tensión, como si pudiera explotar en cualquier momento. Yulia se había ido a la escuela y yo no pude evitar sentirme sola. Acaricié mi enorme vientre y comencé a hablarle a mi bebé.
-Pronto veras tu habitación, quedó genial, papá pinto nubes en las paredes y mamá Yul puso estrellas en el techo…
Ya antes había sentido que se movía, pero no como en ese momento, me dolió, un golpe justo debajo de mis costillas y supe que ahí estaba, escuchándome.
El timbre del departamento sonó interrumpiendo mi charla con el bebé. Abrí la puerta y me alegró saber que al menos uno de los dos estaría conmigo en ese momento. Iván entro sin esperar invitación, a esas alturas ya no era necesario. Comenzó a decirme que Yulia le había mandado un mensaje, pero no le presté atención. Dejó unas bolsas sobre la mesa y me miró detenidamente mientras yo me acomodaba en el sillón y acariciaba mi vientre.
-¿Esta todo bien?.
-Ven.
Le dije mientras me hacía a un lado para que el se sentara detrás de mí. Cuando se acomodó tomé su mano y la coloqué donde estaban los golpecitos.
-Eso es…
-Sí, piensa que su mama es un costal de arena- dije sonriendo.
-No puedo creerlo.
El comenzó a acariciar mi enorme panza y a hablarle al bebé.
-Te amo, tu mamá te ama, y tu mamá Yulia también. Ya quiero verte. Si eres una niña te voy tratar como una princesa, y si eres un niño te enseñaré a jugar fútbol…
“Iván será un buen padre”, pensé recordando la suerte que tenía por tenerlo a mi lado con eso, no hubiera podido encontrar un mejor compañero. Iván siguió hablándole al bebé y él por fin dejó de golpearme. Las palabras de amor susurradas por Iván para nuestro hijo me arrullaron hasta que me quedé profundamente dormida.
Horas después desperté con el sonido de la puerta al cerrarse. Yulia nos miraba con el seño fruncido.
-¿Interrumpo algo?- preguntó mientras dejaba sus llaves sobre la mesa.
-El bebé ya patea- Le respondió Iván.
-¿Esta pateando?- preguntó con emoción en la voz.
-No, dejo de hacerlo hace un rato.- dije con calma.
De nuevo frunció el seño y miró a Iván con coraje.
-¿Y se puede saber por qué no me avisaste?.
-Por que estabas trabajando.
-Sí, pero de haberlo sabido hubiera venido de inmediato.
-Lo siento, pero Lena se durmió y yo ya no me pude mover de aquí.
-Sí claro, me imagino; por eso al entrar lo primero que me encuentro es a ti abrazando a mi novia.
-Estaba hablando con mi bebé.
-¿Tu bebé?, te recuerdo que yo también soy su madre.
El momento mágico se había acabado. Había disfrutado de la paz de los últimos meses y en ese momento no estaba lista para discutir. De pronto estaban actuando tan infantiles que me frustré buscando la manera que regresar a nuestro estado de paz y tranquilidad.
-Era un momento importante, lo único que quería era que tuvieras la consideración de avisarme.
Me puse de pie mientras Yulia e Iván se peleaban por darme la mano.
-Eres imposible, te estoy diciendo que no podía moverme, dejé el celular en la mesa.
Al levantarme, sin ayuda, claro esta, por que ambos seguían inmersos en su discusión; me sentí mareada. Un pitido comenzó a sonar bajito en mis oídos, no era fuerte pero si muy molesto; y después manchas de colores aparecían en mi campo de visión, como si tuviera basura en los ojos.
-Pues me hubieras llamado antes de acomodarte con mi novia en el sofá.
-¡YA CALLENSE LOS DOS!- grité.
Todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor y mis piernas se doblaron dejándome caer. Los brazos de Yulia me sostuvieron, Iván ayudó a acomodarme en el sofá, pero todo se desvaneció dejándome inmersa en la oscuridad. Abrí los ojos y vi a Yulia gritando desesperada mientras Iván hablaba con alguien por teléfono.
-Tranquila mi amor, todo estará bien. No, no, no, no cierres los ojos. Aguanta.
-Ya viene la ambulancia.
Otra vez oscuridad. Desperté y me encontré con una cara extraña frente a mí gritandole instrucciones a alguien más. Yulia sostenía mi mano e Iván la abrazaba por los hombros, ambos estaban llorando. Tragué saliva con dificultad, mi garganta estaba seca.
-Mi… mi…
-Lena, aquí estamos amor- dijo Yulia entrelazando sus dedos con los míos.
-Mi… mi… mi bebé- dije tratando de preguntar cómo se encontraba el bebé, pero estaba mareada, y con la cabeza a punto de estallarme.
-Tranquila. Necesito que te tranquilices- me pidió el paramédico.
Pero en lugar de tranquilizarme me estaba desesperando cada vez más por que nadie me decía el estado de mi bebé. Tenía tanto sueño que tenía que reunir todas mis fuerzas por abrir los parpados que cada vez me pesaban más, pero de nuevo el cansancio me venció y volví a quedarme a oscuras.
Apenas llegamos al hospital un grupo de médicos salió a nuestro encuentro. Desperté en cuanto la camilla tocó el suelo. Todos hablaban rápido, yo seguía con el zumbido en mis oídos y no podía entender nada. Pusieron electrodos en mi pecho descubierto, y me conectaron a varios aparatos, traté de fijar toda mi atención al monitor fetal de mi vientre pero no pude escucharlo.
-Tendremos que hacerte una cesárea de emergencia. Inhala profundo- Dijo una enfermera colocando una mascarilla en mi cara.
Una máscara que no quería utilizar, traté de contener la respiración pero la máscara no dejaba de tocar mi cara.
“¡No! ¿una cesárea de emergencia? ¿qué diablos sucede? ¡MI BEBÉ AÚN ES MUY PEQUEÑO! ¡NO PUEDE NACER!...”
-No… mi… mi bebé.
Luché por mantenerme despierta, luche con todas mis fuerzas por alejarla de mí, pero se mantenía firme contra mi nariz obligándome a inhalar los gases que salían de ella. No pude quitármela, y esa máscara ganó cuando me quedé dormida. Una máscara que atentaba contra el bienestar de mi hijo. Una máscara de anestesia.
SoMeOnE CaLl ThE DoCtOr GeT a CaSe Of A lOvE bIpOlaR!!!!!!!

t.A.T.u. mas que un grupo... una revolución!!!!!!!!

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NaB
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Re: Máscaras // Por: NaB

Mensaje por NaB » Jue 19 Ene 2017 13:59

Final: Desnuda.

Al despertar lo primero que hice fue llevarme las manos al abdomen temiendo lo peor. Seguía igual de grande y redondo, pero no respiré tranquila hasta que por fin sentí que se movía dentro de mí.
-Tranquilo- susurré con la voz ronca– No… no dejaré que nada te suceda.
Escuché los gritos de mi padre en el pasillo y de inmediato me alarmé.
-Tú no eres nadie para decidir sobre la vida de mi hija.
Me preocupó que tuviera un enfrentamiento con Yulia y yo no pudiera estar ahí para defenderla, pero ese temor desapareció al escuchar la voz de Iván responder.
-Soy el padre del bebé y tengo que protegerlo.
No entendía nada, quería una explicación cuanto antes y busqué una forma de hacer ruido y llamar su atención; encontré un timbre para llamar a la enfermera y lo toqué una y otra vez.
-Yo también soy su madre. – Esa vez si era la voz de mi novia, pero sonaba rota. –No puedes decidir tú solo.
-Ya despertó.- Les informó la enfermera antes de entrar a la habitación. –Tranquila, enseguida llamo al doctor para que venga a verte.- dijo antes de que yo pudiera preguntar cualquier cosa y salió igual de rápido.
Me desconcertó más el echo de que aún sabiendo que estaba despierta nadie entrara a ver como me encontraba. Escuché mas voces que susurraban y no pude entender nada de lo que decían. Era frustrante no saber, pero me aferré a la idea de que si mi bebé se movía significaba que estaba bien. Minutos después entro un médico junto a Iván y a Yulia.
-¿Me quieren explicar que sucede?. - Pregunté con la poca voz que tenía.
Me dolía la garganta y tenía mucha sed.
-Hola Elena, soy el doctor Greg….
-Sí, sólo… dígame que sucede- pedí desesperada y cansada de tanta formalidad.
-Sucede que tienes algo llamado preclampsia, tu presión subió mucho y puso en riesgo tu vida.
-¿Mi bebé?.
-El bebé esta bien. Pero necesito que entiendas esto, es una enfermedad ligada al embarazo y no existe una manera de curarla a menos de que el embarazo sea interrumpido.
-No- dije cubriendo mi vientre con las manos determinada a evitar que nadie se acercara a mi bebé.
-Lena, amor por favor escucha- me pidió Yulia tratando de contener su llanto.
-Elena, podemos intentar controlar tu presión pero en cualquier momento se puede volver a disparar y puede evolucionar, hay otra fase de la enfermedad, la eclampsia; si llegas a ella no podremos hacer nada y el desenlace sería fatal para ti.
-Pero el bebé aún es muy pequeño, apenas tengo veintiséis semanas.
A esas alturas las lágrimas escurrían libres por mis ojos sin que las pudiera detener.
-Lo sé, pero tu caso es grave, por eso de inmediato te metieron a quirófano.
-Pero no lo hicieron.
-No los dejé- respondió Iván y yo tomé su mano con agradecimiento.
Entendí por que discutían en el pasillo, me dolió que Yulia pusiera en duda que importaba más la vida del bebé que la mía, pero encontré el mismo dolor en su mirada.
-Escucha, sé que es una decisión difícil, pero tu bebé tiene posibilidades de sobrevivir si hacemos la cesárea ahora; tú quizá no las tengas si esperamos.
-Lena…- habló Yulia pero la interrumpí antes de que dijera algo que me dolería hasta el alma.
-No, nadie tocará a mi bebé- dije apretando la mano de Iván pidiéndole en silencio que nos protegiera.
-Podemos esperar hasta los siete meses- dijo él abrazándome por lo hombros en una actitud protectora. –Si el bebé cumple los siete tendrá más posibilidades de sobrevivir.
-Sí, pero pocas veces eh visto casos tan severos. El riesgo es muy alto- respondió el doctor.
-No importa, esperaremos- dije yo con firmeza.
-Entonces iniciaremos la terapia de maduración pulmonar, tu bebé es muy pequeño y si nacerá prematuro hay que poner sus pulmones en condiciones para realizar una cesárea- dijo derrotado. –Te quedarás en observación, y dentro de un rato vendré a ver como sigues.
El médico salió dejándonos a los tres en una situación tensa.
-No dejes que le hagan daño- le pedí a Iván aforrándome a su brazo.
-No lo haré, aquí estaré todo el tiempo, lo prometo.
-Lena por favor…
Yulia trató de acercarse pero le puse un alto con la mano.
-Déjanos solas- le pedí a Iván dejándole saber con la mirada que estaría bien.
-Estaré afuera por si me necesitas.
En un segundo todo lo que habíamos logrado en esos meses se fue a la mierda y en cuanto él salió Yulia comenzó a llorar.
-Lena- me rogó entre sollozos.
-No.
-Lena, por favor escúchame…
-No, no lo entiendes, es mi bebé.
-Lo sé pero…
-No lo digas- le pedí con la voz rota.
-Por favor, él puede sobrevivir, y si algo ocurre podemos volver a intentarlo, podemos…
-¡NO!- grité enojada. –No voy a dejar que lastimen a mi bebé.
-Nadie quiere lastimarlo Lena, pero…
-No, no puedo creerlo Yulia, creí que lo amabas.
-Lo amo, de verdad que sí, pero no quiero perderte. Mi amor por favor…
-Vete.
-Lena…
-Vete, no quiero verte.
-No hagas esto te lo suplico.
De nuevo comencé a apretar el timbre llamando a la enfermera, desesperada porque Yulia saliera de la habitación y me dejara sola.
-¿Necesita algo?- preguntó asomándose por la puerta.
-No quiero más visitas- dije con dificultad por el nudo atorado en mi garganta.
-Mi amor…
-Quiero estar sola.
Se acercó a la cama y yo me volteé rechazándola.
-Te amo- dijo después de darme un beso en la frente y se marchó.
En cuanto la puerta se cerró dejé que el llanto se apoderara de mí. Lloré por que la felicidad no dura más que un par de minutos, porque cuando la vida te da algo bueno en un segundo también te lo quita, por que podía morir, por Yulia, y por mi bebé. Me negué a creer que eso me estuviera sucediendo a mí, pero sí que lo estaba. Traté de calmarme, respiré profundamente y me tragué las lágrimas que quedaban.
-Mamá esta aquí- le dije a mi pequeño acariciándolo despacio. –Mamá te protegerá.
Los días pasaron y yo me negué rotundamente a ver a Yulia, quien, según me informó la enfermera, no abandonaba la sala de espera. Iván era el único al que le permitía entrar a la habitación y cuando el dolor me invadía me consolaba abrazándome y acurrucándose conmigo en la pequeña cama. Ambos sufríamos la incertidumbre de que en cualquier momento todo se complicaría y yo terminaría en el quirófano.
Después de la primera semana yo ya estaba desesperada por salir del hospital, mi tensión arterial se había mantenido en los rangos normales y el médico me dio de alta después de toda mi insistencia, no sin antes informarme de todos los síntomas por los que debería alertarme, desde un simple dolor de cabeza hasta que de repente me hinchara como una pelota de playa. Iván me ayudó a bajarme de la cama, la enfermera me ayudó a vestirme y entre ambos me sentaron en una silla de ruedas. Al salir de la habitación me encontré de frente a Yulia quien esperaba paciente como todos los días.
-Me iré a casa de mis padres- le dejé saber con la voz más fría que tenía, estaba realmente furiosa con ella.
Yulia me miró dolida, agachó el rostro y asintió resignada.
-Vamos- le pedí a Iván quien siguió empujando la silla hasta la salida.
Me llevó a casa de mis papás, detuvo el auto frente a la entrada y me miró fijamente.
-Sé que estas dolida con ella, y si yo fuera un poco más idiota intentaría tomar ventaja de ello, pero la entiendo.
-No, si ella amara realmente a mi bebé no hubiera puesto su vida en riesgo.
-Ella ama al bebé, pero también te ama a ti Lena, y créeme que yo mismo pensé en firmar el consentimiento de la cesárea, pero creo que después de todo no te amo tanto- dijo guiñándome un ojo.
-Le estoy dando la oportunidad de alejarse.
-Ambos sabemos que no lo hará Lena. No es idiota.
Reí ante aquella broma que se había vuelto tan nuestra. Pero no pude evitar pensar que sí, que Yulia era una idiota por poner la vida de mi bebé en segundo plano.
Me instalé en mi antigua habitación y después de asegurarle que le llamaría si necesitaba algo Iván se marchó dejándome con mi madre quien me juró que estaba de mi lado y si algo sucedía protegería a mi hijo. Así mi enorme y hermosa familia se había dividido por completo en dos. Por un lado mi padre intentaba convencerme de regresar al hospital y hacer la cesárea de una vez, contando con el apoyo de Vladislav, de mi hermano, de Vitya y muy a mi pesar de Yulia; por el otro, yo me negaba a escucharlo, argumentando que soportaría todo lo que pudiera hasta que él estuviera listo para nacer y contaba con Iván, con mi madre y con Marishka quienes se turnaban para hacer guardia en mi habitación y alejar al resto de mí. Yulia iba cada tarde después de sus clases a preguntar cómo me encontraba yo y el bebé, y si podía verme, pero yo me negaba una y otra vez. El médico pasó a visitarme en casa tres veces esa semana para verificar que todo siguiera en orden. Llegué a pensar que se habían equivocado en el diagnóstico, y que mi embarazo podía seguir hasta el final, pero él insistía en programar la cesárea. Yulia esperaba cada vez hasta que el médico salía de mi habitación para interrogarlo. Y escuché como resopló con alivio cuando este le anunció que me programarían para una semana después. Estaba preocupada, pero yo no dejaba de pensar que era lo mejor para ambas. Que yo tendría a mi bebé y Yulia sería libre de todas esas responsabilidades que venían junto conmigo. De cierta forma le estaba haciendo un favor al alejarla.
Una noche después de que mi madre volviera a tomar mi presión y yo me dispusiera a dormir Yulia apareció tocando la guitarra debajo de mi ventana. Su voz llegó hasta mis oídos con la melodía de “always on my mind”, y yo no pude evitar estremecerme. Me asomé por la ventana y la encontré parada encima de su auto, su voz sonaba extraña y supe de inmediato que había bebido.
-¡Baja ya Katina!- gritó Olga quien estaba a un lado de Yul.
El corazón me protesto encogiéndose dentro de mi pecho, pero no podía evitar el rencor que sentía en contra suya. Mi papá entró a la habitación sin pedir permiso y me tocó el hombro para que lo mirara.
-Sigue insistiendo.
-Sí. Pero no puedo papá.
-Las cosas nunca salen como uno quiere hija, pero de eso se trata el madurar, de hacer frente a la vida con todo lo que trae, y ella esta dispuesta a enfrentarlo contigo.
-Lo sé, pero ese día…
-Ese día ella estaba preocupada por ti, si te sucede algo también la vida del bebé estará en peligro Lena, ella solo buscó lo mejor para ambos, al igual que hubiera hecho yo. No estamos en tu contra, al contrarió, estamos preocupados por ti.
Los dos nos quedamos en silencio mientras ella daba la última vuelta de la canción, con la voz cada vez más rota.
-Te ama.
-Lo sé. Y no entiendo como puede amarme después de todo lo que eh hecho.
-Así es el amor Lena, no tiene explicación, tu lo sabes mejor que nadie. Tú me lo recordaste. No puedes evitarlo, simplemente lo sientes.
-Yo también la amo.
-Lo sé.
El sonido de su guitarra se apagó.
-Te amo- gritó con fuerza para que pudiera escucharla.
Pero yo aún tenía miles de dudas en la cabeza.
-Deberías entenderla. ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar?.
-No lo sé. Apoyarla en lo que ella decidiera.- Respondí después de meditarlo unos segundos.
-¿Y por que no dejas que ella te apoye?
-Por que ella no quiere apoyarme.
-¿Se lo has preguntado?. Que yo sepa ni siquiera has dejado que te vea. Anda ya, baja y arregla las cosas con tu novia.
Sonreí, era la primera vez que mi papá se refería a Yulia como mi novia, y me encantó la idea de que por fin la aceptara como parte de mi vida y de nuestra extraña familia.
Bajé lo más rápido que pude, sosteniendome de mi padre quien me acompañó hasta la puerta, pero al salir sólo puede ver las luces traseras de su auto alejandose.
-Tardaste mucho.
Me sobresalté al escuchar su voz detrás de mí, pero suspiré resignada al ver a nuestra amiga parada junto a la puerta.
Se acercó a mí, le dio ptro trago a su cerveza y me apuntó con el dedo.
–Dijiste que no volverías a hacerle daño.
-Lo sé Olga…
-Nada,- me interrumpió- esa chica te ama con todo su ser y tú no has hecho nada por corresponderle. Te lo juro que no te entiendo, lo tienes todo Katina, la tienes a ella, al papá super guapo de tu hijo, todos los amigos que te adoran y tú te encargas de hecharlo a perder…
-Tienes razón.
-¡Claro que la tengo!. Pero aún no termino contigo…
-Lo sé ok, sé que me volví a equivocar. Pero tengo miedo Olga, tengo miedo de un día Yulia despierte un día y se de cuenta de que no tiene la vida que quería, que tenga que soportar a un bebé llorón y le tenga que cambiar los pañales, cuando ella quería salir de fiesta con sus amigos, y entonces va a dejarme… y yo…
-¡Pero que estupideces estas diciendo! Te lo juro que te patearía el trasero ahora mismo si no estuvieras embarazada. Ella esta loca por ti, ama a tu hijo como si ella misma lo hubiera hecho. ¡No seas idiota! ¿Acaso no te das cuenta de cuanto te ama?.
-Yo también la amo.
-Entonces dime como lo vas a solucionar, porque te juro que si no lo haces en cuanto mi sobrino salga de ahí adentro te golpearé hasta que no recuerdes ni tu nombre.
Tenía tanto miedo de perderla que yo misma la estaba haciendo a un lado para evitarme el dolor de que ella decidiera marcharse. La única que podía decidir si quería irse o quedarse a mi lado era ella, y yo había tomado la decisión sin consultárselo, estaba siendo injusta al no darle la oportunidad de elegir. Yulia lo había apostado todo por nosotras, y entonces era mi turno para hacerlo. Una pregunta y tendríamos todo un futuro esperando por nosotros. Una simple pregunta que nació en mi cabeza esa noche.
-Necesito tu ayuda.
Apenas y podía dormir, estaba tan acostumbrada a su presencia que por las noches la buscaba para que se pegara más a mí, pero solo encontraba mis almohadas esparcidas por todos lados y no sus brazos. La extrañaba, la necesitaba y la amaba con todas las fuerzas de mi alma.
Unos días después cumplí las 29 semanas y por fin respirábamos tranquilos, la cesárea estaba programada para dos días después y mamá decidió hacer una fiesta para celebrar que su nieto pronto nacería. El médico había dicho que tenía que evitar el estrés y cualquier ejercicio físico, así que ella se encargó de organizar todo. Mientras, yo había tomado una decisión y pondría mi plan en marcha.
-¡Estas loca!- exclamó mi padre cuando le conté mis intenciones. -¿Qué parte de que debes evitar el estrés no entendiste Lena?.
-Si papá, si estoy loca. Pero estoy loca por haber esperado tanto. La amo, y no pienso esperar ni un día más.
-Pero hija no es el momento…
-Papá, nunca será el momento adecuado. En serio la amo, y no estoy pidiendote permiso, te estoy avisando.
Llamé a Iván, a Marishka y a Vitya para que nos ayudaran a Olga y a mi con los preparativos y después de discutir con Iván sobre lo mismo, si era el momento o no, todos estuvieron dispuestos a ayudarme. Los ánimos de todos habían mejorado y poco a poco estábamos saliendo de aquel bache. Traté de buscar la mejor manera para hacerlo, una manera única y diferente; mamá me acompañó de compras para asegurarse de que no sucediera nada y no caminara más de lo necesario. Y, esa tarde, cuando Vitya e Iván terminaron con lo encomendado, yo me senté frente al espejo para ponerme una máscara más, una donde las palabras no fueran necesarias.
La fiesta estaba comenzando y como habíamos quedado, mi madre se encargó de invitar a toda la familia, incluyendo a Yulia.
La pintura comenzaba a molestarme en los ojos; pero tenía que soportarlo. Nerviosa y con el alma en las manos esperaba a que la puerta se abriera y dejara entrar a mi novia. Que bonito sonaba aquello, mi novia, mi mujer, y si aceptaba también sería mi esposa, solo esperaba que siguiera siendo mi novia y que todos mis rechazos no la hubieran alejado lo suficiente para que dejara de amarme. Yulia era lo último que pensaba antes de que el sueño me venciera, con quien soñaba compartir el resto de mi vida, el primer pensamiento de la mañana, ella, ella y mi bebé era todo para mí. Pronto la sala estaba llena de los amigos que habían compartido tanto en nuestras vidas, quienes me saludaban y me deseaban la mejor de las suertes. Sólo esperaba que una vez más Yulia lo apostara todo por nosotras y me aceptara, por que a pesar de mi orgullo, mis miedos, inseguridades y demás, la amaba con cada fibra de mi ser y quería compartir el resto de mis días con ella.
-¿Nerviosa?- pregunto Iván a mi espalda.
-No- respondí volteando a verlo.
Su mirada comprensiva me sacó una sonrisa.
-No mientas, estas temblando. Tranquila, todo saldrá bien- dijo con una sonrisa en la cara.
-No lo sé, quiero pensar que sí. Iván, todo lo que le he hecho es para que salga corriendo alejándose de mi.
-No pienses eso. Recuerda que no debes estresarte. Ella te ama tanto como tú a ella, no tienes por que dudar.
-No voy a poder hacerlo. Cuando la vea no voy a poder hablar y…
-No tienes que hablar- me interrumpió- recuerda que hoy eres un mimo.
Sonreí. Tenía toda la razón, mi disfraz era una escusa perfecta para no tener que hablar. Quizá así sería más sencillo. Entre todas esas personas encontré a mi amor, a la mujer de mis sueños, la única en el mundo que podía llegar a mi corazón con su mirada. Lucía increíblemente hermosa en un vestido negro, y yo me quedé sin palabras al verla. Desde las escaleras Vitya me señaló la puerta donde ella se encontraba. Era el momento.
-Buena suerte- dijo Iván tomando mi hombro e infundiéndome la confianza que me hacía falta.
Me acerqué lentamente, tenía el corazón latiendo con toda su fuerza dentro de mi pecho. Las manos me sudaban humedeciendo los guantes blancos que las cubrían. “Hora del show”, pensé, lista para una nueva actuación.
Yulia me vio, agachó su rostro apenada esperando un nuevo rechazo de mi parte. Moví mi mano saludándola y ella se sorprendió. Mi atuendo desencajaba por completo con los de los invitados, y la sonrisa en mi cara era algo que ella no esperaba.
-Hola- dijo agachando la mirada de nuevo. –Lena…- No dejé que continuara y puse uno de mis dedos cubiertos por los guantes blancos en sus labios.
Moví la cabeza y mi brazo indicándole que me siguiera. Caminé hacía la puerta que daba al jardín exagerando cada uno de mis pasos. Seguía nerviosa pero no permití que ella lo notara.
-¿Vamos a salir?- preguntó y yo asentí con la cabeza.
-Oye ¿no has visto a una chica pelirroja? Creí que la vería aquí y no la encuentro- dijo tratando de seguirme el juego.
Negué y luego teatralmente puse mi mano en la frente e hice como si buscara a lo lejos hacia todas direcciones. Levanté mis hombros y negué con un gesto de tristeza.
-Creo que me quedaré sola esta noche- dijo fingiendo aflicción.
La miré y le sonreí; me señalé y puse mi brazo para que ella lo tomara.
-¿Te vas a quedar conmigo?- preguntó mientras caminaba a mi lado.
Yo asentí y seguí nuestro camino. Olga me miraba desde la ventana de una de las habitaciones del segundo piso esperando el momento indicado para encender el interruptor. La noche era hermosa, la luna brillaba en lo alto del cielo y las estrellas acompañaban con destellos en una perfecta orquesta de romance. Miré hacia la ventana y asentí como señal para Olga. Todos los pequeños foquitos se encendieron al mismo tiempo, desde los arbustos, los árboles, la enredadera que cubría las paredes; todos iluminando su rostro. Yo la miré y no pude evitar sonreír. No dijo nada, pero su expresión era todo lo que yo esperaba. La señalé y metí una mano debajo de mi blusa rayada e imité el palpitar de mi corazón con la mano.
-¿Te gusto?- me preguntó.
Negué con la cabeza y volvía a repetir el mismo movimiento; señalarla, palpitar.
-¿Me quieres?.
Volví a negar y vrepetí el gesto, pero entonces cerré los ojos y solté un suspiro dando a entender que era mucho más profundo que eso.
-¿Me amas?.
Esta vez la respuesta fue afirmativa. Volteó a verme y antes de que abriera sus labios para decir algo le puse un alto con la mano. Señalé las estrellas e hice el ademán de querer alcanzar una de ellas para regalársela. Me estiré lo más que pude para después con cuidado y tomando mi vientre me hinqué frente a ella.
Lo tomé entre mis dedos, respiré profundo y la señale con una mano para luego con la otra mostrarle el símbolo de mi amor. Su rostro cambió de una enorme sonrisa a uno de total seriedad.
-Lo lamento mi querido mimo, pero lo nuestro no puede ser- Dijo después de un momento.
El alma se me caía a los pies, el corazón se detuvo matándome por un segundo.
-Estoy enamorada de la chica pelirroja- dijo endulzando su semblante.
Yo en respuesta me quité la boina dejando al descubierto mi cabello rojo.
-Amo a una chica con las manos mas hermosas de mundo, capaz de llevarte al cielo con una caricia- Me quité los guantes y los coloqué sobre el pasto dejando mis manos al descubierto.
-Amo a una mujer con el rostro bañado en pecas- y dicho esto ella se hincó frente a mí, tomó uno de los guantes y comenzó a quitarme el maquillaje. –Amo a una mujer que por mas que se oculte detrás de una máscara es valiente- Anunció sorprendiéndome. –A la que lucha hasta el final por lo que quiere- quitando con cada pasada la última de mis máscaras.–Amo a la que despertó junto a mi una mañana y con su mirada gris me dijo cuanto me amaba- la mascara que disfrazaba mi inseguridad, mis peores miedos.
Toda nuestra vida llevamos una máscara puesta, quizá tenemos una variedad de ellas escondidas, una para cada ocasión. Nadie sabía lo que había debajo de todas esas máscaras, nadie sabía lo que realmente soy. A veces ni yo misma sé quien soy. Una máscara que usamos por demasiado tiempo se vuelve un rostro para nosotros, se une a nuestra piel; se pierde la distancia, el espacio entre la máscara y nuestro ser. Nos confunde, nos transforma. Perdemos parte de nuestra esencia. Nos volvemos parte de ella. ¿Para qué las necesitamos?, ¿cuál es su propósito?; las usamos como protección, protección a lo que sabemos nos puede dañar, las usamos para alejar el peligro… el peligro de que rompan nuestro corazón. Pero, como decía Yulia, el amor es una apuesta, das todo, te entregas. Y quizá así, desnuda, frágil, desprotegida, indefensa, quizá así podría amarme, ó, quizá no.
-Ahí estas- me dijo sonriendo tomando entre sus manos mis rostro al descubierto.
-Te amo- le dije con seguridad. –Yulia Volkova, ¿te casarías conmigo?.
-¿Tu que crees?- respondió mientras depositaba un beso en mis labios.
La piel se me erizó y me estremecí toda al sentir de nuevo su contacto, ¡Cómo los había extrañado en esas semanas!, la había extrañado a toda ella. Sus labios acariciaban con paciencia los míos en un beso lleno de ternura y yo sentí como la tranquilidad me inundaba mientras trataba de demostrarle lo arrepentida que estaba por haberla alejado con mis besos.
-Dímelo- le pedí cuando nos separamos.
-Sí, sí mi amor, quiero casarme contigo.
Una enorme sonrisa se formó en mi rostro y sin pensarlo dos veces volví a besarla.
-Perdóname, perdóname por alejarte.- le pedí mientras esparcía besos en todo su rostro.
-Perdóname tú a mí. Te amo Lena, no tienes idea de cuanto te amo.
Sus labios buscaron los míos y me abrazó pegándome lo más que podía a sus cuerpo, con nuestro pequeño protegido en medio de nosotras.
Yulia saltó de pronto alejándose de mí.
-¡Oh por Dios!. Lena…-
Mi bebé había estado inquieto todo el día, y yo estaba tan concentrada en sentir los labios de mi ahora prometida que no había prestado atención a los golpes de mi hijo.
-Se esta moviendo- dijo con ilusión reflejada en su mirada.
Había olvidado por completo que Yulia nunca había sentido las pataditas de nuestro bebé y me emocioné por poder mostrárselo.
-Dame tu mano- le pedí.
Coloqué su palma justo donde nuestro pequeño estaba pateando y los ojos de Yulia de inmediato se llenaron de lágrimas. De nuevo me sentí culpable por no haberle permitido estar ahí junto a nosotros. Ella lo amaba, lo amaba tanto como yo. Ya no tenía dudas.
-Hola mi amor, soy tu mamá- dijo con la voz rota llena de emoción.
-Te amo- dije una vez más viéndola a los ojos. –Te amo.
-Yo también te amo.
Me ayudó a levantarme y ambas reímos cuando notamos a todos amontonados en la puerta atentos a nosotras.
-¡Dijo que sí!- grité con emoción y todos comenzaron a aplaudir.
Mi padre me abrazó y me dio un beso en la frente. Mamá de inmediato comenzó a hablar de los preparativos de la boda y yo la tranquilicé asegurándole que en sus manos todo saldría perfecto.
-No eres una idiota- le dijo Iván a Yulia quien no dejaba de sonreír.
-Tu tampoco.
Ambos se abrazaron y yo no podía sentirme más feliz. Todo estaba en orden de nuevo, todo era mágico, como nunca imaginé. Yulia me abrazó por la cintura mientras enseñaba su anillo con orgullo. Perfecto, no había otra palabra para describirlo. Todo era perfecto.
-No sabes lo feliz que me haces- dijo ella volviendo a abrazarme encerrándonos en esa burbuja de felicidad.
-Tú me haces inmensamente feliz mi amor. Este es el final perfecto de nuestra historia.
-No mi amor, apenas es el inicio.- Respondió acariciando mi mejilla con cariño.
Volví a besarla, con calma, con ternura, tomándome el tiempo para degustar sus labios, acariciándolos con devoción. Ella era lo único que necesitaba para sentirme segura, para saber que todo estaría bien, que ella estaría ahí a mi lado. Todo lo que viniera después lo enfrentaríamos las dos juntas; y así, unidas, éramos invencibles.
Pero, como dije, la felicidad no dura más de un par de minutos, unos segundos de perfección y luego todo termina. Empezó como un dolor de cabeza, que se fue extendiendo e incrementando a cada segundo.
-¿Mi amor?
La voz de Yulia sonaba lejana y yo no pude hacer nada más que apretar los ojos y asustarme. “No, no ahora, por favor. Faltan dos días, aguanta un poco más”, pensé tratando de alejar esa sensación lo más lejos de mí. Pero como dijo mi padre apenas unos días antes “Las cosas nunca salen como uno quiere”. Iván me sujetó antes de que cayera al suelo, y yo no podía escuchar bien lo que decían por el zumbido en mis oídos.
Yulia me sujetaba de las manos y yo solo traté de concentrarme en sus labios moviéndose para descifrar lo que intentaba decirme.
-Por favor mi amor, quédate conmigo.
-Yulia, mi bebé- traté de decirle, pero creo que sólo pude balbucear antes de que todo se quedara a oscuras de nuevo.
-No Katina, si te mueres te juro que te mataré- escuché la voz de Olga mientras me subían a la ambulancia, pero mis parpados estaban totalmente sellados.
Desperté en el hospital minutos después, una enfermera cortó mi ropa justo por la mitad dejándome completamente desnuda. La cabeza esta a punto de estallarme, me dolía como nunca antes, y pensé que aquel era el final, que el futuro que había planeado se desvanecía frente a mí. Y me dolió, me dolió no saber si podría cumplir mi promesa de casarme con Yul, que mi hijo, si lograba sobrevivir, no crecería con su madre. Me dolió pensar en todas las cosas que me perdería. Pero tenía la certeza de que Yulia estaría ahí para nuestro hijo, que Iván lo protegería de cualquier cosa y con esa idea traté de tranquilizarme.
-Mi amor- Escuché la voz de Yulia a un lado. -Aquí estamos- Dijo sujetando mi mano.
Supe que estábamos en el quirófano por el traje quirúrgico que vestía mi novia. Iván estaba parado detrás de ella atento a todo lo que los médicos hacían. Con las últimas fuerzas que me quedaban llevé una mano hasta la mascarilla de oxigeno y la hice a un lado. Busqué las mejores palabras para decir, pero sólo encontré un par para demostrarle cuánto la maba.
-Sí, acepto.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, y comprendió de inmediato que me estaba despidiendo. Negó con la cabeza tratando de contener el llanto, y ambas supimos que por más que me pidiera que me quedara y aguantara ya no estaba en nuestras manos. Respiró profundo y después de unos segundos se levantó mirándome con todo el amor que sentía por mí.
-Sí, acepto- respondió tan bajito que apenas pude escucharla.
Sonreí, ella me besó y yo intenté corresponderle lo mejor que pude, sentí sus labios con el salado sabor de sus lágrimas en ellos. Cuando se alejó volví a colocar la mascarilla en mi nariz y respiré profundo. No sentía nada, mi cuerpo estaba adormecido, el médico me pedía que no me durmiera, pero el cansancio me vencía a cada segundo un poco más. Traté de aguantar, de que mis ojos no se cerraran, pero cada vez me resultaba más imposible lograrlo. No sentí dolor, pero si fui conciente de los movimientos de los cirujanos en mi abdomen, me estaban abriendo, intentando sacar lo más rápido posible a mi bebé. Mi corazón latía muy rápido y traté de pensar en todas las cosas que mi hijo tendría en su futuro para tranquilizarme, pero el miedo de no poder verlas me dolió. Momentos después el corazón se me hincho de felicidad al escuchar aquel llanto. Mi pequeño estaba ahí, lo había logrado. Las lágrimas escurrieron por mis mejillas y por fin respiré tranquila. Lo logré, mantuve a salvo a mi bebé.
-Es una hermosa niña- dijo una de las enfermeras, mientras me la enseñaba.
Nunca en la vida me había sentido tan orgullosa como en aquel momento. Mi hija era hermosa, sus ojitos cerrados con fuerza, su cuerpecito pequeñito todo sonrojado, y sus manos apretaditas. Perfecta. Junté todas las fuerzas que me quedaban para soltar una oración.
-Te amo.
Luego todo se pagó.
FIN
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Mensaje por D´VolKat » Jue 19 Ene 2017 22:03

:shock: Por favor dime que si hay un epilogo, después de todo lo que han luchado para estar juntas...

Por otra parte, felicitaciones, ha sido uno de los mejores fics que he leído.
.neo. Nas Ne Dogonyat

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Mensaje por NaB » Jue 19 Ene 2017 22:29

Sí, si hay epílogo. Aunque sigue por el mismo camino
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Re: Máscaras // Por: NaB

Mensaje por NaB » Mié 01 Feb 2017 21:39

EPÍLOGO

-Todo estará bien, no tengas miedo.

Su voz era un sedante en medio del dolor, pero la piel se me erizaba al descifrar el significado de estarlo escuchando.

-Tiene fiebre, agreguen una ampolleta de metamizol...

Susurros esparcidos en el aire, voces desconocidas y otras que me llamaban a mantenerme despierta, pero estaba tan cansada que solo deseaba dejarme ir.

-Ven conmigo hija- me dijo mi abuelo parado junto a mi cama.

Yulia estaba sentada en un rincón sosteniendo algo entre sus brazos, mientras intentaba limpiar sus lágrimas inútilmente. Todo estaba en penumbra, apenas lograba distinguir el contorno de su rostro y la seguridad de que nuevamente yo era la causa de su dolor me estrujó el corazón. Quería acercarme a ella, tomarla entre mis brazos y asegurarle que nunca más le haría daño, que cuidaría de ella por el resto de su vida. Pero mi abuelo se interpuso entre nosotras bloqueando mi camino hasta ella.

-Ven- dijo con la voz cargada de ternura, haciéndome sentir una inmensa paz en mi interior.

Salimos de la habitación y me encontré con los pasillos del hospital totalmente vacíos. Mis pies seguía caminando con seguridad, como si ellos supieran a dónde me llevaba mi abuelo quien seguía tirando de mi mano con firmeza. Llegamos a otra habitación, con las paredes y las vitrinas pintadas de blanco, en el centro de la habitación encontré una mesa metálica ocupada por un cuerpo cubierto con una sábana. Mi abuelo se paró a una lado de esta y me miró fijamente incitándome a levantar la tela y descubrir el cadáver entre nosotros. Mi mano tembló al acercarse, pero en un gesto de valentía arranqué la cortina blanca para descubrirme debajo de esta. Mi piel lucía pálida, mis labios estaban azulados y no había ningún rastro de vida en mi cuerpo, no respiraba, mi corazón no palpitaba, estaba muerta. Pero al mismo tiempo sentía que esa persona ya no era yo, como si tan sólo se tratase de una muñeca en tamaño real.

Mi abuelito estiró su mano hacia mí invitándome a acompañarlo. Dudé por un segundo, tratando de recordar algo que sabía era importante, pero mi mente estaba nublada, ni siquiera recordaba como había llegado hasta ahí, no entendía que estaba pasando, como si una cortina negra me impidiera acceder a mis recuerdos, pero, sentía tanta tranquilidad que me dejé llevar por él.

Tomé su mano y sentí la brisa golpear contra mi rostro, la misma sensación que tienes cuando estar parado frente al mar y las olas chocan en la arena justo frente a ti. Apenas parpadeé cuando todo desapareció, la mesa, las paredes blancas, mi cuerpo, todo se esfumó en un segundo dejándome en completa oscuridad.

Una luz brotó de algún lugar entre la penumbra, era cálida y pequeñita, pero poco a poco su luz se fue expandiendo hasta que fui consciente de dónde estaba. Una iglesia, con veladoras y hermosas flores blancas por todas partes, la luz de afuera se colaba por los vitrales escurriéndose con un tinte rojo a mi alrededor. De nuevo mis pies me llevaron hasta un pasillo donde varias personas caminaban hacia una misma dirección. Mi papá, mis hermanos, Vladislav, Vladimir y Vitya cargaban con una pesada caja de madera mientras el resto los seguía de cerca.

-¿Qué sucede?- le pregunté a mi abuelito que lucía cada vez más preocupado.

Él se detuvo a mi lado y me señaló en la dirección opuesta a mi mirada, pero no llegué a ver lo que él quería, mis ojos se detuvieron en un figura sentada a un costado de aquella caja; vestida toda de negro, parecía más una sombra que una persona, y mi corazón se encogió al reconocerla. Sus hombros estaban caídos y se estremecían en medida que los sollozos se escapaban de sus labios. Sin dudarlo me acerqué. De nuevo tenía ese bulto entre sus brazos que le impedía limpiarse las lágrimas apropiadamente.

-Mi amor...

Mi abuelito me sujetó del brazo y negó con la cabeza, volvió a señalar hacía el frente donde Iván se ajustaba la corbata y trataba de no llorar.

-Ella fue la persona más increíble que tuve el placer de conocer, me dio el regalo más hermoso en la vida, sólo puedo decirte gracias, por esos años maravillosos que me dejaste estar a tu lado, gracias por darme la oportunidad...

Las piernas me fallaron, se volvieron gelatina y sentí que me estaba hundiendo. Iván lloraba desconsolado, peleando contra su propia voz para que esta se mantuviera audible, pero lo más aterrador del panorama no era el dolor del que una vez fue mi novio, si no la fotografía que posaba junto a él, mirándome fijamente, como si pudiera observarme, como si estuviera analizando mis movimientos pero al mismo tiempo se mantenía estática como se suponía debía estar. Me encontré con mi mirada como si se tratara de un espejo. Me acerqué lentamente, con las piernas temblando, pero la curiosidad era más poderosa. "No, no puede ser."

El féretro era de madera oscura, con detalles dorados en las agarraderas y las esquinas; con el cristal perfectamente pulido, y por dentro revestido de satén blanco, enmarcando con elegancia mi cuerpo. Alguien se había encargado de maquillarme para disimular mi palidez, mis labios estaban teñidos de rojo, mi cabello perfectamente peinado y lucía un vestido blanco con incrustaciones plateadas, digno de la reunión más importante de mi vida; mi rostro reflejaba tanta paz que parecía que tan sólo me había quedado dormida con un hermoso vestido puesto.

-¿Qué esta sucediendo?- le pregunté a mi abuelito quien me había seguido y se había colocado en mi espalda como un guardián.

-Es tu despedida.

-¿Morí?.

-Ayer. Ven, aún tienes mucho que ver.

Volvió a estirar su mano hacia mí y esta vez dudé un poco más en tomarla; ya no estaba segura de querer "ver" algo más, pero sus ojos trasmitían una confianza que era imposible de ignorar. Me acerqué a tomar su mano y él fue quien acortó la distancia entre nuestros miembros arrebatándome de nuevo de ese lugar.

De nuevo era una iglesia, de nuevo las veladoras y las flores blancas, pero no habían vestidos negros. La gente pasaba a mi alrededor sonriendo como sombras de colores, borrosas y desdibujadas en el aire, sin ser consciente de que yo estaba ahí observándolas.

-¿Es una boda?- le pregunté a mi acompañante mientras veía a la novia de espaldas siendo felicitada por el resto de los invitados.

Pero la respuesta no la obtuve de él.

-Vamos a despedirnos antes de que se marchen- escuché una voz a un costado.

No necesitaba esforzarme en distinguir de quien se trataba, su voz era inconfundible con ese toque de arrogancia y determinación.

-¿No iremos a la recepción?. No me puse este vestido para no ir.

-No quiero ir, es más, no sé como me convenciste de estar aquí.

-Es nuestra amiga Olga, tenemos que estar con ella.

La novia se dio vuelta quedando frente a nuestras amigas y yo no pude evitar sonreír. Era a la única que podía ver nítidamente y su belleza me dejó sin palabras, se veía tan hermosa con ese vestido blanco, maquillada con ligereza y elegancia resaltando los hermosos ojos que me volvían loca. Su cabello negro, largo y suelto te invitaban a acariciarlo para comprobar si era tan suave como parecía. Y sus labios, esos labios que yo había probado una infinidad de veces te incitaban a morderlos con devoción.

-Es nuestra boda- afirmé –Me casé con ella.

Estaba segura de que en algún lugar de mi memoria estaba el recuerdo de decirle el "Sí, acepto", y en ese momento Yulia era la encarnación de todas mis fantasías. El vestido era tal cual lo había imaginado, sencillo pero elegante, pegado a su cintura, con la espalda y sus hombros descubiertos. No existía duda de ello, era la única posibilidad, o al menos eso creía.

-No se supone que debería ser así, no se suponía... - dijo Olga llamando mi atención de nuevo.

-¿Qué no debería ser así? No entiendo. – susurré buscando una respuesta que tardaba en llegar.

Yulia se acercó y Marishka de inmediato abrió los brazos para recibirla en un caluroso abrazo.

-Te deseo lo mejor.

-Muchas gracias.- respondió mi novia con una sonrisa en sus labios, pero esa sonrisa no llegaba a trasmitirse en su mirada.

Algo andaba mal, algo estaba incorrecto con todo eso y no lograba descifrar qué era.

-¿Olga?- preguntó mi amada acercándose a nuestra amiga quien se había cruzado de brazos demostrando su incomodidad.

-Lo siento Yul, pero no entiendo esto.

-Lo sé, pero créeme, estoy tan feliz como podría estarlo después de ella.

-Se suponía que te casaras con ella, se suponía que yo haría bromas con estarte esperándote afuera de la iglesia con el auto encendido, y tú me golpearías diciendo que no dudabas ni un segundo que ella era la indicada.

-¡Ella ya no está!- gritó Yulia llamando la atención de los invitados que estaban cerca de nosotras. –Elena se murió, ya, se murió.

El corazón se volvió a encoger dentro de mi pecho y sentí un vacío en mi estómago. Estaba muerta. Esa no era mi boda. Yulia se había casado con alguien que no era yo. Y estaba dolida. Su voz estaba cargada con rencor y sufrimiento, tan desgarrador que cerré los ojos deseando desaparecer y no saber más, pero un nuevo golpe llegó cuando vi a alguien más acercarse a tomar su mano.

-¡No!, ¡No, esto no es posible!- grité con todas mis fuerzas. –No con él, ¿Yulia, por qué con él?.

No me di cuenta en que momento comencé a llorar, todo estaba mal, todo era un grave error, yo no podía estar muerta, no podía; Yulia no podía casarse con él, tenía que casarse conmigo, y sólo conmigo.

-Ya no quiero ver esto- le supliqué a mi abuelito quien se mantenía oculto entre las sombras de la iglesia.

-Ya no quiero ver más.

Pero de nuevo no respondió. Los invitados salieron de la iglesia arrastrándome con ellos. Yulia e Iván hicieron señas para despedirse, mientras alguien más los esperaba dentro del auto blanco con el letrero de "recién casados" colgado en la defensa trasera.

-¡No!.

Traté de acercarme a mi Yul, intenté colarme entre la gente, pero cada vez me costaba más trabajo dar un paso cerca de ella.

-No, mi amor, regresa. No te puedes ir con él. Yulia...¡Yulia!.- Grité dejándome caer sobre el pavimento mientras el auto se alejaba llevándose consigo al amor de mi vida.

Mi abuelito se paró detrás de mí y me tomó el hombro.

-Vamos, aún queda un largo camino.

Traté de levantarme y él estiro de nuevo su mano ofreciéndomela.

-No, por favor, ya no quiero ver más. Ya no puedo.

-Vamos hija, debemos darnos prisa.

Antes de poder volver a negarme él ya me había sujetado de la mano arrastrándome de nuevo.

Los pájaros cantaban desde las copas de los árboles, era un día soleado y yo tuve que cerrar los ojos para no cegarme con la luz. El pasto era de un verde brillante y un par de mariposas volaban tranquilamente entre las flores, era un lugar agradable, lleno de paz y tranquilidad. El aire estaba cargado con el aroma de la tierra, la luz se colaba entre las ramas creando cortinas luminiscentes por todo el espacio. Nunca había estado en un lugar tan agradable, me llené con esa paz, disfrutando del viento que mecía a los árboles, escuchando a las aves, sintiendo el pasto debajo de mis pies. Un sollozo llamó mi atención y antes de pensarlo ya estaba caminando hacia ese lugar. Su cabello negro había vuelto a ser corto, habían un par de canas que se negaban a dejar que el tinte negro permaneciera en ellas, y un par de arrugas se formaban a los costados de sus ojos, pero seguía siendo tan hermosa como la primera vez que la vi. Estaba hincada frente a una lápida gris, un ramo de rosas rojas descansaba frente a ella. "Elena Katina. Amada esposa, hija y amiga" decía la inscripción sobre la piedra.

-Lamento no haber venido antes, Olga me regaña, dice que cada vez que viene trae un ramo de rosas en mi nombre, y que debería ser yo quien las trae; pero, aún me duele mucho mi amor, aun siento que fue ayer cuando te marchaste y te juro cada día lucho con todas mis fuerzas para no romperme. Han pasado muchas cosas desde que te fuiste, y quizá me vea tonta, pero quiero contártelas.

No podía creer que ya no existiera, y me seguía doliendo la idea de que ella había compartido su vida con Iván, pero la curiosidad de saber lo que sucedió en mi ausencia me mantuvo expectante mientras ella trataba de contener sus lágrimas. Me senté a su lado tratando de mantenerme cerca para poderla escuchar.

-Vitya conoció a un chico y vive con él desde hace unos años, dentro de poco va a casarse, soy el "padrino" así que tendré que usar traje.

Sonrío imaginándome lo hermosa que se verá y lo divertido que será romper con los estándares sociales de las bodas.

-Vlad ya va por el segundo matrimonio, el primero fue con tu amiga Ana, pero no resultó, tienen un hijo, y siguen siendo buenos amigos, pero son más felices así, cada uno por su lado. ¡Oh! tu amiga Jenny vino hace poco de visita, ella y Will ya tienen tres hijos, me agradan, aunque no te voy a mentir, me puse celosa cuando leí en tu diario que él estaba interesado en ti.

Mi diario, el único que conocía mis más grandes secretos, donde describí la inocencia e intensidad con las que me enamoré de ella, donde plasmé cada detalle del sufrimiento que la hice pasar, mis años como estudiante en Londres y el maravilloso reencuentro que tuvimos, todo estaba ahí.

-Olga y Marishka siguen juntas como ya sabrás, después de tu muerte dejaron de perder el tiempo y por fin lograron perdonarse. Mari le tatuó a Olga "propiedad de Marishka" una noche en la que ambas se emborracharon, aunque Olga se enojó al principio ahora lo luce con orgullo. Creo que nuestras amigas son felices Len; pero yo no puedo evitar sentir un poquito de envidia cuando las veo juntas. Creo que así debió de seguir nuestra historia mi vida, haciendo tonterías por demostrarnos cuanto nos amamos, pero no pudimos...

Mi corazón se encogió al ver su tristeza, y me dieron unas enormes ganas de acariciarla tal como ella recorrió con sus dedos mi epitafio.

-Nunca nos casamos, nunca pude verte vestida de blanco esperándome frente al altar, pero aquel "Sí, acepto" que nos dimos en el quirófano fue más que suficiente para considerarte mi esposa, y nadie se opuso cuando pedí que se agregara aquel término aquí, porque para mí fuiste, eres y seguirás siendo la única mi amor.

Cierro los ojos al escuchar aquello y no puedo evitar que una pequeña partícula de rencor se forme en mi pecho. No, no siempre fui la única.

-Tus papás están bien, aunque te extrañan muchísimo, como nosotros, de vez en cuando pasamos a visitarlos, tu papá aún esta molesto conmigo por lo de Iván, pero sé que si estas mirándome lo entenderás. Al principio comenzamos a vivir juntos para hacer mejor nuestro papel, pero poco a poco el cariño que nos teníamos creció y hace unos años nos casamos. No por que nos amáramos, creo que ambos nos quedamos sin la capacidad de amar a alguien más que no fueras tú, pero, tu pérdida nos destruyó a ambos y creo que estando juntos fue más fácil sobrevivir. A veces discutimos, pero no creo haber encontrado mejor compañía que la de él. Y lo quiero, lo quiero mucho Lena, pero nunca podrá ocupar tu lugar, eso te lo aseguro mi amor.

Quise responderle, quise tocarla con mis dedos y que pudiera sentir que estaba ahí junto a ella, quise trasmitirle todo el amor que sentía por medio de una caricia pero una voz acercándose a nosotros me lo impidió exaltando cada fibra de mi ser.

-¡Mamá!.

La chica lucía triste, sujetaba entre sus manos aquel libro azul que yo conocía bien, su cabello rojo resplandecía con el toque de la luz de sol, sus ojos eran tan azules como el cielo encima de nosotras, y sus labios se apretaban tratando de sonreír.

-Gracias por dármelo mamá.- Dijo estirando el libro hacia Yulia.

-De nada- respondió ella con una sonrisa en sus labios mientras acunaba el libro entre sus brazos.

-¿Quién es?- le pregunté a mi abuelo que seguía de cerca mis pasos sin interrumpir.

-No lo sé, creo que eso tú deberías responderlo.

-La conozco, siento que la conozco, pero nunca la había visto en mi vida.

-¿Eso crees?.

-Es hora de irnos- dijo Iván acercándose a nosotras. –Vamos cariño.

Tomó la mano de la chica y dejó un suave beso en la cabeza de Yulia. No pude evitar que los celos me invadieran, debería ser yo quien besaba la frente de Yulia, debería ser yo quien las llevara a casa, la que cene en la misma mesa que ellas, la que duerma al lado de Yul, y la que tome la mano de aquella joven de manera protectora, no él.

-Enseguida los alcanzo, denme sólo unos minutos.- respondió Yulia y el aire regresó a mis pulmones al pensar que tendría un poco más de tiempo para resolver mi dudas, y sobre todo para estar al lado de la mujer que amo.

La chica asiente y se aleja con Iván. Algo se mueve en mi interior, un impulso de acercarme a ella y evitar que se marche, de exigir las respuestas que no encuentro dentro de mi cabeza; pero Yulia vuelve a acomodarse frente a mi tumba y sigue hablando.

-Le pusimos Elena a nuestra pequeña, como tú.

Elena. Elena. Esa chica llevaba mi nombre, y se parecía tanto a mí que por un momento me vi a mí misma tropezando con una chica rubia en el pasillo de la preparatoria.

-Y no te imaginas lo maravilloso que fue verla crecer, parecía un milagro, cada vez que abría sus ojos enormes yo sabía que acababa de descubrir algo nuevo. Cuando aprendió a caminar yo no quería perderme ni uno solo de sus pasos, le enseñé a andar en bicicleta, a patinar. Le gusta la música tanto como a nosotras, dice que de grande quiere ser cantante, y creo que lo logrará, tiene una voz preciosa mi amor, como la tuya. Se parece tanto a ti, es una niña increíble, tan llena de vida, romántica, aunque también es tan necia como tú o un poquito más. Le enseñé a tocar el piano, y también es muy buena, aunque no es fanática de la música clásica y prefiere el rock, pero creo que sigue tocando el piano por darme gusto.

Tenía miles de ideas formándose en mi cabeza, pero eran como si estuvieran en un lenguaje extraño y no pudiera descifrarlas, como si algo me negara el acceso a mis propios recuerdos.

-Traté de escribir lo mejor que pude el último capitulo, para ella, para nuestra hija, para que supiera cuanto la amaste, y seguramente cuanto la sigues amando. Te extraño...- La voz se le quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas. –Te extraño mucho, cada día me haces más falta, y algunas veces me siento una mierda por ocupar tu lugar con nuestra hija mi vida, pero tengo que seguir adelante, por ella mi amor. Estarías orgullosa de ella y espero que también estés orgullosa de mí, estoy haciendo lo mejor que puedo y lo seguiré haciendo, lo prometo. Te lo prometo mi amor. Te amo pecas- dice como despedida. –Nunca dejaré de amarte mi amor.

-Yo también te amo Yul, te amo.- respondí pero ella no fue capaz de escucharme, al menos no con sus oídos, pero se llevó la mano al corazón sintiendo mis palabras. Dejó un beso en mi tumba y se marchó hacia donde estaba su familia.

-¡Mamá!- gritó la chica desde el auto y mi atención volvió a fijarse en ella.

-Ya voy.- respondió Yulia caminando en su dirección.

Muy dentro de mí lo sabía, pero me costaba hacer la conexión entre las palabras de Yulia y la imagen de esa chica.

-Es parte de mí, es...

-¿Si?- preguntó mi abuelo acercándose.

-Es mi Elena. Es... mi bebé.

De pronto una marea me arrastró de un lado a otro, revolcándome entre olas de recuerdos, de una vida en la que yo ya no estaba presente. La primera vez que abrió sus preciosos ojos entre los brazos de mi Yulia, sus primeros pasitos acercándose con determinación hasta su madre que la esperaba con los brazos abiertos y a su padre resguardándola desde atrás por si algo salía mal y resbalaba. Su primer beso con un compañero de la escuela, su deditos tocando el piano con mi Yulia como instructora a su lado. La primera vez que se enamoró, cuando le rompieron el corazón y Yulia la acunó entre sus brazos hasta que se quedó dormida. Su sonrisa al salir de la iglesia al lado de su esposo. Las lágrimas de felicidad cuando tuvo a su primer hijo entre sus brazos, la llegada del segundo con su esposo desmayando por el impacto, los besos que le daba a mi fotografía cada vez que se acordaba de mí, las navidades en familia, todo lo que ella vivió y yo me perdí con siempre una constante a su lado: mi Yulia. Los golpes de las memorias se detuvieron dejándome quieta en ese lugar. Las paredes estaban llenas de fotografías de esos momento, la chimenea calentaba el ambiente mientras la madera tronaba con el fuego, y ahí, en medio de eso, estaba el amor de mi vida, esperándome. Su cabello era totalmente blanco, sus manos llenas de arrugas ya no eran tan hábiles para tocar el piano, y sus hermosos ojos estaban cubiertos por una nube blanca que menguaba su visión. Me acerqué lentamente a ella. Mi amor.

-¿Lena?.

Me llamó con la voz ronca, estirando si mano hacia donde yo estaba. Me sorprendió que aun con la nube blanca en sus ojos supiera dónde estaba, que pudiera verme y pudiera saber que estaba ahí.

-Aquí estoy mi vida- Respondí tratando de que la voz sonara tranquila, aunque en mi interior había mucha tristeza por todo aquello que me hubiera gustado compartir a su lado.

-Te extrañé muchísimo.

-Y yo a ti mi amor.

Tomé su mano entre las mías y deposité un dulce beso sobre ella.

-¿Has venido por mí?

-No lo sé, no estoy segura.

Ella soltó un suspiro y se recargó en el sillón, aquel que una vez fue de mi abuelo, el cual ocupaba yo para pensar y que tiempo después se convirtió en el santuario de Yul.

-Ya estoy cansada.

-Lo sé mi amor.

-Te amo Lena.

El corazón se me estrujó y comencé a llorar.

-Esto no por favor, no, no puedo ver esto. Me duele.

Mi abuelito se acercó y me tomó del hombro.

-Vamos.

-No por favor, no puedo, ella no. Por favor te lo suplico, ella no.

Mi llanto se hizo más fuerte a medida que veía que la respiración de mi amada comenzaba a disminuir.

-No por favor, ¡has algo!.

-Lena, es tiempo.

-No abuelito, no quiero esto. Por favor, no quiero esto. ¡Mi Yulia...!¡Mi hija!

De pronto escuché el llanto de un bebé y el corazón se me estrujó. Mi hija, mi Elena me necesitaba.

-Lena...

-Lena, despierta.

- Tienes que despertar.

-Tienes que despertar.

Su voz se mezclaba con la de mi amada en el sofá, ambos gritándome que despertara una y otra vez.

Junté todas mis fuerzas, gritando por dentro para que alguien me escuchara. "Debo despertar, no puede terminar así, por favor".

Las cortinas apenas era capaces de filtrar el mar de luz que me cegó por un momento; parpadeé un par de veces tratando de acostumbrarme a ella pero los ojos me ardían y los dejé cerrados.

-Yulia- susurré bajito.

La chica a mi lado saltó de la impresión al escuchar mi voz y sostuvo con mayor fuerza aquel pequeño cuerpecito entre sus brazos para no dejarla caer.

-¿Amor?. –Me llamó con incredulidad.

Se acercó con cautela hasta la cama, y sentí su cuerpo inclinarse sobre mí.

-Te amo.- volví a susurrar.

-¡Oh por Dios!. Mi vida, despertaste.



-Tardé tres días en encontrar mi camino de regreso hasta tu madre, pero al final lo logré. Y sus ojos llenos de lágrimas junto con la sonrisa en su rostro fue lo más hermoso que pude haber visto hasta el momento en que por fin pude tenerte entre mis brazos. Eras tan pequeñita y hermosa, con tu cuerpecito todo sonrojado y tus ojitos apretados que no sé cómo cupo tanta felicidad dentro de mí. Lloré de alegría la primera vez que te sostuve así. Y créeme que tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida, por ti fue que regresé, por ti fue que luché con todas mis fuerzas para despertar, porque te escuché llorar, y supe que me necesitabas tanto como yo a ti.

La vida no ha sido muy fácil desde entonces, llena de baches y murallas que hemos tenido que cruzar, pero ahí estaba yo, disfrutando cada instante que tenía, apreciándolo realmente, agradecida por la oportunidad que tuve de reescribir nuestra historia. Después de despertar todo mejoró. Yulia y yo nos casamos y todo fue como yo lo había soñado, solo que esta vez sí fui yo la que estaba a su lado. Mis padres nos regalaron la hermosa casa donde compartimos nuestra vida desde entonces, y aunque no pudimos irnos de luna de miel si disfrutamos de unas semanas perdidas en nuestro mundo. No pudimos tener mas hijos, aunque lo intentamos un sin fin de veces terminamos por aceptar que solo seríamos tres, bueno, tres y el resto de la familia, eso era lo mejor de todo, siempre estuvimos unidos, enfrentando cualquier obstáculo. Muchas de las cosas que "soñé" se hicieron realidad, y hasta me gané el título de profeta por parte de nuestros amigos. Iván siempre estuvo al pendiente de nuestra hija, se casó y tuvo dos hijos que adoran a su hermana mayor, quien ya había dejado de ser una niña para personificar a una adolescente enojada con el mundo que la criticaba por tener dos mamás, y aunque a veces me preocupaba que lastimaran a mi hija por que su madre compartía su vida con otra mujer, ella siempre me sorprendía con su valentía, y nos defendía orgullosa de ello. Yo pensaba que me amaba, y eso era lo más importante, hasta que hace algunas horas me había gritado con rabia que me odiaba, que prefería irse a vivir con su papá destrozándome por completo. Un estúpido le rompió el corazón y su pretexto para hacerlo fue que provenía de una familia homoparental. Yulia se había ganado su confianza y había veces en las que me sentía celosa de la relación que llevaban, pero mi esposa siempre me calmaba diciendo que su papel era el de la policía buena que saca información y el mío el de la policía mala que regaña, y así éramos un equipo indestructible contra la adolescencia. Sin embargo cuando nuestra hija corrió hasta su habitación fue la propia Yulia la que insistió que era mi turno de hablar con ella. Y, al ver la seguridad con la que mi hija afirmaba que yo no la quería decidí que era momento de contarle mi historia, la historia de cómo había llegado a mí, la historia de cómo ella, sin saberlo y siendo tan solo una bebé, me había salvado la vida.

-Perdóname mamá.- Dice mi hija volviendo a refugiarse entre mis brazos.

Unas lágrimas escurren por mis mejillas mientras la sostengo como aquella primera vez. Ya ni siquiera recuerdo la tontería por la que habíamos peleado, ni me importa la cantidad de cosas que había destrozado contra la puerta antes de dejarme entrar. Mi pequeña estaba entre mis brazos arrepentida de las palabras hirientes que había soltado y se aferraba a mi cuerpo con desesperación.

-Te quiero mucho, lo siento, de verdad.

-Lo sé. Tranquila, ya pasó.

Levanto la mirada y me topo con la de mi esposa que nos observaba con atención. Sus hermosos ojos dejan escapar un par de lágrimas al vernos abrazadas y sin necesidad de recibir una invitación se acerca a nosotras rodeándonos con sus brazos mientras sonríe.

-Las amo- dice con la voz cargada de dulzura.

Nuestra hija se cuelga de ella mientras me sostiene con su otro brazo y nos regala esa sonrisa que ilumina al mundo.

-Yo también las amo, son las mejores mamás de todo el mundo.

No puedo evitar reír ante su cambio de parecer, pero mi corazón vuelve a llenarse de esa paz que sólo siento al estar junto a esas dos mujeres que hacen felices mis días.

-De todas formas estas castigada. No saldrás de vacaciones con tu papá y será mejor que recojas todo esto antes de la cena, si no quieres que te quite las llaves del auto- sentencia mi esposa con determinación.

Pero mi hija y yo no podemos contener la risa al verla en su papel de la policía mala que no le queda para. Ella me mira dolida, pero termina riendo junto con nosotras aunque trata de disimularlo.

-Vamos a cenar, tengo hambre.- dice mi hija sin prestar atención a la sentencia de su madre.

-¿China o italiana?- preguntó siguiéndole la corriente.

-Pizza, yo llamo para pedirla.

Y antes de que Yulia pudiera decir algo nuestra hija se escapa de nuevo dejándonos solas en la habitación.

-Luego no te quejes cuando te toca ser la mala. La castigo y sólo obtengo burlas por parte de ustedes dos- dice levantándose y tratando de llegar hasta la puerta, pero me apresuro y la detengo jalándola contra mí.

-Es que no puedes, te falta un poquito más de seguridad cuando la castigas- digo mientras la envuelvo entre mis brazos. –No puedes ser la mala, por que tienes el corazón mas bueno que hay en este mundo.

-Ah no, no me vas a engatusar con tus palabras bonitas Katina. Si no esta limpio esto antes de cenar dormirás en el sofá.

Quizá no sea capaz de castigar a nuestra hija, pero conmigo era otra historia, y dormir en el sofá no es algo a lo que aspiro esta noche.

-No dormiré en el sofá, ¿y sabes por qué?- pregunto acercándome a sus labios.

-¿Por qué?.

-Por que me muero de ganas de hacerte el amor hasta que salga el sol mañana.

Ella sonríe y se que quiere lo mismo que yo. Me derrito al sentir sus labios sobre los míos y suelto un suspiro cuando se aleja sin darme más que un pequeño roce.

-Entonces ponte a limpiar y ya veremos si tienes suerte.

-Yul- la llamo evitando de nuevo que salga por la puerta. –Gracias.

Ella me mira con intriga levantando ligeramente una de sus cejas y dejando que las pequeñas arrugas que tanto detesta se formen en sus ojos.

-¿Por qué me agradeces exactamente?.

Su mano sostiene la puerta de madera indecisa en seguir su camino o quedarse a mi lado.

-Por haber chocado conmigo, por haberme esperado, por aguantar a mi lado y sobre todo por amarme como lo haces. No sé que hubiera hecho sin ti. Y créeme que mi vida ha sido tal cual la quería, contigo a mi lado no puedo desear nada más. Eres el amor de mi vida...

No puedo seguir hablando porque ella corre desde la puerta y se lanza a mis brazos, chocando sus labios contra los míos.

-No puedo contigo- dice mientras sus brazos trepan hasta instalarse en mi cuello.

-Te amo- le digo mirándola a los ojos y sonrío al encontrar su mirada cargada de ese mismo sentimiento.

-Yo también te amo pecas. Y amo cada parte de ti.

La sostengo por la cintura y me acerco de nuevo a besarla. Su labio inferior queda atrapado entre los míos, y ella suelta un gemido mientras abre la boca para permitir que mi lengua se cuele dentro de ella.

-Consigan un hotel, o al menos no lo hagan en mi recamara. ¡Por Dios!, soy su hija y ni mi cama respetan; para eso tienen su habitación- Dice nuestra pequeña que viene cargada con una bolsa de basura y una escoba.

Yulia y yo estallamos en carcajadas nos volvemos a besar ocasionando que ella suelte un resoplido de frustración. Y sí, mi vida no puede ser mejor, tengo todo lo que quiero. Tengo a Yulia y a nuestra hija a mi lado, y con ellas no necesito ninguna máscara, con ellas puedo ser yo misma, y no necesito más.
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Hi everyone!!! Pues hasta aquí llega esta historia. Gracias a los que esperaron toda una vida por este final, espero les guste. Siempre suya NaB
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t.A.T.u. mas que un grupo... una revolución!!!!!!!!

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Re: Máscaras // Por: NaB

Mensaje por supremo07 » Jue 02 Feb 2017 20:00

Tienes una gran historia Nab, me costo mucho trabajo reencontrar el blog pero tanto la búsqueda como la espera valio la pena, una de las mejores historias que he leído. Gracias y espero algún dia vuelvas a escribir eres muy buena.

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Amblark
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Re: Máscaras // Por: NaB

Mensaje por Amblark » Vie 03 Feb 2017 05:10

¡Muchas gracias por regalarnos esta maravillosa historia Nab! Y, gracias también por la confianza depositada en tATuFics.

Que sigan los éxitos.

Pd. no me molestaría para nada encontrar aquí una nueva historia escrita por ti.

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